miércoles, 30 de noviembre de 2011

UN HOMBRE, UN CABALLO, UN COLT

Un hombre, un caballo, un colt (Un uomo, un cavallo, una pistola)
1967
Italia/Alemania/Usa
Director:  Luigi Vanzi
Reparto: Tony Anthony, Dan Vadis, Daniele Vargas, Marco Guglielmi, Jill Banner, Marina Berti, Raf Baldassarre, Mario Novelli, Ettore Manni, Giuseppe Addobbati, Fortunato Arena, Silvana Bacci, William Conroy, Arturo Danesi, Antonio Danesi, Mario Dionisi, Silvana Catenacci, Renato Mambor, Filippo Antonelli, Arnaldo Mangolini, Fred Coplan, Franco Scala, Roberto Chiappa, Silvana Fiorini, Asaynoa Runachagua, Mario Castrichelli, Bruno Arié, Luciano Catenacci
GuiónTony Anthony, Bob Ensescalle, Giuseppe Mangione
Fotografía: Marcello Masciocchi 
Música: Stelvio Cipriani

Coproducción italo-germano-estadounidense de 1967 también conocida como “The Stranger returns”, segunda película sobre el personaje del Extranjero realizada como consecuencia de la acogida muy favorable, sobre todo en los EEUU, de “Un dólar entre los dientes”, por lo que se contó con un mayor presupuesto gracias a la implicación de tres compañías, entre las que se encontraba la Primex Italiana (pequeña productora responsable a principios de los setenta de varios notables poliziescos como “La policia agradece” dirigida en 1972 por Steno o “Corrupción de menores” realizada por Massimo Dallamano dos años después), y en la que se contó, básicamente, con el mismo equipo que en la primera: el actor principal, con Tony Anthony dando vida de nuevo al personaje además de implicarse en el guión del film; el director Luigi Vanzi, de nuevo bajo el seudónimo de Vance Lewis, que realiza un trabajo más convencional; o el director de fotografía, elemento clave en la primera película, Marcello Masciochi.


SINOPSIS: El Extranjero en esta ocasión topará con la famosa banda conocida como “El tesoro de la frontera”, llamada así al haberse puesto precio a la totalidad de sus miembros por 10.000 dólares, que se ha apoderado, tras matar a todos sus ocupantes, de una diligencia cubierta de oro; por lo que decidirá enfrentarse a la banda con el objeto de cobrar la recompensa que ofrecen por ellos, además de apropiarse de la diligencia, para lo que contara con la ayuda de un peculiar predicador.


El largometraje respeta el esquema y los temas de la primera película de la trilogía, así nos encontramos con un botín codiciado por unos forajidos, la presencia del ejército en un poblado fronterizo, la tortura al antihéroe, las traiciones (en este caso representadas en un integrante del grupo) y el posterior enfrentamiento, menos conseguido y espectacular que el del filme anterior, del Extranjero con los miembros de la banda a los que va aniquilando con una recortada, aunque en esta ocasión la escopeta cuenta con cuatro cañones. Es decir nos volvemos a encontrar con una historia presidida por la avaricia, la deslealtad y la venganza. Pero, al mismo tiempo, presenta notables diferencias con su antecesor


En primer lugar cuenta con un presupuesto más holgado, hecho que se aprecia tanto en las localizaciones (más abundantes que en su antecesora), como en la ambientación y en el reparto, con un incremento apreciable de los personajes.


En segundo lugar frente a la minimalista banda sonora de su predecesora, la compuesta en esta ocasión por Stelvio Cipriani, quien repetiría en el tercer film de la trilogía y volvería a colaborar con Anthony, entre otras, en “El justiciero ciego” (película ya comentada en este blog) se caracteriza por su variedad y riqueza. Así cuenta con un notable tema principal con claras influencias de las composiciones de Morricone, además de otro interesante pero que se utiliza sin ninguna finalidad dramática y de forma repetitiva (sobre todo en la escena de la tortura del antihéroe). También se escucha otra composición de influencia mejicana y, como en la primera película en un claro guiño a “Por un puñado de dólares”, una especie de silbido con el que se identifica al protagonista.



