miércoles, 28 de diciembre de 2011

Encuentran un negativo escondido de un western de Leone

(Noticia extraida de la web "Sergio Leone Web Boarder").
¿Que puede valer un nuevo western de Leone?
Imposible de saber.
Pues hará como unos meses, un par de italianos encontraron en unos archivos olvidados de Cineccita un negativo, que parece ser que contiene lo que parece ser unos 40 minutos de metraje de un western, rodado en la epoca del spaghetti. Dicho material está sin sonido ni montado, es solo lo rodado.
Pero la noticia saltó cuando, al mirar en los archivos, encontraron el nombre de la película durante el rodaje (que no se sabe cual es), y al lado, el nombre del director; Sergio Leone.
Como es normal, se sabe realmente poco del asunto, ya que el secretismo en Italia sobre el asunto es total, pero la verdad es que sería una gozada poder ver algo de lo rodado por el maestro en "bruto".
Estaremos atentos a la noticia.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Nominación "Los españoles en el western"

El libro "Los españoles en el western", de Juan Grabiel García Cantón ha recibido una nominación para la categoría de Mejor Libro de Cine de los Premios ASECAN 2012.
Le deseamos que logre ganar el premio.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

PECOS Y EL TESORO DE MOCTEZUMA


Pecos y el tesoro de Moctezuma (Pecos è qui: prega e muori )
1967
Italia
Director: Maurizio Lucidi
Reparto: Robert Woods, Luciana Gilli, Enrico Crisa, Ignazio Spalla, Umberto Raho, Piero Vida, Carlo Gaddi, Brigitte Wentzel, Fred Coplan, Luigi Casellato, Poldo Bendandi, Mirella Panfili, Simon Lafitte, Giuseppe Castellano, Elio Angelucci, Fred Coplan, Mauro Mannatrizio, Gino Barbacane, Osiride Peverello
Guión: Fernando di Leo, Adriano Bolzoni, Augusto Caminito
Fotografía: Franco VillaMúsica: Coriolano Gori


Segunda entrega de las andanzas del pistolero mejicano Pecos Martínez filmada tan sólo unos meses después de la estimable “Mi nombre es Pecos” prácticamente por el mismo equipo: el actor principal (Robert Woods), el director (Maurizio Lucidi), el director de fotografía (Franco Villa), Adriano Bolzoni como guionista, al que se sumaron otros dos escritores habituales de este subgénero como son Augusto Caminito (“Los largos días de la venganza”, “El último pistolero”, “Los profesionales del oro”) y Fernando Di Leo (“El retorno de Ringo”, “Joe el implacable”, “Los profesionales del oro”), por lo que se hacen aún más llamativas las grandes diferencias que presenta con el filme original, quedando como únicos nexos de unión entre una y otra el personaje de Pecos, un pistolero, tan rápido como letal con sus colts, de nacionalidad mejicana pero con la mayoría de los atributos del antihéroe propio de este subgénero que, en esta ocasión, se mostrará menos taciturno y más expansivo; y algún guiño a la primera película como cuando se presenta, a lo James Bond, con la frase “Mi nombre es Pecos” o la manera que tiene de acabar con “El Supremo”. Por lo demás, si con la primera nos encontramos con un spaghetti western oscuro, grave y muy violento que gravitaba en torno al tema de la venganza, en esta ocasión asistimos a la típica película de aventuras, más ligera, con ciertos toques de humor generalmente protagonizados por los tres músicos (la presentación de éstos -Pepe, Paco y Pinto- me recordó a los personajes de la película de Walt Disney rodada en 1944 “Los tres caballeros”) y cuyo tema principal es la búsqueda por un grupo de aventureros de un tesoro escondido en la selva mejicana.

SINOPSIS: Antes de morir, el malherido sobreviviente de una masacre perpetrada por los hombres de “El Supremo” (un megalómano asesino que se declara descendiente de Moctezuma y pretende conquistar Méjico) entrega a tres músicos mejicanos el plano de un tesoro. Éstos, junto con el pistolero Pecos al que conocieron en una cantina, marcharán a Texcoco (antigua ciudad del imperio azteca), lugar controlado por “El Supremo” y sus forajidos, en busca del tesoro. La aventura no ha hecho más que comenzar.


Extravagante propuesta basada en la famosa leyenda del tesoro de Moctezuma (algunas fuentes sostienen que permanece todavía enterrado, mientras otras afirman que gran parte del mismo fue saqueado por los conquistadores y perdido en la famosa Noche Triste) que no sólo palidece en comparación con el primer largometraje protagonizado por Pecos al mostrarse, para mí, muy inferior, sino que como filme independiente tampoco funciona debido las carencias mostradas por el guión, la dirección y la ambientación.

Así nos encontramos con un guión decepcionante por proceder de escritores con interesantes libretos en su haber y, sobre todo, delirante, en el que todo vale, desde una banda de forajidos que son la ingenuidad personificada y se dejan engañar fácilmente por nuestro antihéroe hasta la existencia de personajes que no aportan nada a la trama pero están ahí para dar un poco de color, pasando por situaciones absurdas como el hecho de que los pistoleros asesinen a los enviados para efectuar el canje de las mujeres que retienen como rehenes, que el dichoso tesoro se encuentre en la misma pirámide habitada por los bandoleros sin que éstos, que llevan tiempo buscándolo, se hallan dado cuenta o que sea muy secreta su ubicación pero una especie de ermitaño, casualmente gran amigo de Pecos, le indique a éste el lugar exacto en donde se encuentra.

Como aspectos positivos, muy pocos, del guión creo que hay que citar alguna frase afortunada, como la de Pecos en relación con el tesoro, todo un axioma, al señalar que “El dinero es creación del diablo. Por eso hizo las monedas redondas, para que rodarán y la gente tuviera que correr tras ellas”; o la acertada identificación de cada uno de los tres lugartenientes del Supremo con un pecado capital; así, Dago representa la gula, Frenchy personifica la lujuria y Rayo encarna la avaricia; mientras que en “El Supremo” predominan la soberbia y la ira. De esta forma el guión hunde sus raíces en la moral católica.

En cuanto a la dirección por parte de Murizio Lucidi no puede ser más rutinaria y frente al primer filme caracterizada por la preocupación en la planificación de las escenas, así como por su concisión y agilidad, aquí nos encontramos con una dirección más vulgar y con escenas y situaciones de relleno que, tras un correcto comienzo, ralentizan la acción, dando lugar a un filme disparatado y aburrido, en el que además no se les saca ningún partido a los escenarios naturales en donde se desarrolla la acción.

Por último, el tercer elemento que falla estrepitosamente es la ambientación debido fundamentalmente a la escasez presupuestaria, lo que, a diferencia de la primera película en la que se logró solucionar el problema centrando la acción en el pueblo, incide negativamente en la credibilidad de este largometraje que necesariamente requiere más escenarios y dinero. Así, por ejemplo, “El Diablo” y sus hombres viven en una pirámide azteca de dimensiones ridículas que da el cante de estar hecha con cartón piedra, además de encontrarse ubicada en un paraje sin ningún rastro de más vestigios cuando se supone que es la ciudad precolombina de Texcoco; los interiores de la misma cuentan con una decoración paupérrima que queda bastante cutre; y resulta ridículo que “El Diablo” pretenda conquistar Méjico con el dichoso tesoro cuando no dispone de más de veinte hombres.

Tampoco la banda sonora lógicamente de inspiración fronteriza y compuesta, al igual que en su antecesora, por Coriolano Gori es memorable, aunque cuenta con un par de temas, con trompeta solista, aceptables, pero ensombrecidos por el que tocan los tres músicos que se repite cansinamente y me resultó muy pesado.

