martes, 23 de octubre de 2012

MI NOMBRE ES NINGUNO



Mi nombre es Ninguno (Il mio nome è Nessuno)
1973
Italia
Director: Tonino Valerii
RepartoTerence Hill, Henry Fonda, Jean Martin, Piero Lulli, Mario Brega, Marc Mazza, Benito Stefanelli, Rainer Peets, Antoine Saint-John, Franco Angrisano, Tommy Polgár, Hubert Mittendorf, Emil Feist, Carla Mancini, Luigi Antonio Guerra, Angelo Novi, Ullrich Müller, Claus Schmidt, R.G. Armstrong, Karl Braun, Leo Gordon, Steve Kanaly, Geoffrey Lewis, Larry Melton, Neil Summers, Antonio Molino Rojo.
Guión: Fulvio Morsella, Ernesto Gastaldi, Sergio Leone
Fotografía: Armando Nannuzzi, Giuseppe Ruzzolini
Música: Ennio Morricone

SINOPSIS: Jack Beauregard, un veterano y famoso pistolero, decide retirarse y pasar los últimos años de su vida en Europa. Sin embargo, en su camino se cruzará un joven admirador, Ninguno, que le presionará para que se enfrente al Grupo Salvaje con el objeto de convertirle en leyenda.

Coproducción italo-franco-alemana de 1973 en la que participaron entre otras compañías la productoras Rialto, responsable de la mayoría de los filmes alemanes  basados en obras de Karl May sobre Winnettou, y Rafran Cinematográfica de Sergio Leone. La dirección corrió a cargo de uno de los alumnos más aventajados del maestro romano, Tonino Valerii que venía de rodar el año anterior la notable “Una razón para vivir y otra para morir”, especie de adaptación del filme bélico “Doce del patíbulo” (Robert Aldrich, 1969) al universo del western. Sin embargo, parece que gran parte de la autoría se debe al propio Leone, no sólo porque ejerció un control muy férreo sobre la misma, lo que llevó a continuos enfrentamientos entre el maestro y el discípulo, sino porque la idea y la concepción del filme, como señala Terence Hill en una entrevista realizada en 2002, fue obra suya.
En todo caso, nos encontramos con una película ambiciosa en la que, en un ejercicio de metalenguaje cinematográfico (utilización del cine para meditar sobre él), y como señala Anselmo Nuñez en su estupendo “Western a la europea…un plato que se sirve frío”, lleva a cabo una lúcida y nostálgica reflexión sobre la muerte del western clásico e, incluso, del euro western a manos del spaghetti cómico, corriente que inundó las pantallas cinematográficas a principios de la década de los setenta tras el gran éxito del díptico sobre las andanzas de Trinidad dirigido por Enzo Barboni, y a la que sucumbieron importantes referentes del spaghetti como Sergio Corbucci (“¿Qué nos importa la revolución?”, 1972), Giulio Petroni (“Ya le llaman Providencia”, 1972) o Enzo G. Castellari (“Tedeum”, 1972). De tal forma que da la sensación de que la película fue concebida por Leone, como también explica Hill en la entrevista reseñada, como una despedida a lo grande del western serio. En este sentido cobra gran importancia la conversación mantenida por ambos protagonistas en su primer encuentro, en el que Ninguno afirma “Si decides marcharte ¿Quién queda aquí? Ninguno. Un tipo como tú debe abandonar a lo grande”. Y desde el primer momento se aprecia la intención de identificar a cada uno de los personajes con una forma distinta de entender las películas del Oeste, puesto que el viejo pistolero representaría al caduco western clásico expulsado por la nueva corriente humorística a la que da vida Ninguno. En este sentido la película cuenta con abundantes y estupendos diálogos de una fuerte carga simbólica como la que tiene lugar a continuación de la reseñada anteriormente en la que Beauregard le dice a Ninguno: “¿Sabes qué les pasa a los admiradores? Terminan volviéndose envidiosos, arrogantes y fatuos. Seguros de sí y, por último, cadáveres”, mientras que Ninguno le responde “Sí hay a quienes les sienta mal vivir demasiado”; aquella que se desarrolla en el cementerio en la que Ninguno reconoce que: “A mí me gusta que la gente me vea” y Beauregard le responde “Puede que la gente no comparta tu gusto”;  o distintas afirmaciones del maduro pistolero dirigiéndose al joven del tipo de “Veo que has conseguido encontrar el puesto adecuado” y “Prefiero morir por mi culpa que vivir por la tuya”. Quedando reforzado el carácter simbólico de la historia de Beauregard con la emotiva carta que le escribe a su joven compañero al final de la película.
La elección de los actores también obedece a esta intención. Así para interpretar a Beauregard contaron con Henry Fonda, actor con el que ya había trabajado Leone en la memorable “Hasta que llegó su hora” (1968) y del que obtuvo una inolvidable interpretación como el malvado Frank, fácilmente identificable con el western hollywoodiense al haber protagonizado algunos grandes clásicos como “Tierra de audaces” (Henry King, 1939), “Incidente en Ox-Bow” (William Wellman, 1943), “Pasión de los fuertes” (John Ford, 1946), “Fort Apache” (John Ford, 1948) o “El hombre de las pistolas de oro” (Edward Dmytryk, 1959). Nos ofrece una nueva lección interpretativa caracterizada por su sobriedad. Sólo por volverle a ver mirar, moverse, andar y montar a caballo merece la pena la película (como John Ford dijo una vez a un periodista: “¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Eso es cine”). Como contrapunto en el papel de Ninguno nos encontramos a Terence Hill en plena popularidad tras haber protagonizado las dos entregas de Trinidad, con lo que su identificación con el spaghetti western cómico era evidente (parece ser que fue Leone quien se dirigió al actor indicándole que le había gustado mucho su personaje de Trinidad pero que le gustaría verlo en una historia más profunda). De hecho Hill vuelve a encarnar a su personaje más famoso: un pícaro sucio y desarrapado, veloz como el rayo con el colt y apasionado de las judías que engulle en grandes sartenadas.