Por otra parte se introducen elementos humorísticos a través fundamentalmente de la figura del predicador o en determinadas escenas como aquella en la que le obligan a “El Extranjero” a cavar dos tumbas, lográndose, para mi gusto, una correcta dosificación de estas secuencias cómicas. Además consiguen no llegar al esperpento y a la chabacanería de otras producciones posteriores de Anthony como “El justiciero ciego” y, sobre todo, la delirante “Get Mean” (filme que cuenta con su correspondiente reseña).


Por último, también se produce un importante aumento de los diálogos entre los personajes.


Pero todas estas virtudes, para mí, quedan bastante desdibujadas ante el hecho de que en esta segunda parte se pierde parte de la frescura, atmósfera sombría y malsana y, básicamente, capacidad de síntesis de la primera, con un trabajo del director menos original. Así nos vamos a topar con escenas que no aportan nada al filme, como la extraña, por surrealista, secuencia inicial en la que vemos al protagonista a lomos de su caballo en medio del desierto portando un parasol rosa, en lo que no sé si será un pequeño homenaje a aquella de “El bueno, el feo y el malo” en la que Elli Wallach también llevaba un quitasol mientras Eastwood se achicharraba, o la escena en la que el jefe de la banda dispara sobre una mejicana para quitarle el vestido de tirantes, sin que sepamos nada sobre el destino de la mujer ya que no vuelve a salir en la película; otras que, para mi gusto, se alargan en exceso mientras suena de forma repetitiva y machacona uno de los temas musicales, como la ya comentada de la tortura al protagonista, para la que los bandidos se sirven de una de las diligencias; y algunas sin sentido, como aquella en la que, en medio del tiroteo final, uno de los forajidos ve comida y tranquilamente se pone a devorarla y, claro, es pillado por “El Extranjero”, quien, en una decisión muy lógica, se siente en la mesa con el pistolero con el objeto de probar los manjares.


Por lo que respecta al elenco actoral, Tony Anthony vuelve a encarnar, mostrando para mí sus carencias interpretativas, al Extranjero, un individuo del que en esta película tenemos más información; así junto a su vulnerabilidad (se deja zarandear por el jefe de la banda) y su astucia, ambos rasgos ya apuntados en el primer largometraje, conoceremos su falta de habilidad manual (es incapaz de liarse un pitillo correctamente), su infalibilidad con el revólver (creo que en la primera no llegaba a desenfundarlo) o su generosidad (le cede la recompensa obtenida por la captura de los miembros de “El tesoro de la frontera” al predicador). Marco Gugliemi, actor al que volveríamos a ver en “Bandidos” como uno de los miembros de la banda de Billy Kane y en “Corre Cuchillo…corre” como un asesor francés (ambas películas ya comentadas) se hace cargo del papel del predicador, un estrafalario charlatán que protagoniza algunas escenas cómicas y que como personaje no me pareció muy convincente, ya que aparece y desaparece a gusto de los guionistas y porta una serie de objetos, como la famosa escopeta de cuatro cañones o una especie de cohetes, que le restan credibilidad. Daniele Vargas, sin duda para mí el mejor intérprete de todos, encarna convincentemente al oficial postal que en un giro de guión nos dará una pequeña sorpresa. Dan Vadis (uno de esos hercúleos actores, como steve Reeves o Gordon Mitchell, habituales de la famosa Playa del Músculo, que formaría parte de la trouppe de Mae West para, posteriormente, probar suerte en Europa en el pujante “peplum” y, tras la decadencia de este subgénero, en el spaghetti aunque sin demasiada fortuna), da vida, como ya le ocurrió en “El hombre del Sur” (también reseñada en el blog), con su hieratismo habitual a En Plein el malévolo jefe de la banda de forajidos. Como miembros de la misma aparecen Raf Baldaserre, habitual en los filmes de Anthony, en un papel de pistolero con alguna deficiencia mental que siempre está riendo, y un casi irreconocible Mario Novelli en el papel de Austin, un maniaco sexual. El reparto se completa con la presencia casi testimonial de una madura Marina Berti, la inolvidable esclava enamorada de Petronio en “¿Quo Vadis?”, en el rol de Ethel, la mujer del oficial postal, y Ettore Manni, otro actor con amplia experiencia en el cine de sandalias y espadas, como el teniente Stafford



En resumen un aceptable y entretenido spaghetti que, comparándolo con el primero de la trilogía, creo cuestiona el hecho de que un mayor presupuesto dé como resultado una mejor película.


PUNTUACIÓN:

GUIÓN: 5
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 5
MÚSICA: 6

MEDIA: 5,6