martes, 20 de septiembre de 2011

JOHNNY WEST

Johnny West (Johnny West il mancino)
1965
Italia/España/Francia 
Director: Gianfranco Parolini
Reparto:  Mimmo Palmara, Adriano Micantoni, Roger Delaporte, André Bollet, Mara Cruz, Dada Gallotti, Bernabe Barta Barri, Roberto Camardiel, Bob Felton, Bruno Arié, Spartaco Conversi, Giuseppe Mattei , Alfonso de la Vega, Alfonso Rojas, Josefina Serratosa, Angeles Lee, Fernando Bilbao, Polly Grouck, Audry Fischer, Roberto Robles, Edy Dentine
Guión:  Jerez Aloza, Robert de Nesle, Gianfranco Parolini, Giovanni Simonelli
Fotografía: Francesco Izzarelli 
Música: Angelo Francesco Lavagnino

Coproducción italo-franco-española de 1965 que supuso el desafortunado, para mí, debut en este subgénero de Gianfranco Parolini, un guionista y realizador italiano, también conocido por su seudónimo de Frank Kramer, que mostró predilección por el spaghetti (una tercera parte de sus películas están ambientadas en el Oeste) además de haber dirigido algún péplum y la mayoría de los largometrajes sobre el Comisario X, serie con un cierto tono de comedia protagonizada por el italiano Tony Kendall y el hercúleo norteamericano Brad Harris nacida como consecuencia de la gran acogida que tuvieron los filmes de James Bond, y cuya mayor aportación al western hecho en Europa fue la creación de dos personajes míticos: Sartana, al que dio vida hasta en cuatro ocasiones Gianni Garko y en una George Hilton, y Sabata al que prestaron su rostro Lee Van Cleef y Yul Brynner, aunque el personaje de este último no tenía mucho que ver con el interpretado por el primero. Pero, a pesar de ello, su filmografía en este subgénero, con títulos como “Las siete magníficas”(aunque en ésta, por lo que he leído, solamente aparece acreditado, con el seudónimo de Cehett Grooper, por un tema económico), “Texas 1870”, “Seis balas…una venganza…una oración” o la película que nos ocupa, creo que no se puede calificar como destacada.


SINOPSIS: Un letal pistolero llamado Johnny el Zurdo, junto con tres vendedores ambulantes, intentará abortar el plan de los pérfidos hermanos Jefferson consistente en adueñarse de la propiedad de una mina de oro extorsionando a su legítimo dueño con el objeto de que ceda ésta a la Asociación de Beneficencia Melrose de San Francisco de la cual son sus presidentes. Al mismo tiempo deberá probar su inocencia respecto al robo del banco y el asesinato de un empleado del mismo, delitos realmente perpetrados por los mencionados hermanos.


Película caótica tanto por un guión, coescrito por el propio Parolini junto con, entre otros, Robert de Nesle (productor de algunos filmes dirigidos por Jesús Franco en los años setenta como “Los ojos de la noche”), que carece de la más mínima lógica, como por una descuidada dirección en la que el autor muestra su incapacidad para contar coherentemente una historia (creo que por momentos hace bueno a Demofilo Fidani, el llamado Ed Wood del spaghetti), lo que se traduce en un largometraje compuesto por una sucesión abrupta e inconexa de escenas, con una labor de montaje pésima, en el que todo vale y que termina por ser tremendamente aburrido.


El inicio del filme no puede ser más revelador ya que, tras los títulos de crédito, asistimos a una pelea cómica e infantiloide entre dos vendedores ambulantes (personajes que, junto con otro compañero, protagonizarán las situaciones pretendidamente humorísticas) que no viene a cuento; para, sin solución de continuidad, ver cómo nuestro héroe aborta el asalto a una diligencia planeado por uno de los hermanos Jefferson, hecho que le acarreará funestas consecuencias (por cierto, sin saber el porqué, en el tiroteo que se desarrolla alrededor de la diligencia los pistoleros pasan de disparar a matar a tener mucho cuidado y apuntar sólo a los sombreros o a las manos y los pies de los enemigos) y este enfrentamiento se empalma con una escena en el saloon del pueblo al que han llegado los tres buhoneros en el que estalla la típica pelea. El resultado es que ha transcurrido más de media hora de la película y todavía no sabemos cuál es el argumento de la misma. Y lo peor es que tras este caótico comienzo el largometraje, salvo por alguna escena aislada como la de la tortura del héroe, no mejora, añadiéndose situaciones y personajes por el puro capricho de los guionistas (incluso aparece una tribu de indios, y una de sus mujeres sin que sepamos los motivos ya que no la habíamos visto antes se muestra perdidamente enamorada de Johnny).