Por tanto sólo quedaría por referenciar al western hecho en Europa del que el propio Leone era su máximo exponente. Problema creo que solucionado con las abundantes referencias que contiene la película a los diferentes spaghettis realizados por él: la escena inicial prácticamente muda cuyo silencio sólo se ve interrumpido por el sonido de un objeto, en este caso un reloj, en la que tres hombres esperan al protagonista para acabar con él que recuerda al comienzo de “Hasta que llegó su hora”; las dos secuencias en las que los protagonistas disparan sobre sus sombreros muy similares a otra de “La muerte tenía un precio”; o la búsqueda de las distintas tumbas en el cementerio que remite a “El bueno, el feo y el malo”. Incluso, en parte, el personaje de Ninguno sin pasado y sin nombre recuerda en este sentido a los protagonizados por Clint Eastwood para su famosa trilogía.
Otro aspecto curioso del spaghetti son las constantes citas a Sam Peckinpah, director con el que mantenía Sergio Leone por aquella época una difícil relación. Y a pesar de lo que he leído no me queda clara la intención del realizador romano. Tomemos como ejemplo la famosa escena en el cementerio con la cruz en la que está inscrito el nombre del director estadounidense. Leone parece sugerir la muerte creativa de éste, en un época en la que, sin embargo, nos dejó estupendos largometrajes (“La balada de Cable Hogue”, “Perros de paja”, “Junior Bonner”, “La huida” o “Pat Garret y Billy the Kid”, realizadas a comienzos de los años setenta), pero por otra parte, salvo que sea un error en la traducción, Ninguno afirma de su nombre que “Debe tener un significado precioso en navajo”. ¿Burla? ¿Reconocimiento? Por otra parte Tonino Valerii recurre a la ralentización de las imágenes tan característica del estilo de Peckinpah tanto en la secuencia inicial como en la del enfrentamiento con el Grupo Salvaje; el propio Grupo Salvaje es una clara referencia ¿homenaje? a su obra maestra; y, por último, en la película tiene un papel destacado R. G. Armstrong actor habitual en los largometrajes del realizador norteamericano (“Duelo en la alta sierra”, “Mayor Dundee”, las mencionadas “La balada de Cable Hogue y “Pat Garret and Billy the Kid”). En fin, aquí dejo planteada la controversia para aquellos que tengan más información.
Pero volvamos a la película. Había comentado, y he tratado de argumentar el porqué, que se trata de un filme ambicioso aunque esto no supone que sea perfecto; es más, creo que por momentos es irregular, produciéndose un cierto desequilibrio entre las escenas protagonizadas por los dos actores principales. Así sobre Terence Hill recaen las secuencias cómicas en las que se repiten los gags típicos de Trinidad e, incluso, no falta la escena en unos urinarios de dudoso gusto; escenas que, como la que se desarrolla en el pueblo en fiestas, rompen el ritmo de la película. Pero junto a ellas nos encontramos con las que tienen como protagonista a Fonda, todas ellas soberbias y de gran belleza, entre las que destaca la correspondiente a los momentos anteriores al enfrentamiento del maduro pistolero con el Grupo Salvaje en la que le vemos de forma pausada desmontar, dar de beber a su caballo, coger los dos winchesters apoyándolos en los raíles del tren y contemplar el infinito horizonte en el que se atisba al Grupo Salvaje, y todo esto mientras escuchamos un precioso tema musical. Magistral.