Por lo que se refiere a los actores, Robert Woods vuelve a interpretar de forma satisfactoria a Pecos, al que se nos presenta tan astuto o más que en la primera película y como un individuo más abierto (incluso se permite el lujo de sonreír en varias ocasiones) en el que parece no quedan rasgos de la tristeza y amargura provocadas por su doloroso pasado. Junto a él Erno Crisa interpreta a un patético Supremo, individuo autoproclamado descendiente de Moctezuma que viste ridículamente con un traje negro y una cinta roja para el pelo, vestimenta más propia de un filme de artes marciales; unos correctos Ignazio Spalla, bajo el nombre de Pedro Sánchez, y Carlo Gaddi, en su debut en este subgénero, como Dago y Frenchy respectivamente, dos de los tres lugartenientes del Supremo; y Umberto Raho, en un papel muy diferente al interpretado en el primer filme, como Pinto, uno de los tres músicos, personaje pretendidamente cómico que no me hizo ninguna gracia,

Por último comentaros que tengo el DVD puesto en circulación por Jenymar en su Serie Texas, que no sólo no respeta el formato original sino que la calidad de la imagen deja mucho que desear. Otra tomadura de pelo de esta casa y van…

En resumen, un intento fallido, para mí, consistente en combinar dos géneros, en principio no tan alejados, como son el spaghetti y las películas de aventuras, debido fundamentalmente a un disparatado guión y a la falta de un presupuesto adecuado necesario para dar mayor veracidad a la historia narrada.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 3

AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 4
ACTORES: 5
MÚSICA: 4

MEDIA: 3,6

lunes, 19 de diciembre de 2011

MI NOMBRE ES PECOS



Mi nombre es Pecos (Pecos è qui: prega e muori )
1967
Italia
Director: Maurizio Lucidi
Reparto: Robert Woods, Luciana Gilli, Enrico Crisa, Ignazio Spalla, Umberto Raho, Piero Vida, Carlo Gaddi, Brigitte Wentzel, Fred Coplan, Luigi Casellato, Poldo Bendandi, Mirella Panfili, Simon Lafitte, Giuseppe Castellano, Elio Angelucci , Fred Coplan, Mauro Mannatrizio, Gino Barbacane, Osiride Peverello
Guión: Fernando di Leo, Adriano Bolzoni, Augusto Caminito
Fotografía:Franco Villa
Müsica: Coriolano Gori

Producción italiana de 1966 que supuso el segundo largometraje, tras haber rodado un “péplum” el año anterior, de Maurice A. Bright, en realidad Maurizio Lucidi, un director con una filmografía no demasiado extensa, con cuatro spaghettis en su haber, y poco relevante que, en esta ocasión, contó como protagonista con Robert Woods, un espigado actor norteamericano “descubierto” por los hermanos Balcázar al que le ofrecieron un contrato para protagonizar varios spaghettis, entre ellos “Los pistoleros de Arizona” y “Viva Carrancho” en los que compartió protagonismo con Fernando Sancho, que se convertiría en una de las presencias recurrentes de este subgénero (protagonizó más de veinte spaghettis en diez años) aunque generalmente en largometrajes de bajo presupuesto. Este hecho quizás pueda explicar su menor popularidad frente a otros actores a pesar de su versatilidad, lo que le llevó a interpretar desde héroes clásicos más propios de los westerns serie b como es el caso de Johnny Blith en “Starblack”, pasando por personajes más ligeros y desenfadados como el de Gregor McGregor en “Siete pistolas para los McGregor” o malvados como el explotador dueño de la mina de “Viva Carrancho”, hasta personajes más graves, en los que para mí estuvo sobresaliente, como el perturbado asesino de “Black Jack”, el alcoholizado pistolero que no puede huir de su pasado de “El puro se sienta, espera y dispara” o el personaje que interpreta en la película que nos ocupa. Además frente a la mayoría de los principales actores de este subgénero que se forjaron un prototipo de antihéroe, como es el caso de, por ejemplo, Franco Nero, por lo menos en sus primeros westerns, y Anthonny Steffen que, siguiendo la escuela de Eastwood, generalmente interpretaron a personajes taciturnos y lacónicos; Giuliano Gemma al que mayormente se le recuerda por sus actuaciones más dinámicas y expansivas, siempre con la sonrisa en los labios; Gianni Garko caracterizado por sus elegantes e irónicos pistoleros; George Hilton que aportó un carácter más desenfadado al antihéroe típico de este subgénero; o Fernando Sancho que generalmente dio vida al prototipo de mejicano dicharachero y excesivo; a Robert Woods, en principio, no se le identifica con ningún estereotipo, lo que creó a larga quizás le perjudicase.

SINOPSIS: Los habitantes de Houston viven aterrorizados por la banda de Joe Clane que ha tomado el pueblo en su intento por recuperar el producto del robo del banco de Laredo, 80.000 dólares, escondido en Houston por un traidor con ayuda de un vecino cuya identidad desconocen. Hasta allí llegará Pecos Martínez, un enigmático pistolero mejicano tan rápido con el revólver como parco en palabras, que tiene una dolorosa cuenta pendiente con Joe. El enfrentamiento será inevitable.



Interesante spaghetti que desarrolla dos subtramas (el intento de recuperar el botín por parte de unos sanguinarios pistoleros que no se detienen ante nada y ante nadie, y el ajuste de cuentas entre Pecos y Joe) presididas por la codicia, la venganza, la violencia y el racismo, y perfectamente entrelazadas gracias a un hábil y esquemático guión del especialista Adriano Bolzoni, aunque escasamente original tanto en las situaciones (cabalgadas, palizas al antihéroe) como en los temas desarrollados, y que es claramente deudor de la película “Django”, desde la primera y sobresaliente escena en la que vemos vagar por un desierto a Pecos cargando con una silla de montar hasta aquella desarrollada en el cementerio en la que vemos la tumba de su familia, pasando por ciertos personajes (el avaricioso predicador recuerda a aquél al que cortaba una oreja el general Rodríguez), el escenario en donde se desarrolla la acción (un pueblo fronterizo con apariencia fantasmal tomado por unos pistoleros) o ciertos guiños como el hecho de que en el pasado al médico le destrozarán las manos como le ocurría al personaje encarnado por Franco Nero.

Como elemento más llamativo de la película nos encontramos con el propio personaje de Pecos, ya que, en una clara inversión de los papeles, nos vamos a encontrar a un mejicano dando vida a un personaje reservado a los estadounidenses. Así, hasta ese momento los personajes de nacionalidad mejicana habían aparecido como grandes terratenientes, humildes campesinos víctima de la violencia estadounidense o de sus propios gobernantes, forajidos o, en el mejor de los casos, como compañero del protagonista; pero aquí nos encontramos con un mejicano que actúa como el típico antihéroe de los spaghettis y presenta la mayoría de sus características.

Al mismo tiempo me ha llamado la atención, quizás también como consecuencia de la influencia de “Django”, la crudeza y violencia de determinadas escenas máxime si tenemos en cuenta el año de su realización. De esta forma veremos arrastrar sin contemplaciones a un individuo que ha recibido varios balazos y se está desangrando, asistiremos a dos intentos de violación, contemplaremos como es asesinado a sangre fría y sin ningún tipo de remordimiento un indefenso personaje al mismo tiempo que es torturada una mujer e, incluso, contemplaremos cómo el protagonista se ensaña con uno de los pistoleros acribillándole a balazos y la forma brutal con la que calma su sed de venganza en la secuencia final; escenas en las que, además, no se nos ahorra la visión de la sangre.

Por lo que respecta a Maurizio Lucidi creo que consigue una película ágil, sin tiempos muertos y en las que las abundantes escenas de tiroteos y peleas no parecen meros rellenos para alargar el filme; además de rodar varias secuencias muy buenas, como la ya mencionada del inicio o aquella en la que varios forajidos golpean al héroe y sitúa la cámara fuera del saloon, por lo que vemos la paliza a través de los cristales satinados. Su trabajo, además, estuvo beneficiado por la gran labor de Franco Villa como director de fotografía.

En cuanto a la banda sonora, compuesta por Coriolano Gori, cuenta con un gran y apropiado tema principal, “The ballad of Pecos” muy bien cantado por Bob Smart pero se trata de una copia descarada del gran éxito de The Animals “The house of the rising sun”. También se puede escuchar repetidas veces otro tema de corte épico bastante aceptable.

Otro de los aspectos sobresalientes es la dirección de actores lo que redunda en las buenas interpretaciones de todos ellos. Robert Woods está impecable como el pistolero mejicano Pecos que se muestra en su venganza tan brutal como los pistoleros con los que quiere acabar. Pier Paolo Capollini, en su única incursión en este subgénero, está muy acertado encarnado a Joe Kline, el despiadado jefe de la banda de forajidos. Umberto Raho está realmente bien en su papel de avaricioso, traicionero y peculiar predicador, mientras que la banda de Kline está interpretada por habituales como Peter Carsten, la mano derecha de aquél, Max Deane, en realidad Massimo Righi o, en sus primeros papeles dentro de este subgénero, George Eastman, cuya enorme presencia física y buen hacer no pasó desapercibido participando a continuación en dos filmes de Ferdinando Baldi y otros dos de Giussepe Vari, y Pietro Maletanza, alias Peter Martell. Estos dos últimos coincidirían, en esta ocasión en roles positivos, en la estimable “Chiakmull”.



Como curiosidades comentaros que el encargado de los decorados fue Demofilo Fidani que al año siguiente debutaría tras la cámara recibiendo el apelativo del Ed Wood del spaghetti, mientras que como cameraman aparece el futuro rey del porno italiano Joe D’Amato.