Como aspectos curiosos del largometraje se pueden destacar dos:


-La aparición de algunas constantes en el cine de Parolini fácilmente reconocibles como la introducción de situaciones cómicas en una historia dramática o el gusto por los gadgets (un bastón que luce uno de los hermanos Jefferson con el que dispara como si fuera un colt o un ataúd con un doble fondo giratorio). 


-La escena, bastante violenta, en la que los esbirros de los Jefferson machacan la mano izquierda de Johnny y matan a sangre fría a su novia mejicana y al padre de ésta. Idea que retomaría posteriormente Sergio Corbucci tanto en “Django” como en “El gran silencio”. 


Por lo que respecta a la banda sonora compuesta por Angelo Francesco Lavagnino, cabe indicar que cuenta con una bonita melodía cantada por Katrina Ranieri con una cierta influencia jazzística que me recordó a algunos temas de la época compuestos por el gran músico Burt Bacharach pero que, a mi entender, es totalmente inapropiada para un western. Además también se pueden escuchar otro de carácter festivo que acompaña generalmente a las escenas protagonizadas por los buhoneros y uno instrumental marcadamente lírico.


En cuanto al elenco actoral, el soso e inexpresivo Mimmo Palmara, un actor que destacó en el cine de espadas y sandalias para con posterioridad y ante el declive de éste intentar reciclarse en otro géneros, bajo su seudónimo habitual de Dick Palmer da vida de forma poco convincente a Johnny un pistolero mestizo (hijo de blanco e india cherokke) que como único amigo cuenta con un pequeño perro blanco llamado Gipsy, arrastra un triste pasado al haber sido asesinados sus padres por mantener una relación interracial y es zurdo (el título original en italiano es “Johnny West il mancino”), aunque tras destrozarle su mano izquierda se mostrará, por obra y gracia del guión, tan rápido y certero con la derecha como lo era con la izquierda. Junto a él destaca Roberto Camardiel, de lo poco salvable de la película, como Dusty, uno de los buhoneros experto en la utilización de la dinamita que tras varia vicisitudes se unirá a Johnny. Una lástima que se encasillara a este actor como contrapunto del protagonista en papeles miméticos de corte cómico que, no obstante, solía resolver con su habitual profesionalidad; ya que cuando tuvo que interpretar otro tipo de personajes como por ejemplo el despiadado cabecilla de los bandidos vestidos de negro en “Oro maldito” o el confiado y bonachón ganadero en “Los cuatro implacables” (ambas películas ya comentadas) creo que sus actuaciones rallaron a gran altura. En papeles menores pude distinguir, entre otros, a varios rostros habituales de este subgénero como Barta Barri dando vida al sheriff o Spartaco Conversi en el rol de uno de los esbirros de Jefferson.


En definitiva uno más de los subproductos (la producción en la que participaron José Frade y Luis Méndez los cuales colaboraron, entre otras, en la muy superior “Mestizo”, es paupérrima) realizados a raíz del éxito del western realizado en Europa que, para mí, no reúne unos mínimos de calidad, por lo que sólo sugiero su visionado a aquellos aficionados que quieran ampliar sus conocimientos sobre este subgénero viendo todo tipo de spaghettis.

PUNTUACIÓN: 

AMBIENTACIÓN: 3
DIRECCIÓN: 2
ACTORES: 3
MÚSICA: 4
HISTORIA: 2
 
MEDIA: 2,8


2 comentarios:

Alan Bique dijo...

Coincido contigo Jesús, pésima película que avanza a trompicones, en la línea del "maestro" Fidani. Al menos las pelis de éste son hasta cómicas de lo malas que son, Johhny West en cambio es mala, aburre y no divierte.

pritt dijo...

Tiene que ser mala de narices viendo lo que has publicado y la nota que le has puesto, la pondre en mi lista negra para no ver jamas.