La banda sonora fue encargada a Ennio Morricone y, como solía ser habitual, no sólo es muy variada y de una gran belleza sino que juega un papel fundamental en el desarrollo de la película. Así destacan un tema hermosísimo y de corte melancólico con el que se identifica a Beauregard y otro de carácter cómico adjudicado a Ninguno; mientras que el Grupo Salvaje cuenta con el suyo propio de tono épico que comienza con “Las Walkirias” de Wagner (nuevo acierto anterior a la utilización de este tema por parte de Coppola en su famosa secuencia de los helicópteros en “Apocalypse Now”), además de reservarse uno para el enfrentamiento entre los dos protagonistas que recuerda ligeramente a otro que se podía escuchar en “Hasta que llegó su hora”.
Tengo el DVD editado por Impulso con una imagen decente pero un sonido bastante mejorable. En cuanto a los extras, y junto con las habituales fichas técnicas y artísticas, contiene una corta pero jugosa entrevista a Terence Hill aunque horrorosamente subtitulada.
Como curiosidad señalaros el homenaje que rinde el largometraje en la escena de los espejos a Orson Welles y su “Dama de Shangai” (1947).
En definitiva un filme algo irregular pero muy emotivo y de una gran belleza, sobre todo las escenas correspondientes al personaje de Fonda, por lo que suscribo lo que le dijo Leone a Hill mientras editaba la escena del enfrentamiento entre Beauregard y el Grupo Salvaje: “Este es el Oeste, este es el Oeste que amo”.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 8
DIRECCIÓN: 8
ACTORES: 8
MÚSICA: 8


MEDIA: 7,8    

domingo, 21 de octubre de 2012

LA ULTIMA BALA

La proxíma bala (en forma de reseña) va a ser la última bala del 800 Spaghettiwesterns.
Han sido más de cinco años. Y eso en la red, es mucho tiempo.
Creo que hemos conseguido el fín para el que creamos el blog,  que era tener un lugar en intenet, y en español, sobre el eurowestern, para que cualquier cinefílo  que se quiera acercar al genero, lo tenga más facíl que un servidor.
Tambien que sirviera de homenaje a todos los españoles que participaron en aquellas inolvidables películas, que por muchos que algunos lo nieguen, o no se enteren, esas películas eran españolas, si.

Con muchas deficiencias, pero con mucha ilusión, comencé a reseñar spaghettis.
Cuando la cosa ya empezaba a decaer, tuve la suerte de que Jesús se uniera a la causa, y gracías a él, logramos alargar la vida algunos años más, y lo que es más importante, más, y mejores, nuevas reseñas, hasta el punto en el que hemos logrado pasar de 300.

No quiero terminar esta despedida sin agradecer a todos los que han apoyado al 800 SW, comenzando con Jesús, al que sinceramente agradezco todo su trabajo, pero que sepa que este ya hace mucho tiempo que dejó de ser mi blog, para convertirse en un trabajo de ambos.
Aparte, gracias a todos los que con sus comentarios, hacían más reconfortantes el continuo mantenimiento del sitio. No soy de dar nombre, porque siempre se es injusto y alguien se queda fuera, pero gracias a Maltese, Belane, Pedro Pereira, Rudy, Emaleo, Echoes,Cerebrin, billyray, Cabello al viento, chinagarcia , Corbet, manuelitosan, Cormano Wild, Durango, juan y un largo etc.
En general, gracías a todos los que comentaros, a todos los que nos leyeron habitualmente aunque nunca comentaran y a todos los que en algún momento se pasaron por aquí de forma esporadica.

Espero que no se os quite las ganas de vez un spaghetti de vez en cuando.
Un servidor todavía, cuando se aburre de tantas películas mediocres que vemos en estos tiempos que nos han tocado vivir, se pone un eurowestern, preferiblemente rodado en Almeria, y disfruta como un enano.

Hasta Siempre

sábado, 20 de octubre de 2012

33 SPAGHETTIWESTERNS QUE NO TE PUEDES PERDER



"33 SPAGHETTI WESTERNS QUE NO TE PUEDES PERDER" es un nuevo libro dedicado al genero, en el que encontraremos información sobre los principales eurowesterns, con ficha y fotografías de todos ellos.
El libro sale en una edición limitada de solo 100 unidades, asi que no deberías de esperar mucho a lograr tu copia.
Portada color estucada, 110 x 118 mm, 85 gramos.
104 páginas.
Y por solo 12,50 euros te llega a tu casa.
El email de contacto para comprarlo es libro33sw@yahoo.es


jueves, 18 de octubre de 2012

DEGÜELLO

Deguello (Degueyo)
1965
Italia
Director: Giuseppe Vari
Reparto: Giacomo Rossi-Stuart, Dan Vadis, Rosy Zichel, Riccardo Garrone, Daniele Vargas, José Torres, Giuseppe Addobbati, Erika Blanc, Mila Stanic, Aurora Bautista, Loris Loddi, Eve Neill, Silvana Jachino, Mirella Pamphili, Dasy Joakim, Dana Ghia, Lucio Rosato, Rocco Lerro, Gino Marturano, Mauro Mannatrizio, Giuseppe Mattei.
Guión: Roberto Amaoroso, Sergio Garrone, Giuseppe Vari
Fotografía: Silvano Ippoliti 
Música: Alessandro Derevitsky