Por último comentaros que la película gozó del suficiente éxito para unos meses después rodarse una segunda parte de las aventuras de Pecos con, prácticamente, el mismo equipo que se tituló “Pecos y el tesoro de Moctezuma”.

En definitiva, un oscuro, violento y no demasiado conocido euro western que, a pesar de su falta de originalidad y sus evidentes carencias presupuestarias (la mayor parte de la historia se desarrolla en el mismo escenario), creo que no defraudará a los amantes de este subgénero ya que ofrece lo que se espera de un buen spaghetti, además de estar aceptablemente narrado y contar con personajes bien perfilados y creíbles.




PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7

AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 7
ACTORES: 7
MÚSICA: 5

MEDIA: 6,2

sábado, 17 de diciembre de 2011

Muere Alberto de Mendoza

El pasado lunes 12 nos dejaba el actor Alberto de Mendoza en la madrileña Clínica de la Luz, donde llevaba varios días internado por una insuficiencia respiratoria.
Actuó en más de 190 películas, entre ellas tres spaghettis.
Descanse en paz.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Ernest Borgnine



Actor estadounidense (Connecticut 1917) nacido en el seno de una familia de emigrantes italianos cuyo verdadero nombre es Ermes Effron Borgnino que cuenta con una dilatada carrera (más de doscientas apariciones entre el cine y la televisión en sesenta años). 

Relegado por lo general a papeles secundarios o, en el mejor de los casos, a coprotagonista, es un claro ejemplo de aquellos actores irrepetibles que, con tan sólo su personalidad, hacían creíble a cualquier personaje que interpretaban. Así, debido a su físico rotundo y mirada amenazante fue inicialmente encasillado en papeles negativos que, en muchas ocasiones, destilaban actitudes sádicas, pero gracias a su versatilidad superó este tipo de papeles para ofrecernos otros cargados de emotividad y sensibilidad. 

Tras pasar por la armada (se enroló en 1935 y combatió en la II Guerra Mundial) se inscribe en la Escuela Randall de Arte Dramático y sus primeros pasos en el teatro los da en Virginia, para debutar en Broadway con la obra “Harvey”. 

En 1951 hace su primera aparición en el cine (ese año rodaría tres filmes) y en televisión en la serie “El capitán Vídeo y los guardianes del universo”, pero no es hasta 1953 cuando le ofrecen un papel a su medida que sirvió para que Hollywood se fijara en él. Así, bajo las órdenes de Fred Zinemann daría vida al sádico sargento “Fatso” Judson que protagonizaba un enfrentamiento mortal con Montgomery Clift justo antes del ataque a Pearl Harbour en la magnífica superproducción “De aquí a la eternidad”, película que contó con un gran reparto encabezado por Burt Lancaster, Deborah Kerr, Donna Reed y Frank Sinatra. A ésta le siguieron sus apariciones en largometrajes, la mayoría westerns, tan destacados como la maravillosa “Johnny Guitar” dirigida en 1954 por Nicholas Ray, “Veracruz” realizada ese mismo año por Robert Aldrich (director con el que trabajaría asiduamente) protagonizada por Gary Cooper y, de nuevo, Burt Lancaster, o “Conspiración de silencio” un soberbio alegato antirracista filmado por John Sturges en 1955 con unos impecables Spencer Tracy y Robert Ryan, en el que coincidió con Lee Marvin, otro duro con el que se emparejaría en varias ocasiones. Ese mismo año asombra a la crítica con su interpretación llena de sensibilidad del bondadoso carnicero Marty en la película homónima por la que obtuvo el Oscar al mejor actor. Esta película le dio la oportunidad de interpretar a personajes positivos en westerns como “Jubal” (1956) y “Arizona, prisión federal”, ambos dirigidos por el especialista Delmer Daves o la modélica película de aventuras “Los vikingos” (1958) de Richard Fleischer con Kirk Douglas, que también la produjo a través de su Brynna, y la pareja de moda Tony Curtis-Janet Leigh. 

Con la llegada de la década siguiente participará en grandes superproducciones con amplios repartos como “Barrabás” (1961) de, otra vez, Richard Fleischer y protagonizada por Anthony Quinn, “El vuelo del Fénix” (1965) de nuevo con Robert Aldrich, que contó con un gran e internacional reparto masculino encabezado por James Stewart, el estupendo y exitoso film bélico también dirigido por Robert Aldrich “Doce del patíbulo” con Lee Marvin convertido en estrella o el drama bélico “Estación Polar Cebra” (1968) de John Sturges protagonizado por Rock Hudson. Además protagonizará la serie “Barco a la vista” de la que se emitieron 138 episodios entre 1962 y 1968. Pero, sin duda, su mejor papel de esta década fue el de Dutch, el leal compañero de Pike, interpretado por William Holden, en uno de los westerns más violento, y al mismo tiempo lírico y hermoso, jamás realizado, “Grupo salvaje” (1969) la obra maestra de Sam Peckinpah. 

Es en ese mismo año cuando toma contacto con el western hecho en Europa en la interesante “Los desesperados” (Julio Busch), para aparecer en tres euro westerns más. 

A partir de los años setenta, a pesar de trabajar regularmente aumentando sus apariciones en televisión, el interés de su filmografía decrece de forma notable, destacando sus papeles de teniente de policía en la notable película de catástrofes “La aventura del Poseidón” (1972) dirigida por Ronald Neame y protagonizada por Gene Hackman, el de violento maquinista que persigue incansablemente a un vagabundo, interpretado por Lee Marvin, durante la Gran Depresión en “El emperador del Norte” (Robert Aldrich, 1973), el de cruel padre de Tom Canty en la adaptación que en 1977 hizo Richard Fleischer de la novela de Mark Twain “El príncipe y el mendigo”, el de taxista en una Nueva York controlada por los delincuentes en la fantasía futurista de John Carpenter “1997: rescate en Nueva York” (1981) o el de un anciano cansado de vivir en la depresiva “Another harvest moon” (2004). 

En la actualidad, con noventa y cuatro años, sigue en activo habiendo participado en dos filmes en 2011, la película de animación “The lion of Judah” y la comedia “Snatched”. 

ACTUALIZACIÓN: El 10 de julio del 2012 moría en Los Angeles a la edad de 95 años.

Filmografía SW


1969.- Los desesperados 
1971.- Hannie Caulder 
1971.- Miguel Pro
2004.- Blueberry

jueves, 1 de diciembre de 2011

La biblia del western

Una nueva web sobre el spaghetti y el western ha nacido.
Se trata de "La Biblia del western", y su peculiaridad es que en ella podremos encontrar, en visionado directo desde youtube, algunas películas que tanto nos gustan.
Esperemos que todo le vaya bien en esta genial idea de acercar aún más el spaghetti y el western a todos.
Podeis pasaros por ella pinchando AQUI.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Y la muerte le seguía (Corto)

Se prepara un cortometraje ambientado en el oeste, y rodado en Almeria.
Dirigido por Ángel Gómez Hernández, aquí tenemos las primeras imagenes del mismo, además de un cartel aún no definitivo.
Con un reparto formado por Gale, Peter Van Randen, Macarena Gómez, Juanma Lara, Pedro Casablanc, Alberto Ferreiro, Diego Arjona y Lidia San José.

martes, 22 de noviembre de 2011

Homenaje a Aldo Sambrell

ALDO SAMBRELL SERÁ HOMENAJEADO EN CINEMAD

Cinemad, Festival de Cine Independiente y de Culto de Madrid dedicará mañana, miércoles 23 de noviembre, un homenaje al desaparecido característico español Aldo Sambrell, especialista en cine de género, sobre todo western.

El pasado 2010 falleció en Alicante uno de los actores españoles más recurrentes por el western europeo. Aldo Sambrell, que participó en todos westerns de Sergio Leone, recibirá mañana un homenaje póstumo gracias al festival madrileño Cinemad, que proyectará en el Instituto Europeo de Diseño de Madrid dos cortometrajes y un largo: El masticar de los muertos en sus tumbas (Óscar Suárez, 2005), Río seco (José Manuel Serrano Cueto, 2006) y Arizona vuelve (Sergio Martino, 1970). Será a partir de las 19:30, después de que Cándida López Cano, conocida también como Candice Kay, ofrezca unas palabras de recuerdo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Jack Elam

Actor estadounidense (Arizona 1920, aunque algunas fuentes datan su nacimiento en 1916-Oregón 2003), que se convirtió en uno de los grandes secundarios de Hollywood (participó en más de doscientos largometrajes y series de televisión), gracias a un peculiar físico en el que destacaban sus ojos saltones (en realidad perdió uno de ellos a la edad de doce años en un accidente infantil).


