lunes, 5 de diciembre de 2011

EL PISTOLERO QUE ODIABA LA MUERTE

El pistolero que odiaba la muerte (Il pistolero segnato da Dio)
1968
Italia
Director: Giorgio Ferroni
Reparto:  Anthony Steffen, Richard Wyler, Luisa Baratto, Giovanni Cianfriglia, Gia Sandri, Andrea Bosic, Nello Pazzafini, Massimo Righi, Tom Felleghy, Marco Stefanelli, Benito Stefanelli, Furio Meniconi, Fedele Gentile, Ennio Balbo, Rina Franchetti, Ugo Adinolfi, Valentino Macchi, Riccardo Pizzuti, Lucio De Santis, Luigi Marturano, Enrico Chiappafreddo, Sal Borgese, Bruno Boschetti, Pietro Ceccarelli, Luigi Ciavarro, Paolo Magalotti, Renzo Pevarello, Mimmo Poli, Romano Puppo, Franco Ukmar
Guión: Augusto Finocchi, Giorgio Ferromi, Remigio Del Grosso
Fotografía: Sandro Mancori
Música: Carlo Rustichelli

Producción italiana de 1968, es decir en pleno apogeo del spaghetti western tanto por la cantidad de euro westerns rodados (en torno a los noventa) como por la calidad de los mismos (ese año se filmaron spaghettis capitales como “Salario para matar”, “El gran silencio” o “Tepepa”, todos ellos con sus correspondientes reseñas en este blog), realizado por Giorgio Ferroni, un veterano director (sus primeras películas datan de los años treinta) bastante interesante pero, a mi entender, poco valorado quizás por el hecho de que los westerns que rodó a mediados de la década de los sesenta bajo el seudónimo de Calvin J. Padget están más cercanos al espíritu y al lenguaje del western clásico norteamericano que a los postulados e innovaciones “sergioleonianas”. De esta forma, en su "Trilogía Gary" protagonizada por Giuliano Gemma nos vamos a encontrar al típico héroe, que carece de la ambigüedad moral de los antihéroes europeos, enfrentado a una situación que, en principio, lo supera y pone en cuestión su integridad moral y su honorabilidad. Así, en “Un dólar agujereado” (1966) Gary O’Hara es un ex confederado que tan sólo busca reinsertarse en la sociedad con un trabajo digno pero se verá involuntariamente involucrado en un complot cuyo objetivo es acabar con su hermano; en “El hombre del Sur” (1966), una especie de adaptación al lejano Oeste de la obra de Julio Verne “Miguel Strogoff, el correo del zar” que quizás es su western más flojo, Gary Diamond, un teniente confederado en las postrimerías de la Guerra de Secesión, acepta embarcarse en una misión llevando un mensaje de vital importancia para evitar una masacre lo que supone en principio traicionar a su propio bando; y, por último, en “Wanted…no soy un asesino” (1967) Gary Ryan es un honrado sheriff enfrentado a una conspiración que le señala falsamente como un asesino.



SINOPSIS: Gary McQuade, apodado Huracán West, es la gran atracción de un circo ambulante por su habilidad con los colts; además del ídolo de Tony, un muchacho que perdió a sus padres en las luchas entre colonos y ganaderos en Montana durante la década de los ochenta en el siglo XIX. Incapaz, debido a un trauma infantil, de utilizar la violencia, es humillado por un pistolero local, por lo que abandonará el circo y buscará refugio en la bebida, en un proceso de degradación moral y física del que sólo se sobrepondrá con el secuestro de Tony.


La película cuenta con un guión en el que participaron, además del propio Ferroni, dos escritores habituales en sus westerns (Remigio del Groso y Augusto Finochi) más elaborado de lo habitual en este subgénero, en el que se relata una historia amarga y sombría tratándose temas fundamentales como el sentimiento de culpa (Gary vive traumatizado por un acontecimiento que le marcó en el pasado al provocar involuntariamente una estampida en la que murió su hermano. Así, señalará “¿Sabes qué es esto? Una cicatriz que llevo en el alma” mientras enseña la antigua herida que le hizo su padre por haber provocado la estampida) o el de la redención, ya que, a través del secuestro de Tony, el personaje de Gary tendrá la oportunidad de por fin superar su traumático pasado y de liberarse de los fantasmas que le atenazan ante situaciones violentas. Además de contar con unos personajes inusualmente bien perfilados y, en el caso del protagonista, con una mayor complejidad psicológica de lo que era habitual en este subgénero.