Producción italiana de 1966, otras fuentes la datan un año antes, que supuso el debut en este subgénero de dos nombres familiares para los amantes del spaghetti. Como productor y guionista bajo el seudónimo de Willy Regan figura Sergio Garrone, autor de varios spaghettis interesantes de atmósfera gótica como los ya reseñados en este blog “Una larga fila de cruces” (1969) y, sobre todo, “Django el bastardo” realizada el mismo año que la anterior; mientras que como coguionista y director aparece Joseph Warren, en realidad, Giusseppe Vari, director especializado en spaghettis de bajo presupuesto pero nada desdeñables como los también reseñados “El último pistolero” (1967), “Un agujero en la frente“ (1968) o “Reza al muerto y mata al vivo” (1971).
En esta ocasión nos ofrecen un filme que podemos considerar puente entre los westerns hollywoodienses y los realizados en Europa. De hecho, el esquema argumental se basa ligeramente en “Los siete magníficos” (John Sturges, 1959) con un grupo de pistoleros sin más apego que el gusto por la aventura defendiendo a los habitantes de un pueblo de un grupo de bandoleros mexicanos. Se repite, además, el esquema del doble enfrentamiento: el inicial en el que momentáneamente expulsan del pueblo a los bandidos y el definitivo en el que lograrán derrotar a sus enemigos aunque pagando un precio muy caro; e incluso la película contiene un pequeño guiño a la forma de morir del personaje interpretado por Robert Vaughn. Pero, curiosamente, con la película de la saga con la que más elementos guarda en común es con “El desafío de los siete magníficos”, última aventura de Chris, en este caso interpretado por Lee Van Cleef, realizada seis años después que la película que nos ocupa, en la que, como ocurre en este largometraje, defendía con sus magníficos a un pueblo habitado sólo por mujeres de una banda de despiadados bandoleros.
SINOPSIS: Norman Sandel, con el objeto de vengar la muerte de su padre y advertir al coronel Cook, compañero de armas de su progenitor, del peligro que se cierne sobre él, decide partir hacia Danger City junto con dos ex soldados que sirvieron en el regimiento del coronel y un vendedor de whisky. Una vez allí se encontrará con una situación dantesca: los secuaces del bandolero Ramón, que buscan el oro de la Confederación escondido por Cook, han sitiado el pueblo y tomado como rehenes a todos los hombres a los que torturan de forma sistemática, por lo que, junto con sus hombres, decidirá tomar partido por las mujeres y defenderlas de las acometidas de la banda de Ramón. El desigual y fatídico enfrentamiento está servido.