Muy pronto se quedó huérfano de madre y las familias que le acogieron le obligaron a ganarse su sustento. De vuelta con su padre estudia contabilidad, trabajando como contable, entre otras, en la Standard Oil Company y en los Samuel Goldwyn Studios.


Su contacto con el cine fue casual ya que tras una revisión médica le aconsejaron que, ante la posibilidad de que perdiera su ojo bueno, dejara su profesión. Así llegaría a un acuerdo con el director George Templeton, que a finales de la década de los cuarenta buscaba financiación para sus películas, consistente en participar económicamente en ellas a cambio de que le contratara para interpretar a los villanos.


Durante la década de los cincuenta trabaja de forma incansable, sobre todo en películas ambientadas en el Far-West, de tal forma que parecía que no podía filmarse un western sin su presencia. Así se le pudo ver, por circunscribirnos sólo al western, en títulos tan emblemáticos como “El correo del infierno” (1951) de Henry Hathaway en el que interpretó a un pistolero capaz de asesinar a un niño, “Encubridora” (1952) dirigida por Fritz Lang junto a una madura Marlene Dietrich, “Solo ante el peligro” realizada ese mismo año por Fred Zinemann que supuso el segundo Oscar de Gary Cooper y en la que daba vida a un borracho, “Tierras lejanas” (1954) película que formó parte del ciclo dirigido por Anthony Mann e interpretado por James Stewart, con los que repetiría al año siguiente en “El hombre de Laramie”, “Veracruz” (1954) de Robert Aldrich con, otra vez, Gary Cooper y en la que daba vida a uno de los bandidos de la banda de Burt Lancaster, o “Duelo de titanes” (1957) magnífica recreación del duelo en el OK Corral filmada por John Sturges con Burt Lancaster y Kirk Douglas de protagonistas.


Durante la década siguiente se acentúa su aparición en series de televisión, además de participar en filmes como “Los comancheros” (1961) última película de Michael Curtiz protagonizada por John Wayne, “El último atardecer” de ese mismo año con otra vez Aldrich y Douglas o “Un gángster para un milagro” (1961) último largometraje de Frank Capra con Glenn Ford y Bette Davis. Es en esta década cuando tomará contacto con el spaghetti, protagonizando la inolvidable escena inicial de “Hasta que llegó su hora” como uno de los pistoleros que espera a Charles Bronson mientras juega con una mosca.


En los años setenta nos ofrecerá una de sus mejores interpretaciones como el viejo gruñón, remedo del personaje interpretado por Walter Brennan en Río Bravo, que acompaña a John Wayne en la también última película del gran Howard Hawks “Río Lobo” (1970), además de aparecer, entre otras, en el western cómico “Latigo” (1971) dirigido por Burt Kennedy e interpretado por James Garner, con los que ya había colaborado en la anterior “También el sheriff necesita ayuda” (1969) o “Pat Garret y Billy el Niño” película desmitificadora realizada por Sam Peckinpah en 1973.


En la siguiente década y hasta mediados de los noventa siguió trabajando a buen ritmo aunque en productos de menor interés, como las dos partes de “Los locos de Cannonball” o el western crepuscular y melancólico “Texas train” de nuevo dirigido por Burt Kennedy. Su último trabajo fue en 1995 en un de los nuevos capítulos de la mítica serie “Bonanza”.


De su popularidad dan muestra tanto que se le otorgase en 1983 el Golden Boot por haber contribuido a la mejora del western de forma significativa, como que desde 1994 formase parte del Cowboy Hall of Fame.

Filmografía SW


1968.- Sonora
1968.- Hasta que llegó su hora/// Reseña Adicional
1971.- Ana Coulder (Hannie Caulder)




martes, 25 de octubre de 2011

Lionel Stander



Actor estadounidense (Nueva York 1908-Los Ángeles 1994), hijo de inmigrantes rusos cuya imagen ha quedado asociada al personaje de Maxwell, el chofer y hombre de confianza de Stefanie Powers y Robert Wagner en la exitosa serie “Hart y Hart”. 


Tras estudiar periodismo en la Universidad de Carolina del Norte y trabajar como redactor en el Evening Journal (prestigioso diario de Nueva York), se decantará por la profesión de actor apareciendo en Broadway en varios montajes de obras de Eugene O’Neil. Además, gracias a su voz profunda, su presencia será reclamada durante los años treinta y cuarenta para numerosos programas de radio como “El show de Eddie Cantor”, “El show de Bing Crosby”, la serie “El alcalde de la ciudad”, “El show de Fred Allen”, etc.


Al mismo tiempo, en la década de los treinta, se produjo su debut en el cine, interpretando generalmente, dado a su peculiar físico, papeles de matones y hombres rudos aunque en ocasiones no exentos de un buen corazón. 


Así hasta principios de los años cuarenta se le pudo ver, entre otros, en la comedia dirigida en 1936 por Leo McCarey y protagonizada por Harold Lloyd “La vía láctea” (Stander interpretaría el mismo papel en el remake realizado por Norman Z. McLeod en 1946 a mayor gloria del cómico Dany Kaye “El asombro de Brooklin”), “El secreto de vivir” (1936) típica comedia new dealista de Frank Capra con Gary Cooper y Jean Arthur, la primera versión de “Ha nacido una estrella” dirigida por William Wellman en 1937 e interpretada por Janet Gaynor y Fredric March o “El último gangster (1937) de Edward Ludwig en la que trabajó junto a Edward G. Robinson y James Stewart.


La década de los cuarenta marca el comienzo de los problemas de Stander con el Comité de Actividades Anti Estadounidenses al ser un miembro muy activo del Partido Comunista, por lo que será expulsado de la Republic. No obstante este hecho no le impedirá participar con pequeños papeles en largometrajes de la calidad de “Los verdugos también mueren” (1943) drama bélico basado en una obra de Bertolt Brecht dirigido por Fritz Lang e interpretado por Brian Donlevy, la cinta bélica “Guadalcanal” (1943) o el film negro de Henry Hathaway “Yo creo en ti” (1948) con James Stewart y Richard Conte. 


En los años cincuenta sus problemas, debido a su ideología, se agravan al verse incluido en la tristemente famosa lista negra resultado de la denominada caza de brujas impulsada por el paranoico senador McCarthy, por lo que estuvo más de diez años sin aparecer en largometrajes, sobreviviendo como corredor de bolsa en Wall Street. 


Su vuelta al cine se produjo a principios de los años sesenta y se le pudo ver, entre otras, en un pequeño papel en la comedia de Tony Richardson “Los seres queridos” de 1965. Ese mismo año decide trasladarse a Europa e interviene en una obra clave en la filmografía de Roman Polanski “Callejón sin salida” (1966). Durante su permanencia en el viejo continente (aproximadamente diez años) participará en películas de todo tipo de géneros: poliziescos como “Milán calibre 9”, aventuras como “La isla del tesoro” junto a Orson Welles, comedias como “Las tentaciones de Benedetto” y spaghettis de los que rodó ocho, entre ellos la obra maestra de Sergio Leone “Hasta que llegó su hora”. 


A mediados de los setenta regresa a EEUU y, tras aparecer en filmes como “El puente de Casandra” (típico largometraje de catástrofe que contó con un gran elenco encabezado por Sofía Loren y Richard Harris) o el musical de Martin Scorsese “New York, New York” con Liza Minelli y Robert De Niro, obtuvo el papel de su carrera como el mencionado Max en la serie “Hart y Hart”, serie que se mantuvo en antena desde 1979 hasta 1984 con más de 100 episodios emitidos. 


En los últimos años de su vida volvería a interpretar al personaje del chofer de los Hart en una serie de episodios sueltos realizados en 1993 y 1994. 


A finales de 1994 moría debido a un cáncer de pulmón. 