El guión, estructurado en tres partes, desarrolla dos arcos argumentales que confluyen hábilmente en el último tercio de la película. Así, en una intensa y breve introducción vemos como la familia de Tony es masacrada por los hombres de Coleman, un poderoso ganadero; para en la parte central, el filme centrarse en la figura de Gary, su amistad con Tony y su posterior proceso de degradación al haber quedado como un cobarde entre su propia gente y, lo más importante, ante sí mismo; mientras que en el último tercio, Tony es secuestrado por los hombres del pistolero que humilló a Gary con el objeto de apropiarse de los 30.000 dólares que su padre escondió antes de morir, con lo que al intervenir Gary no sólo vengará a los padres de Tony sino que se rehabilitará moralmente. 


Por lo que respecta a la dirección de Giorgio Ferroni, se aleja de los excesos y tics típicos del spaghetti para, con un lenguaje más clásico y un ritmo pausado, centrarse en el drama que vive Gary, obligado a llevar una vida impostada. Pero esto no quiere decir que la película carezca de la violencia y de las escenas de acción propias de este subgénero con las típicas peleas en el saloon que queda destrozado, dos largas y estupendas secuencias de tiroteos que sirven de apertura y cierre al film (sobre todo la última está muy bien rodada y en ella, como un claro antecedente del filme ya comentado en este blog “La colina de las botas” pero sin el, para mí, molesto tono cómico de ésta, cobran gran importancia los miembros del circo con sus respectivas habilidades), la usual paliza al héroe e, incluso, una poco frecuente escena en la que se tortura al niño; aunque, a diferencia de la mayoría de los spaghettis, todas ellas están al servicio de la historia contada y bien integradas en la narración. 


Lástima que la versión que he visto de este sugerente western esté masacrada (apenas dura 75 minutos frente a la hora media de su metraje original) con lo que el desarrollo de la historia se resiente, apreciándose tanto la falta de planos explicativos como de escenas enteras. 


En cuanto a la banda sonora, es obra de Carlo Rustichelli que en esta ocasión compuso un tema principal totalmente descontextualizado al ser más apropiado para un “peplum” que para un western. También suena otro, a semejanza de las marchas militares con el que se identifica a la troupe circense, mucho más acertado. 



Sobre los actores, Anthony Steffen, hijo del piloto de fórmula 1 Manoel De Teffe, que se convertiría en uno de los iconos de este subgénero con más de veinticinco westerns rodados en once años, hace una inusual, por estupenda, composición como el atormentado y cobarde Gary al que llegan a tratar como a “un payaso de feria”. Es, sin duda, uno de los mejores trabajos que le he visto, demostrando que no sólo era capaz de responder magníficamente en las escenas de acción sino que podía salir airoso, a pesar de sus limitaciones, ante papeles con una fuerte carga dramática. Enfrentados a él dos personajes negativos bien interpretados por sus respectivos actores; por una parte nos encontramos con Richard Wyler, un actor británico que tras probar suerte en EEUU volvió a Europa, en un rol, como un ambicioso ganadero llamado Coleman, muy diferente al de su debut en este género en la indispensable “El precio de un hombre” (spaghetti ya comentado en este blog); y por otra, con un magnífico Giovanni Cianfriglia, alias Ken Wood, que ya había trabajado junto a Steffen en la estimable y también comentada en este blog “Huracán sobre Méjico”, como un frío pistolero mano derecha de Coleman. El resto del reparto se compone de rostros habituales de este subgénero como una poco aprovechada Luisa Baratto bajo su seudónimo de Liz Barrat, en el papel de una compañera de circo enamorada del personaje interpretado por Steffen, con el que también había coincidido en “Huracán sobre Méjico”; Nello Pazzafini en un inusual rol positivo al encarnar al director del circo o el esloveno Andrea Bosic como el padre de Tony. Mención aparte creo que hay que hacer del niño Marco Stefanelli (hijo de Benito Stefanelli, un doble y maestro de armas reconvertido en actor al que hemos podido ver, entre otras, en “El día de la ira” o “La muerte de un presidente” y con, también, un pequeño papel en esta película) que está perfecto encarnando a Tony. 


En definitiva, un curioso e interesante euro western bastante desconocido que, creo, merece ser rescatado del olvido. 


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 6 
DIRECCIÓN: 6 
ACTORES: 7 
MÚSICA: 5 

MEDIA: 6,2