La película, de atmósfera sombría e incluso trágica, está estructurada en tres partes:
Una introducción, anterior a la aparición de los títulos de crédito, en la que se plantea el drama al ser asesinado el padre del protagonista.
Una primera parte, de corta duración, en la que Norman irá reclutando a los hombres que le apoyarán en su intento de vengar a su padre y de advertir al coronel Cook del peligro que corre.
La parte central y de mayor duración con la llegada de nuestros héroes al pueblo, que incluye el rescate del coronel Cook en poder de Ramón y culmina con el gran enfrentamiento final.
Es en este último tramo en el que el director despliega toda su capacidad visual y su buen hacer, además de contener los mejores hallazgos del filme e introducir un nuevo arco argumental relacionado con el dinero de la Confederación escondido por el coronel Cook y pretendido tanto por la banda de Ramón como por alguno de los habitantes del pueblo. Entre los hallazgos podemos citar la escena de la llegada de los protagonistas a Danger City, un pueblo fantasma azotado por el viento, que parece presagiar el triste destino de nuestros héroes, impregnándose la película desde ese momento de un halo de fatalidad; o, como volvería hacer con el rancho en la citada “Reza al muerto y mata al vivo”, concebir el pueblo, en donde se desarrolla la mayor parte de la acción, como un escenario claustrofóbico al estar los habitantes sitiados por Ramón y no poder salir ni pedir ayuda; situación que irá creando una tensión “in crescendo” en los sitiados convirtiéndolos en un momento dado en una turba violenta capaz de linchar al Coronel Cook con el objeto de obligarle a revelar el lugar en el que escondió el dinero. Tensión que, muy bien modulada por el director, culminará con el encarnizado enfrentamiento final.
Además este tramo del largometraje presenta ideas de una cierta originalidad como el rol activo y reservado generalmente a los hombres que, ante la ausencia de sus maridos, adoptan las mujeres de Danger City, decididas a defender personalmente el pueblo con las armas, actitud pocas veces vistas en un western (como antecedentes podemos citar “Caravana de mujeres” dirigida por William Wellman en 1951 o “Brigada de la muerte” realizada por George Marshall en 1957), o el enfrentamiento final entre Ramón y un Norman disminuido físicamente al tener las manos destrozadas, idea que volveríamos a ver ese año en la también reseñada en este blog “Django”. Y a todos estos aciertos hay que añadir algunas escenas de fuerte impacto visual como aquella en la que Ramón ordena disparar sobre los hombres a los que había hecho prisioneros y sus esposas que intentaban ayudarlos, que recuerda, por la forma de moverse los maridos torturados como zombis, a una película de terror. Ambiente de carácter gótico que se repite en otras escenas como en la que Ramón se deja ver detrás de una ventana.
Otro acierto de la película son los personajes de la misma que, aunque un tanto simples, están razonablemente bien perfilados. En primer lugar nos encontramos con Norman Sandel, personaje en la onda del héroe clásico más preocupado por la suerte del coronel Cook que por vengar la muerte de su padre. Una pena que esté interpretado por el envarado, anodino y muy limitado actor italiano Giacomo Rossi-Stuart, aquí bajo el seudónimo de Jack Stuart. Como su principal oponente figura Dan Vadis, actor estadounidense nacido en Shangai y de ascendencia griega que, como otros musculados intérpretes, probaría suerte en Europa, primero en los péplums y después en los spaghettis. En esta ocasión, y a pesar de sus evidentes carencias, hace una inolvidable composición de Ramón, el sádico, brutal y desleal jefe de los bandidos mexicanos capaz de acabar con uno de sus hombres para quedarse con todo el botín, disparar por la espalda a uno de nuestros héroes o rematar sin pestañear a una mujer moribunda. Como los compañeros de Norman aparecen un muy entonado Daniel Vargas, bajo el seudónimo de Dan Vargas, en el papel de Frank, honorable ex sargento mayor de la Confederación que se comportará como tal durante toda la película; un aceptable Riccardo Garrone, hermano de Sergio y con el seudónimo de Dick Regan, dando vida a Foran, un misterioso representante de alcohol que nos dará una sorpresa al final sobre su verdadera identidad; y José Torres estupendo como Logan, el alcoholizado ex compañero de Frank y del coronel Cook; personaje, este último, interpretado por Giusseppe Addobbati, en los créditos John McDouglas, que, incluso en su locura, mantendrá la dignidad propia de un oficial. Mención aparte hay que hacer del curioso personaje de Jenny, al que acertadamente da vida Dana Ghia, otra de las rarezas de este largometraje al responder al prototipo de mujer fatal propio del cine negro, ya que bajo su aspecto angelical esconde a una persona fría, calculadora, amoral y codiciosa cuyo único objetivo es apropiarse del dinero escondido por el coronel Cook, para lo que no dudará en servirse de sus evidentes encantos y de utilizar a los hombres, en esta ocasión a Foran.
Por lo que respecta a la banda sonora fue compuesta por Alexander Derevitsky y cuenta con un tema principal muy en consonancia con el drama al que vamos a asistir en el que destaca la trompeta solista de Michele Lacerenza y que recuerda ligeramente al compuesto por el gran Dimitri Tiomkin para “Río Bravo”, escuchado de nuevo al año siguiente en “El Alamo”. También me llamó la atención otro con un comienzo de sonoridad clásica con el que se identifica a Ramón.
En resumen una película amena, narrada de forma fluida, con abundantes y bien rodados tiroteos y escenas de acción, sobre todo en su parte final, y con algunos elementos interesantes y originales por lo que, a pesar de no ser un título capital de este subgénero, no creo que defraude a los aficionados al mismo.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 6
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 5
MÚSICA: 6