Filmografía SW 

1968.- “Más allá de la ley”
1968.- “Hasta que llegó su hora”/// Reseña Adicional
1969.- “La colina de las botas” 
1972.- “Tutti fratelli nel west…per parte di padre”
1972.- “Tedeum”
1973.- “Partirono preti, tornarono…curati” 
1975.- “Guerreras rojas”
1975.- “Las nuevas aventuras del zorro”

sábado, 15 de octubre de 2011

REZA AL MUERTO Y MATA AL VIVO

Reza al muerto y mata al vivo (Prega il morto e ammazza il vivo )
Italia
1971
Director: Giuseppe Vari
Reparto:Klaus Kinski, Victoria Zinny, Paolo Casella, Dino Strano, Patrizia Adiutori, Anthony Rock, John Ely, Dante Maggio, Fortunato Arena, Anna Zinnemann, Adriana Giuffrè, Gianni Pulone, Aldo Barberito, Goffredo Unger, Mimmo Maggio
Guión: Adriano Bolzoni
Fotografía: Franco Villa
Música: Mario Migliardi

Producción italiana de 1971 al frente de la cual se encuentra Giuseppe Vari, un director y ocasional guionista también conocido como Joseph Warren, su habitual seudónimo, que, personalmente, me resulta bastante interesante ya que consiguió con unos presupuestos mínimos poner en pie varios spaghettis de una calidad más que aceptable (dirigió siete entre 1966 y 1972 como “Un agujero en la frente”, “El último pistolero”, los dos ya comentados en el blog, o el que nos ocupa) en los que, a diferencia de lo acostumbrado en este subgénero, se da mayor importancia al desarrollo de la historia y a la relación entre los personajes, los cuales están más desarrollados de lo que era habitual en el western mediterráneo, que a la acción mecánica; además de apreciarse en su labor como director una mayor preocupación formal en la composición de las escenas.



SIPNOSIS: John Webb, un misterioso pistolero, tras acabar con Ramón, el hombre que debía guiar a Hogan y sus muchachos a Méjico, los cita en una oficina de telégrafos, el Rancho Chacal, con el objeto de convertirse en su guía a cambio de la mitad del botín robado por éstos (100.000 dólares en lingotes de oro). Pero su situación se complicará con la llegada al rancho de una diligencia con cuatro pasajeros que dificultarán sus verdaderos planes.


Curioso spaghetti western estructurado, gracias al guión del veterano Adriano Bolzoni (colaborador de Vari en los últimos cuatro westerns dirigidos por él), en tres partes diferenciadas:


-Un pequeño prólogo en el que el protagonista cita a la banda de Hogan en el rancho, se desarrolla básicamente en exteriores caracterizados por su profusa vegetación y sirve para presentarnos a los miembros de la banda.


-La parte central, quizás lo mejor de la película, con un marcado carácter claustrofóbico al contar con un solo escenario, la oficina de telégrafos, en el que se desarrolla la acción caracterizada por una atmósfera malsana y opresiva y una tensión creciente, no sólo por la relación que mantienen los miembros de la banda basada en la desconfianza, la traición y la falta de lealtad, sino también por la aparición con la llegada de la diligencia de otros cuatro pasajeros, dos de ellos mujeres, lo que sirve para introducir un nuevo componente: el sexual, debido a la atracción que éstas ejercen sobre los miembros del grupo y las ambiguas relaciones que se establecen entre ellos, sobre todo entre Hogan y Eleanor caracterizada por un afán de dominación. Este componente sexual constituye una novedad ya que fue poco explotado en el spaghetti, pero, en esta ocasión, planeará a lo largo del resto del film, y se convertirá en un elemento de gran importancia.


Es en esta parte, que funciona más como un thriller (recuerda a filmes como “El bosque petrificado” o “Cayo Largo”) con una serie de personajes retenidos y amenazados por unos gángsteres, que como un western (aunque también podemos citar ejemplos de situaciones parecidas como en la estupenda “El correo del infierno” de Henry Hathaway o los intranscendentes spaghettis “El valor de un cobarde” dirigida por Leon Klimovsky y “La diligencia de los condenados” de Juan Bosch, esta última también reseñada) en la que Vari se luce, tanto al dosificar el suspense, como en la planificación y fuerza que sabe dotar a algunas escenas con el objeto de mostrarnos el carácter agresivo de los miembros de la banda. En este sentido sobresale la desarrollada en el establo mientras cae una gran tormenta (metáfora del estado de ánimo de los personajes) con una estética cercana al cine gótico y de una gran brutalidad.


-El tramo final con la calamitosa marcha de la mayoría de los supervivientes hacia Méjico que contrasta con el anterior, no solamente por la abrupta transición entre ambas, hecho que quizás se deba a la necesidad de no superar un determinado minutaje, sino porque vuelve a desarrollarse en el exterior y en esta ocasión, frente a la tormenta de la noche anterior, en días soleados y en paisajes desérticos, transformándose la película en el típico filme de itinerario en el que la naturaleza cobra gran importancia y en la que los personajes sufrirán todo tipo de vicisitudes: falta de agua, ataques de serpientes, arenas movedizas, traiciones…


En cuanto a la banda sonora, fue compuesta por Mario Migliardi y cuenta con dos temas cantados por Ann Collin, el principal con el título de “Ese hombre” es una bonita balada de influencia jazzística pero para mí poco apropiada para el objeto de la narración, que se repite de forma instrumental y silbada, y el otro llamado “I´m not your pony” apenas se escucha durante unos segundos en la parte del desierto. El resto de temas incidentales creo que carecen de interés y me resultaron por momentos bastante cargantes dado su carácter experimental, recordándome a la extraña banda sonora compuesta por este músico para “Mátalo”.



Por lo que respecta a los actores, Vari le proporcionó a Klaus Kinski un personaje para su lucimiento, incluso su entrada en escena parece muy pensada para impactar al espectador, y el actor creo que no desaprovechó la oportunidad ofreciéndonos una aceptable actuación como Hogan, el discutido e imprevisible líder de la banda, un neurótico, impulsivo, cruel y vengativo pistolero con claros problemas sexuales (es incapaz de culminar una relación) que porta un látigo, símbolo fálico, en clara alusión a su impotencia. Personaje de cierta complejidad que ve en el robo del oro la posibilidad de alejar de la miseria a su hijo y de ofrecerle una vida más prospera a través de los estudios, evitando con ello el que pueda convertirse en lo que él es, en definitiva un paria. Como contrapunto a su interpretación expansiva nos encontramos con la de carácter contenido llevada a cabo por Paul Sullivan, en realidad Paolo Casella que había coincidido con Kinski el año anterior en “La bestia” (largometraje comentado en el blog), al dar vida a John Webb, un enigmático y lacónico pistolero, cuyos verdaderos planes, relacionados con un luctuoso hecho del pasado, conoceremos muy avanzada la película y que se servirá de su inteligencia y no de la violencia (si no recuerdo mal sólo mata a dos hombres) para conseguir sus objetivos, aprovechándose de la desconfianza existente entre los miembros del grupo de Hogan. Junto a ellos, en un papel bastante bien perfilado como una mujer ambiciosa, manipuladora y sin escrúpulos, la argentina Victoria Zinny (actriz que debutó en “Viridiana” de Luis Buñuel y a la que volveríamos a ver en “Keoma”) la cual presta, en una acertada labor de casting, su peculiar físico de rasgos duros a Eleanor, antigua prostituta casada por interés con un adinerado individuo, quien establecerá un peculiar juego de dominación no exento de connotaciones masoquistas con Hogan, aprovechándose de los problemas sexuales de éste; y Patrizia Adiutori, actriz de escasa filmografía (fue la primera víctima del asesino de la notable “Torso. Violencia carnal”, giallo dirigido por Sergio Martino), en su única incursión en el spaghetti, da vida de forma bastante sosa, aunque hay que reconocer que el horroroso doblaje no la favorece, a Santa, la empleada del puesto de telégrafos que se enamorará de Webb. El resto del reparto está compuesto por actores habituales del género que despachan con bastante oficio a sus personajes: Dino Strano, aquí con el seudónimo de Dean Stratford, como Reed el desconfiado lugarteniente de Hogan; Dan May, en realidad Dante Maggio, en el rol del propietario del puesto, el único personaje con rasgos cómicos; o Aldo Barberito como Greene, otro de los hombres de Hogan que pagará muy cara su traición.

Tengo la versión editada, junto con “…Y dejaron de llamarle Camposanto”, por Wild West que, aunque no respeta el formato original, cuenta con una imagen decente, aunque no se puede decir lo mismo del sonido y de la calidad del doblaje, ambos bastante deficientes, por lo que cuesta entender a los actores en algunas escenas.

En definitiva un singular y digno spaghetti, con un ritmo pausado y bien narrado por Vari que al contar con un presupuesto ínfimo, hecho supongo agravado por los emolumentos cobrados por Kinski, supo hacer de la necesidad virtud.