MEDIA: 5,6

lunes, 15 de octubre de 2012

RINGO DE NEBRASKA



Ringo de Nebraska 
1965
España/Italia
Director: Antonio Román / Mario Bava
Reparto: Ken Clark, Piero Lulli, Yvonne Bastien, Howard Ross, Alfonso Rojas, Anthony Gradwell, Paco Sanz, Livio Lorenzon, Angel Ortiz, Jose Canalejas, Frank Braña, Simon Arriaga, Guillermo Mendez, Renato Caizzi
Guión: Jesus Navarro Carrion, Antonio Roman, Adriano Bolzoni
Fotografía:  Guglielmo Mancori 
Música: Nino Oliviero
SINOPSIS: Un enigmático pistolero, de nombre Ringo de Nebraska, es contratado por un ranchero llamado Marthy Hillman que sufre los ataques constantes de Bill Carter, un antiguo compañero de correrías. Ringo tomara partido por Marthy y pronto se enfrentará contra Hill y sus secuaces, pero al mismo tiempo se sentirá atraído por la mujer de aquél, Kay, complicándose la situación.
Coproducción italo-española de 1965 también conocida como “El rancho maldito” cuya autoría no está totalmente aclarada (1). Así parece que en su realización participaron dos directores. Por una parte, bajo el seudónimo de Anthony Roman, el español Antonio Román, en la que fue su penúltima película tras haber rodado todo tipo de largometrajes desde la década de los treinta con éxitos como “Los últimos de Filipinas” (1945), meritorio film de aventuras coloniales en la línea de “La jungla en armas” (Henry Hathaway, 1939) sobre la numantina y heroica defensa del fuerte de Baler, las adaptaciones literarias de “Fuenteovejuna” (1947) y “La fiera de mi niña” (1956), o “Los clarines del miedo” (1958), una de las mejores aproximaciones al mundo del toreo en el que enfrentaba a un joven torero con un veterano matador con pavor por el toro extraordinariamente interpretado por Paco Rabal. Pero, por otra parte y aunque no aparece acreditado en la copia que he visto, también se cita como coautor del film al italiano Mario Bava, gran director al que ya me referí en la reseña de su primer euro western, “Camino de fuerte Álamo” (1964). Además, respecto a esta cuestión, hay que tener también en cuenta la estrecha relación existente en esa época entre ambos directores ya que Antonio Román figura como guionista de “Terror en el espacio”, claro antecedente de “Alien, el octavo pasajero” (1979), rodada por Mario Bava este mismo año y producida por las mismas compañías que la película que nos ocupa: la italiana Italian International Film y la española Castilla Cooperativa Cinematográfica del propio Antonio Román. En todo caso, salvo quizás la utilización del color, con esos tonos vivos tan propios del maestro italiano, y la iluminación un tanto tenebrista de alguna escena creo que es bastante complicado identificar la mano de uno u otro; aunque, sin duda, si por algo destaca esta western es por el cuidado formal del mismo, muy por encima de la media en este tipo de películas. Así, se pueden destacar escenas como la inicial, mientras aparecen los títulos de crédito, de una gran fuerza, en la que un individuo tras haber sido tiroteado se arrastra entre las rocas, viéndose un plano de su mano ensangrentada surgida entre las piedras que me recordó a la resurrección de Tomás Milian en la ya comentada en este blog “Oro maldito” (Giulio Questi, 1967) o cuidados movimientos de cámara de regusto clásico como aquél en que ésta se va alejando para ofrecernos a Kay en el porche o la escena del beso entre Ringo y Kay, rodada al más puro estilo Hitchcock, con la cámara envolviendo a los amantes en un giro de 360 grados; además de estar fotografiados espléndidamente a través de bellas panorámicas los parajes rocosos en donde se desarrolla la acción.

Sin embargo los aciertos en la dirección quedan en parte deslucidos por el guión que no está a su altura, por lo que se produce un cierto desequilibrio entre el fondo y la forma de la película.
Al igual que la dirección, el libreto, en el que intervinieron el propio Antonio Román y Jesús Navarro Carrión escritor ligado por esa época al spaghetti y autor de numerosas novelitas, principalmente policíacas y del oeste, bajo el seudónimo, entre otros, de Cliff Bradley, toma como modelo los westerns estadounidenses de serie b de los años cincuenta aunque presenta algunas novedades interesantes, como por ejemplo la mayor carga sexual de la película con una Kay que aparece en varias escenas con corpiño y ejerce una fuerte atracción sexual tanto sobre Bill, lo que lleva a éste en una brutal escena a intentar violarla, como sobre el propio Ringo, que en otra secuencia espía lo que parece su cuerpo desnudo tras una sábana, escena que resume uno de los temas de la película, el de las apariencias. También como novedosos respecto a los westerns norteamericanos y más propios del spaghetti podemos citar los estallidos de violencia, escasos pero brutales y en los que no se nos escamotea la visión de la sangre de un intenso color rojo. Por otra parte, y desde un punto de vista positivo, hay que reconocer que los escritores pusieron un mayor énfasis en el desarrollo de la historia y el conflicto entre los distintos personajes frente a la acción mecánica (los no muy numerosos tiroteos y peleas están perfectamente insertados en la historia y no son utilizados como un relleno para alcanzar una duración estándar), además de crear un cierto suspense respecto a la verdadera relación entre Kay, Marthy y Hill ya que guardan un secreto que conoceremos bien avanzada la película. Pero todos estos aspectos positivos, no sé si por la falta de un presupuesto más generoso, quedan deslucidos a medida que se desarrolla la trama ya que ésta se vuelve repetitiva y se reduce durante gran parte del largometraje a un constante ir y venir de los personajes principales del rancho de los Hillman al pueblo o al rancho de Carter y vuelta a empezar sin que, a pesar de que no parece que cubran mucha distancia, se encuentren y terminen por dirimir sus diferencias.
Otro elemento positivo de la película lo constituye la banda sonora también de clara inspiración clásica compuesta por Nino Oliviero, en la que destacan el tema principal “Cuando se muere el sol” cantado por Vittorio Bezzi que se escucha varias veces a lo largo de la película en versión instrumental, y otro de sonoridad épica asociado a las cabalgadas.
Por el contrario la pareja protagonista creo que está mal escogida. El fornido actor estadounidense Ken Clark, que ya había trabajado con Mario Bava en su primer y olvidable euro western, encarna con su inexpresividad habitual a Ringo, el típico vaquero errante caracterizado por su habilidad con las armas de fuego y su nobleza que intentará asentarse en una localidad conflictiva y, además, se enamorará de la mujer de aquél que le acogió. Un personaje de reminiscencias clásicas, los paralelismos con Shane de “Raíces profundas” (George Stevens, 1953) son evidentes, aunque en alguna escena se aparte de este prototipo, como aquella en la que no duda en disparar sobre dos bandidos desarmados para obtener la información que necesita, actitud que choca con la mantenida por nuestro héroe hasta ese momento ya que generalmente intenta desarmar a sus oponentes disparándoles a las manos. El actor estadounidense, a pesar de que es incapaz de dotar de cierta hondura a su personaje y gracias a su complexión física, por lo menos se muestra acertado en las escenas de acción, en especial en la primera pelea que mantiene con Piero Lulli en el saloon. Como Kay, la mujer con un pasado oscuro objeto del deseo de Ringo, Marthy y Bill con lo que se transciende el típico triángulo amoroso, nos encontramos con la actriz argentina Yvonne Bastien, a la sazón esposa de Antonio Román, que se muestra bastante sobreactuada por lo que resta credibilidad a las escenas románticas y a las más dramáticas. Piero Lulli utilizando el nombre de Peter Carter y con su eficacia habitual da vida a Bill Carter, el principal personaje negativo. Junto a ellos, y como solía ocurrir en este tipo de coproducciones, actores de diversas nacionalidades que resultan muy familiares para los amantes de este subgénero: Alfonso Rojas en el papel de Marthy, el aparente honrado ranchero que acogerá a Ringo pero con un secreto que guardar origen de la disputa con Bill; Paco Sanz en el rol del doctor, Livio Lorenzon que bajo el seudónimo de Charles Lawrence nos ofrece una breve pero intensa interpretación como el alcoholizado sheriff; o Howard Ross, José Canalejas y Frank Braña como los secuaces de Bill.
Como curiosidades contaros que en la película se hace un guiño al personaje de Ringo creado por Duccio Tessari e inmortalizado por Giuliano Gemma ya que como éste el protagonista pide leche en el saloon, y que como ayudante de dirección figura Lamberto Bava, hijo de Mario Bava y autor de varios filmes exitosos de terror en los años ochenta como “Demonios” (1985) y su secuela “Demons II” (1986).
En definitiva un correcto y entretenido euro western, muy bien dirigido y agradable de ver aunque lastrado por su escaso presupuesto y por unos actores principales poco adecuados para trasladar al espectador la carga dramática y la complejidad de sus personajes; pero, en todo caso, creo que es el mejor western rodado por Mario Bava, por lo que recomiendo su visión tanto para los amantes de este subgénero como para los fans del cineasta italiano.

(1) Los que estéis interesados en esta controversia contáis con una estupenda reseña en el blog "Esbilla cinematográfica popular" de la que he obtenido parte de la información para mi comentario.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 6
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 7
ACTORES: 4
MÚSICA: 6

MEDIA: 5,6

jueves, 11 de octubre de 2012

LA HORA DEL CORAJE

La hora del coraje (Tutto per tutto)
1968
España/Italia
Director: Umberto Lenzi
Reparto: John Ireland, Mark Damon, Raf Baldassarre, Fernando Sancho, Mónica Randall, Spartaco Conversi, Armando Calvo, Eduardo Fajardo, Miguel Del Castillo, José Torres, Tito García, Joaquín Parra, Rafael Albaicín, Luis Barboo, Frank Braña, Calisto Calisti, Fabián Conde, Franco Gulà, Lisa Halvorsen, Giovanni Petrucci, Emilio Rodríguez, Claudio Scarchilli, Giovanni Ivan Scratuglia, Luis Induni.
Guión: Eduardo Maria Brochero, Nino Stresa
Fotografía: Alejandro Ulloa 
Música: uis Enríquez Bacalov, Marcello Giombini

SINOPSIS: Dos aventureros estadounidenses (Gufo y Johnny), junto con un indio, dos mexicanos y una mujer, intentarán recuperar el producto del robo a la compañía Golden Mays, 200.000 dólares en barras de oro. En su peligrosa aventura no sólo tendrán que enfrentarse a sus propias debilidades, sino también a Carranza un temible y sanguinario bandolero, líder de una banda de mexicanos que participó en el robo.