PUNTUACIÓN:

GUIÓN: 6
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 6
MÚSICA: 5

MEDIA: 5,6

martes, 4 de octubre de 2011

ODIO AL VECINO


Odio al vecino (Odia il prossimo tuo)
Italia
1968
Director:Ferdinando Baldi
Reparto: Clyde Garner, George Eastman, Horst Frank, Nicoletta Machiavelli, Roberto Risso, Ivy Holzer, Paolo Magalotti, Franco Fantasia, Claudio Castellani, Giovanni Ivan Scratuglia, Remo De Angelis, Franco Gulà, Osiride Pevarello
Guión: Luigi Angelo, Ferdinando Baldi, Roberto Natale
Fotografía: Enzo Serafin
Música: Robby Poitevin

Producción italiana de 1968 aunque también aparece datada, creo que erróneamente, en 1970 dirigida por Ferdinando Baldi, un realizador que, especializado en el cine de sandalias y espadas (“David y Goliat” de 1960 con un decadente Orson Welles, “La espada del vencedor” codirigida por el bondiano Terence Young y protagonizada por un avejentado Alan Ladd o “La batalla de Germania” de 1967 con, el por entonces asiduo, Cameron Mitchell), nos ofreció, para mi gusto, sus mejores aportaciones a este subgénero en los últimos años de la década de los sesenta; así rodaría sucesivamente la tragedia con ecos shakespeareanos “Adiós Texas” (1967) brindándole a Franco Nero uno de sus primeros papeles protagonistas, la notable precuela de la mítica “Django” con Terence Hill dando vida al inmortal personaje en “El clan de los ahorcados” (1968) y, para mí la mejor de todas, “Tierra de gigantes” (1969) una estupenda adaptación al mundo del Far-West del mito de Orestes. Para en la década siguiente embarcarse en productos de dudosa calidad como “El justiciero ciego” (1971) o “Get mean” (1976) ambas protagonizadas por Tony Anthony e incluso sucumbir a la funesta moda del spaghetti cómico con filmes como “Carambola” (1974) y “Les llamaban los hermanos Trinidad” (1975).

SINOPSIS: Bill Dakota, ante la pasividad de los habitantes de un pequeño pueblo fronterizo llamado San Antonio, es asesinado junto a su mujer por Gary Stevens quien, además, le roba el mapa de una mina de oro. Su hermano Ken, a partir de ese momento, no descansará hasta conseguir vengar a su hermano, lo que le llevará a Méjico y a conocer a Chris Malone, un rico hacendado, socio de Gary y verdadero cerebro de la operación.


El filme que nos ocupa, por tanto, fue realizado en el mejor momento de Ferdinando Baldi respecto a este subgénero y en él combina tres de los temas más característicos del spaghetti. Por una parte tenemos la típica historia de venganza, representada en el personaje de Ken, pero junto a ella se desarrollan otros dos temas, la búsqueda de un tesoro, en este caso la mina de oro representada en el mapa de la misma que, dividido en dos mitades, poseen Gary y Chris; lo que da pie al tercer tema, el de la traición ya que ambos se embarcarán en un juego basado en el engaño y la deslealtad mutuos del que se beneficiará nuestro antihéroe.



El largometraje me enganchó desde los originales títulos de crédito que aparecen superpuestos en un periódico mientras se ven escenas de la película tamizadas en color azul, para a continuación brindarnos la, para mí, mejor secuencia del largometraje en la que vemos a un desesperado Bill Dakota pedir auxilio a los acobardados habitantes de San Antonio, quienes, incluido el sheriff, se esconden en el interior de sus casas y permiten que tanto Bill como su mujer sean asesinados por Gary mientras su hijo lo contempla. Junto a esta escena, el filme cuenta con buenas ideas como la original tortura a la que es sometido Gary por Chris con el objeto de hacerse con la otra mitad del mapa o las peleas, al estilo de los gladiadores romanos al portar una especie de pequeño escudo y un doble garfio, a las que somete Chris a sus esclavos que, a pesar de estar descontextualizadas, son de una gran espectacularidad, están muy bien rodadas y creo fundamentales para conocer tanto el verdadero carácter de Chris, una especie de emperador romano dueño de propiedades y hombres, como el de su mujer.


Además la película cuenta con una sobria puesta en escena del director, más cercana al western clásico que a los excesos del spaghetti, así, por ejemplo, apenas si conté dos o tres zooms a lo largo de la misma; y una estupenda, adecuada y variada banda sonora compuesta por Robby Poteivin, con no solamente un notable tema principal, la canción “Two friends”, que recuerda ligeramente a los compuestos por Francesco de Massi, incluso esta cantada por Raoul habitual interprete de las composiciones de aquél, sino también con un par de temas bastante buenos en los que cobra protagonismo la trompeta, otro de cierta sonoridad mejicana y alguno de corte cómico que ilustra la llegada del juez a San Antonio para enjuiciar, en una de las secuencias más flojas del filme, a Gary.



Pero el problema del spaghetti, para mí, es el flojo guión en el que abundan situaciones desconcertantes como por ejemplo que Ken acabe con dos ayudantes del sheriff y después se pueda pasear tranquilamente por el pueblo e incluso asista al juicio de Gary sin que nadie le detenga o la actitud de aquél que pasa de desear por encima de todo vengar a su hermano a priorizar apoderarse del plano de la mina; contradictorias como por ejemplo la paliza que recibe el protagonista a manos de los hombres de Chris con el objeto de que libere a Gary de la cárcel para, en la siguiente escena, ser éstos los que le rescatan en el momento en el que iba a ser ahorcado; sorprendentes, así en un momento dado y apuntando a Chris, Gary ordena a los hombres de éste, con la aquiescencia del hacendado, que tiren las armas pero éstos hacen caso omiso a la orden de su patrón con lo cual la única explicación es que sean todos sordos; e incluso ridículas ya que a Gary en vez de ahorcarle en el pueblo, lo llevan a mitad del campo. Además parece en algunas secuencias como si faltase información, no sé si será por algún corte que haya sufrido el filme. Así me dio la sensación que la mujer de Chris, por sus reacciones al ver enfrentarse a José con Gary, mantenía algún tipo de relación con éste, relación que ni tan siquiera está insinuada. Y a ello hay que añadir un final anticlimático, que no desvelaré, bastante flojo para un spaghetti.


Otro elemento positivo de la película, junto a las localizaciones en las que se evitan las sempiternas zonas desérticas, es la pareja de malvados. Así, Baldi volvió a contar con George Eastman y Horst Frank con los que había trabajado ese mismo año en “El clan de los ahorcados”. Ambos están realmente bien encarnando a los personajes negativos del largometraje. Eastman, en realidad Luigi Montefiori, un actor que por su gran estatura (mide más de dos metros) tuvo problemas a lo largo de su carrera para ser contratado ya que a los protagonistas no les solía gustar enfrentarse a un tipo que les sacaba más de una cabeza, hace una gran trabajo como Gary un intuitivo, violento y tosco pistolero encargado de hacer el trabajo sucio y capaz de asesinar a sangre fría a Bill y a su mujer; mientras que Horst Frank, para mí uno de los grandes malvados del spaghetti, vuelve a bordar el papel de taimado, refinado, cruel y traicionero villano. Pero de nuevo con el reparto nos encontramos con un problema, ya que el protagonista Clyde Garner (seudónimo del actor griego Spiro Focas que, entre otras, participó en “Rocco y sus hermanos” de Visconti, además de trabajar en Italia con directores de la talla de Cotaffavi, Camerini y Orsini) como Ken Dakota me pareció bastante soso y carente del magnetismo de la pareja Eastman-Frank por lo que se produce un claro desequilibrio. Además este actor tiene un cierto parecido con Gianni Garko por lo que me pasé toda la película añorando a este último. Junto a ellos una desaprovechada Nicoletta Machiavelli en el casi anecdótico papel de la mujer de Ken, el habitual del subgénero Franco Fantasia que, además de hace labores de stunt, encarna al sheriff del pueblo y el todoterreno Roberto Risso, en su única incursión en el western, como Duke, el sepulturero del lugar que ayudará a Ken y sirve de contrapunto cómico.



En resumen un aceptable spaghetti que tiene su talón de Aquiles en el guión, pero gracias a la competente dirección de Ferdinando Baldi que consigue dotar al filme de un buen ritmo, a la estupenda labor de fotografía de Enzo Serafin, cuya mayor aportación al género fue “Los días de la ira”, la notable banda sonora y las esplendidas interpretaciones de los malvados George Eastman y Horst Frank se ve con agrado y, creo, no defraudará a los aficionados al euro western.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 6
MÚSICA: 7


MEDIA: 6

martes, 27 de septiembre de 2011

LA BESTIA



La Bestia (La Belva)
1970
Italia
Director: Mario Costa
Reparto: Klaus Kinski, Gabriella Giorgelli, Steven Tedd, Giovanni Pallavicino, Andrea Aureli, Remo Capitani, Giuliano Raffaelli, Paolo Casella, Grazia Di Marzà, Fiona Florence, Gioia Garson, Cristina Iosani, Vittorio Mangano, Ivana Novak, Pilù, Guido Lollobrigida, Luisa Rivelli, Antonio Anelli, Bruno Arié, Bruno Boschetti, Carla Mancini, Sandro Scarchilli, Luigi Ciavarro, Gilberto Galimberti, Andrea Aurelli, Giovanni Nuvoletti, Femi Benussi, Lando Buzzanca, Claudio Scarchilli, Sergio Scarchilli, Omero Capanna
Guión: Mario Costa
Fotografía: Luciano Trasatti
Música: Stelvio Cipriani

Película italiana de 1970, clara muestra del deterioro de la filmografía de su protagonista, Klaus Kinski, en este subgénero. Así, mientras que en la década de los sesenta participó en grandes spaghettis o, incluso, en algunos que fueron clave para el desarrollo del género, ofreciéndonos grandes composiciones, recordemos por ejemplo el pistolero jorobado de “La muerte tenía un precio”, el sacerdote revolucionario hermano del protagonista en “Yo soy la revolución”, el amoral pistolero con tendencias homosexuales de “Los profesionales del oro” y, sobre todo, el frío asesino de “El gran silencio”; en la década siguiente se le pudo ver, tanto como protagonista como en colaboraciones especiales, en largometrajes de escaso presupuesto (muchos de ellos dan la sensación de que destinaron gran parte del mismo a pagar el sueldo del actor) y bastante mediocres, cuando no malos (“Lo llamaban King”, “La venganza esperó diez años”, “Persecución mortal”, “Black killer” o “Mi nombre es Shangai Joe” creo que constituyen claros ejemplos) y en los que se limitaba a aportar su nombre como reclamo para hacer más comercial el filme de turno y, generalmente, a repetir su consabida legión de muecas y gestos desquiciados.




SINOPSIS: Juanita y Ricardo son una pareja de mejicanos que desean salir de la pobreza, casarse e irse a vivir a una gran ciudad. Para ello idean un plan con el objetivo de adueñarse de una herencia de 100.000 dólares, al mismo tiempo que contactan con oscuro personaje, Johnny Laster, en realidad un maniaco sexual y asesino sin escrúpulos, para que les ayude. Tras dar el golpe, que distará mucho de ser perfecto, la situación se deteriorará entre los miembros de la banda que, además, deberán enfrentarse con un temido forajido llamado Machete, quien desea apoderarse del producto del robo.

Oscuro y sugerente spaghetti carente de personajes positivos, salvo los padres adoptivos de Ricardo, y construido como una amalgama de géneros. Así, se pueden apreciar influencias del giallo (subgénero de suspense-terror típico italiano de gran éxito a finales de los sesenta y principios de los setenta) fundamentalmente en el personaje de Johnny “el Loco”, al que da vida Klaus Kinski, un psicópata sexual incapaz de mantener una relación normal con la mujeres que, por diversas razones, nunca llega a consumar sus encuentros sexuales lo que le lleva, en su frustración, a asesinar a las mujeres con las que intentó mantener esas relaciones; cine negro, ya que la película nos cuenta la típica historia de un golpe, no tan perfecto, y el posterior enfrentamiento entre los miembros de la banda, entre los que se encuentra la pareja protagonista que se verá arrastrada, a su pesar, a una vida de delincuencia; y tragedia clásica puesto que sobre toda la película se extiende un halo de fatalidad y pesimismo que culmina en un violento y moralista final: la avaricia y la codicia sólo originan sufrimiento, desolación y muerte a los seres queridos.


Pero esta prometedora propuesta se ve lastrada tanto por el guión como por la dirección de Mario Costa, un cineasta que comenzó a finales de la década de los treinta, se especializó en producciones baratas de aventuras (“La mujer pirata” que nada tiene que ver con la modélica película de 1951 protagonizada por Jean Peters y dirigida por Jacques Tourneur, “El pirata negro”, “El hijo del Caid” o “El retorno de Maciste”, estas dos últimas protagonizadas por el hercúleo Gordon Scott) y dirigió dos spaghettis, la película que nos ocupa, último de sus largometrajes, y la olvidable “El héroe del Oeste” (1965) protagonizada, de nuevo, por Gordon Scott, en este caso dando vida al legendario Buffalo Bill.



En esta ocasión, como guionista creo que desaprovecha los interesantes aspectos apuntados, sobre todo, en el inicio del filme, y se muestra incapaz de desarrollar éstos, convirtiéndose la película en una sucesión de escenas repetidas (cada vez que Johnny va a consumar el acto sexual alguien o algo le interrumpe, comenzando, generalmente, una persecución); ridículas, como la del cuadro flamenco con la bailaora dando estúpidos saltos mientras sus acompañantes tocan las palmas sin ningún gracejo; absurdas (¿Cómo no se dan cuenta el conductor de la diligencia y el escopetero que una de sus pasajeras ha sido raptada? ¿Por qué, una vez que Machete captura a Johnny y lo tortura, no le ata, hecho que propiciará su huida?), sin sentido (vemos a Johnny escondido en un bosque y al ver al sheriff y a sus hombres no se le ocurre otra cosa que perseguirlos) o con diálogos contradictorios (tras el asesinato de Powers un individuo dice que no se lo explica porque no tenía enemigos y a continuación otro señala “Sí hacía tiempo que eran enemigos él y Bowen -presunto asesino-. Se odiaban”. ¿En qué quedamos tenía o no tenía enemigos?); mientras que como director no dota al filme, salvo al final, de la carga dramática requerida, además de abundar los tiempos muertos; por lo que el largometraje se vuelve soporífero. Además de poderse apreciar un cierto descuido tanto a la hora de montar las distintas escenas (en alguna da la sensación de que falta algún plano explicativo) como al empalmar unas con otras (las transiciones entre las mismas son bastante bruscas).


Mención aparte creo que hay que hacer de la estupenda banda sonora compuesta por Stelvio Cipriani que cuenta con muy buenos y variados temas, el problema es que por lo visto la mayoría de los mismos son reciclados de otros spaghettis como “Un hombre, un caballo, un colt”, película englobada en la trilogía sobre el Extranjero protagonizada por Tony Anthony.



Por lo que respecta al elenco actoral, creo que el spaghetti tiene su razón de ser en la presencia de Klaus Kinski que, con su personalidad y buena actuación, eclipsa al resto de los intérpretes. Costa le ofrece un personaje, el único desarrollado, hecho a su medida: un maniaco que aparece retratado en la primera escena cuando se abalanza sobre una mujer con intención de violarla, una auténtica bestia (de ahí el nombre del filme) incapaz de mantener una relación normal con una mujer y de controlar sus impulsos sexuales (de hecho está obsesionada con las prostitutas y lo único que parece importarle del golpe es el dinero “con el que podré comprarme las mejores chicas”), un monstruo, cuya rareza queda reflejada incluso en su vestimenta, un traje blanco isabelino, una camisa azul con cuello blanco y corbata y un sombreo de color paja más propios de los hacendados del sur que de un pistolero. Personaje excesivo que tiende al histrionismo pero al que curiosamente da vida Kinski con una interpretación más comedida de lo que en él era habitual. Como coprotagonistas interpretando a la pareja de desdichados amantes nos encontramos con el soso y mediocre Steven Tedd, en realidad Giuseppe Cardillo, al que ya había visto en “El valor de un cobarde” y en “Una cuerda al amanecer”, que vuelve a demostrar sus limitaciones como actor, sobre todo en las escenas más dramáticas en la parte final del largometraje; y a Gabriella Giorgelli, actriz que participó en algunos spaghettis como “Los largos días de la venganza” y “Los cuatro de Fort Apache”, que me ha parecido muy floja y cuyo personaje, tras ser herido, desaparece sin que sepamos nada más de ella. Junto a ellos algunos rostros conocidos en papeles escasamente desarrollados como Paul Sullivan, cuyo verdadero nombre era Paolo Casella que volvería a trabajar al año siguiente con Kinski en la interesante “Reza al muerto y mata al vivo”, como Glen uno de los miembros de la banda; Guido Lollobrigida, bajo su habitual seudónimo de Lee Burton, en el rol de Logan-Bowen, un antiguo compinche de Johnny; y Remo Capitani como el sheriff que perseguirá a Johnny, personaje del que también se olvidan en el último tercio del spaghetti.



En resumen una peculiar propuesta que se ve malograda por un guión cargado de clichés y una dirección vulgar y descuidada, además de carecer de buenas escenas de tiroteos y acusar su falta de presupuesto, por lo que resulta bastante sosa y aburrida.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 3
AMBIENTACIÓN: 3
DIRECCIÓN: 3
ACTORES: 5
MÚSICA: 5

MEDIA: 3,8

viernes, 23 de septiembre de 2011

EL ÚLTIMO MALDITO



El último maldito (Il tempo degli avvoltoi)
1967
Italia
Director: :Nando Cicero  
Reparto: George Hilton, Frank Wolff, Pamela Tudor, Eduardo Fajardo, Franco Balducci, Femi Benussi, Maria Grazia Marescalchi, Cristina Iosani, Guglielmo Spoletini, Giovanni Ivan Scratuglia, Gianluigi Crescenzi, Alfonso Donati, John Bartha , Gino Vagniluca, Tullio Altamura, Pietro Torrisi
Guión: Fulvio Gicca
Fotografía: Fausto Rossi
Música: Piero Umiliani


Producción italiana de 1967 dirigida por Fernando Cicerón, bajo su seudónimo habitual de Nando Cicero, un realizador que tras comenzar como actor en películas como Senso (1953) de Luchino Visconti se pasó detrás de la cámara, para a partir de 1970 asociarse con la pareja de cómicos Franco Franchi-Ciccio Ingrassi, dirigiendo uno de sus mayores y reconocidos éxitos (“El último tango en Zagarolo” parodia del inmortal filme de Bertolucci y protagonizada, en esta ocasión, sólo por el primero) y terminar encuadrado en la comedia erótica filmando productos para estrellas de la época de este subgénero como, sobre todo, Edwige Fenech (”La doctora del regimiento”, “La doctora arma el lío” ambas de 1977 o “La maniobra de la doctora con los soldados” realizada al año siguiente, en las que la bella actriz nacida en Argelia contó como compañero con el cómico Alvaro Vitali). Dentro del spaghetti dirigió a finales de la década de los sesenta tres largometrajes: “Los profesionales de la muerte” de 1967, “Dos veces Judas” de 1969 (ambas ya comentadas en el blog y producidas por los hermanos Balcázar, además de estar la primera también interpretada por George Hilton) y la película que nos ocupa.
 
SINOPSIS: Kitosh, un mujeriego norteamericano que trabaja como peón en la hacienda del poderoso Don Jaime Mendoza y se dedica a seducir a todas las mujeres del rancho, sufrirá la ira de su patrón, en forma de cruentas palizas, al ser descubierto flirteando con su esposa. Tras escapar se unirá a un temible forajido llamado Tracy el Negro. Pero pronto surgirán las desavenencias con éste al comprender Kitosh que Tracy, además de padecer una terrible enfermedad, es un psicópata al que le gusta torturar a la gente.

Curiosa propuesta que cuenta con un, en principio, original libreto de Fulvio Gicca Palli (coautor del guión de "La noche de la serpiente" y de los libretos de dos filmes fundamentales en la filmografía de Damiano Damiani: “Confesiones de un comisario” y “Girolimoni, il mostro de Roma”), ya que la película presenta un comienzo ligero más propio de una comedia de enredo en el que vemos las aventuras erótico-sentimentales en las que se ve envuelto el protagonista para poco a poco irse endureciendo el filme y hacerse cada vez más oscuro, sobre todo a partir de la aparición del personaje de Tracy. Además de apuntar el guión varias cuestiones interesantes que reaparecerían con, creo, mayor acierto en otros spaghettis. Así en la ya comentada en este blog “Los desesperados” realizada en 1969 por Julio Buchs, curiosamente también protagonizada por George Hilton, se retoma la idea principal de presentar a un protagonista norteamericano de extracción humilde al servicio de un poderoso hacendado mejicano que le perseguirá, cegado por el odio, debido a sus devaneos amorosos (en ésta por intentar seducir a su mujer y en la película de Buchs por dejar embarazada a su hija), al mismo tiempo que las consecuencias de sus aventuras amorosas y la persecución a la que es sometido le obligan al protagonista a decantarse por una vida al margen de la ley y le conducen a un final dramático (más evidente en el filme de Buchs que en éste al ser más abierto). Mientras que la idea de un pistolero aquejado de una grave enfermedad que le vuelve por momentos vulnerable la desarrollaría un año después Franco Giraldi en la notable “Un minuto para rezar, un segundo para morir”, película que también cuenta con su correspondiente reseña en este blog.

El problema, para mí, es que el potencial que se vislumbra en la película se ve lastrado por varios aspectos.

En primer lugar por la labor de dirección de Cicero. Creo que la película hubiera mejorado mucho con un director más hábil, ya que, para mí, no sabe dotar al largometraje del ritmo adecuado ni del dramatismo e intensidad que la historia requería.

En segundo lugar por la totalmente fuera de lugar y bastante mal utilizada banda sonora compuesta por Piero Umilani, un prolífico músico mundialmente conocido por la canción “Manah Manah” que se podía escuchar en El show de los Teleñecos (The Muppets show), que en esta ocasión parece haber incorporado al filme temas ya compuestos por él más propios de una comedia o una película desmitificadora de las de espionaje a lo James Bond.

Y en tercer lugar por las propias incongruencias del guión. Son incomprensibles para mí, por ejemplo, la falta de reacción de Kitosh ante el asesinato a sangre fría de su novia, único personaje medianamente positivo de la película, por parte de Tracy el Negro o el radical cambio de actitud al final de Don Jaime Mendoza que parece olvidar el odio que siente por el protagonista.

Y a todo ello hay que añadir un doblaje bastante flojo en la versión que he visto (curiosamente me pareció que funciona mejor la película durante las escasas escenas que están subtituladas).

Por lo que respecta a las interpretaciones creo que constituyen uno de los aspectos más positivos del largometraje ya que los actores se vieron beneficiados por unos personajes, todos ellos negativos, más desarrollados de lo habitual en este subgénero. Como protagonista nos encontramos con George Hilton, actor uruguayo afincado en Europa desde mediados de los sesenta y convertido en uno de los referentes de este subgénero, que hace una gran interpretación como Kitosh. Un personaje que le permite evolucionar a lo largo de la película y ofrecernos una actuación que fluctúa entre dos registros, uno más ligero y cínico que recuerda a sus interpretaciones, por ejemplo, como Aleluya o en la citada “Los profesionales de la muerte” y otra más grave y dramática en la línea de la mencionada “Los desesperados” o de “Los profesionales del oro” (también revisada en el 800). El estadounidense Frank Wolff está realmente bien como el forajido Joshua Tracy apodado “el Negro”, símbolo de la maldad, un demente pistolero con querencia por la tortura que mostrará continuamente su carácter violento (tortura a su antiguo socio clavándole un cuchillo en la palma de la mano, provoca un incendio para que muera abrasada su invidente mujer en venganza por haberle traicionado o no duda en restregar la cara de una prostituta sobre un plato de judías sólo porque se le había acercado) y con un terrible secreto que intenta esconder ya que padece de epilepsia. Eduardo Fajardo realiza una notable composición como el vengativo y despótico terrateniente Don Jaime Mendoza, un hombre corroído por el odio hacia Kitosh al haber sido capaz de coquetear con su mujer, de la que al final se muestra sinceramente enamorado; mientras que Pamela Tudor, a la que ya había visto en “La muerte cumple condena” (película también comentada en el blog) pasa desapercibida en su papel de Steffy la voluble, pérfida y frívola esposa de Don Jaime, capaz, incluso, de proponer a Tracy el Negro traicionar a su marido y marcharse ambos con el dinero de su rescate. Junto a ellos y en papeles menores aparecen algunos habituales del euro western como Franco Balducci, actor con bastante experiencia en el género de sandalias y espadas, como el desdichado Jim el Grande, un antiguo socio de Tracy que pagará muy cara su traición, y Guglielmo Spoletini en el rol de un bandido mejicano aliado con Jim el Grande para robar el dinero transportado por un convoy.

Como curiosidades comentaros que el otrora director Demofilo Fidani intervino haciendo labores de decoración; hay una escena en la que se rinde homenaje, no sé si consciente o inconscientemente, a la obra maestra de John Ford “Centauros del desierto” ya que se repite la secuencia en la que John Wayne utilizaba a Jeffrey Hunter como señuelo para acabar con unos individuos que les perseguían; y ese mismo año George Hilton dio vida a otro personaje llamado Kitosh en el largometraje “Frontera al sur” de José Luis Merino.

En resumen, un correcto spaghetti pero en cierta medida desaprovechado, puesto que con un mayor acierto en la dirección, en algunos momentos incluso me pareció detectar problemas de continuidad entre las distintas escenas, y una apropiada banda sonora el resultado creo que hubiera sido superior. 


PUNTUACIÓN: 

HISTORIA: 6
AMBIENTACIÓN: 6 
DIRECCIÓN: 5 
ACTORES: 7 
MÚSICA: 3 

MEDIA: 5,4