Atractiva coproducción italo-española de 1968 rodada en los alrededores de Madrid (Colmenar, Hoyo de Manzanares, La Pedriza) y Roma en la que participaron la tantas veces nombrada en este blog Produzione Eeuropee Associatti de Alberto Grimaldi y la española, todavía en activo, Estela Films, una compañía fundada en 1948 por Jordi Tusell Coll que nació con una profunda vocación catalanista prontamente abandonada para realizar todo tipo de películas.  
El largometraje cuenta con un guión, que pivota entorno a los temas de la deslealtad y la avaricia, tópico y lleno de clichés pero efectivo en el que participó el prolífico Eduardo Manzanos Brochero (personaje fundamental como escritor y productor, a través de sus Copercines, Cooperativa Cinematográfica y Fénix, Cooperativa Cinematográfica tanto para el nacimiento como, sobre todo, para el desarrollo del western hecho en Europa en su primera etapa) y cuyo esqueleto argumental, grupo de individuos continuamente traicionándose en busca de un tesoro, es deudor de “El bueno, el feo y el malo”, incluso creo que se alude de forma clara a la película de Leone al afirmar uno de los personajes que: “Los hombres se dividen en dos categorías: los que acarician el oro y los que se lo llevan”; además de apreciarse ciertas referencias a otros westerns tanto hechos en Europa (“La muerte tenía un precio”, sobre todo en relación con la importancia sentimental de un reloj y en la escena en la que acaban con el último hombre de Carranza) como en Estados Unidos (la parte que se desarrolla en el pueblo fantasma me recordó a “Desafío en la ciudad muerta”, película dirigida en 1958 por el especialista John Sturges).

Uno de los elementos destacados del guión son los personajes, más trabajados y mejor perfilados que de costumbre. Para interpretarlos se contó con un gran elenco que supone una de las mayores bazas de la película. Así el gran actor canadiense John Ireland, por estos años muy presente en producciones europeas en general y en este subgénero en particular (sólo en 1968 rodó siete spaghettis), con su habitual empaque está esplendido como Gufo, Owl en otras versiones, un enigmático pistolero que viste rigurosamente de negro y es tan rápido con el colt como letal con la escopeta de dos cañones, y cuya extraña forma de actuar se nos revelará en la parte final. Junto a él, mucho más entonado que de costumbre, el estadounidense Mark Damon como Johnny el típico caradura, fullero y mujeriego, no en vano se apellida Sweet, pero no exento de cierta nobleza. La coincidencia en el nombre no se si será una casualidad, pero su papel presenta grandes semejanzas con el que interpretó en Johnny Yuma (película que cuenta con su correspondiente reseña y estuvo dirigida por Romolo Guerrieri en 1966). Como sus socios mexicanos, personajes poco fiables que pagarán muy caro su falta de lealtad, nos encontramos con dos habituales de este subgénero que bordan sus papeles, Eduardo Fajardo en el papel de Paco y Armando Calvo como Gómez; mientras que el gran Fernando Sancho, con su peculiar estilo expansivo aunque en esta ocasión un poco más contenido, está perfecto dando vida a Carranza, principal antagonista de nuestros antihéroes. A todos ellos se le suma una espléndida Mónica Randall, con un papel más trascendente de lo que era habitual para una mujer en este subgénero, como la inteligente, ambiciosa y pérfida María, y un grupo de secundarios cuya aparición en un western es siempre agradable: José Torres como el indio Cara de Cobre, guía de los protagonistas, Raf Baldassarre, en el curioso rol de un pistolero mudo; Frank Braña, por una vez agente de la ley; Luis Induni como un ranchero con querencia por las trampas en el juego.
La dirección corrió a cargo del controvertido realizador Umberto Lenzi, un camaleónico director capaz de cambiar de género cinematográfico en función del grado de aceptación del mismo. Así sucesivamente filmó películas de aventuras como por ejemplo su serie sobre el personaje creado por Emilio Salgari Sandokan, al que dio vida el ex culturista Steve Reeves; el giallo, con su tetralogía interpretada por la otrora estrella Carroll Baker; el poliziesco, quizás junto a los giallos en donde obtuvo sus mejores resultados, con películas como “Milano odia: la polizia non può sparare” (1974), “Roma a mano armata” y “Napoli Violenti” (las dos últimas realizadas en 1976 y con Maurizio Merli como protagonista); y bélicas, entre las que destacan dos superproducciones con grandes repartos internacionales “Los jóvenes leones” (1978) y “De Dunkerke a la victoria” (1979). Para a comienzos de los ochenta dirigir dos polémicos filmes encuadrados dentro del para mí altamente desagradable y prescindible subgénero de selva y caníbales como son “Comidos vivos” (1980) y “Caníbal feroz” (1981), y posteriormente participar en varias películas de terror como “La casa encantada” (1988) y “Demoni 3” (1991); películas de las que, según he leído en alguna entrevista, no está muy satisfecho.
Respecto al western, lo abordó tangencialmente en dos producciones sobre El Zorro rodadas en 1963 “El caballero enmascarado” y “El Zorro contra Maciste”, ambas protagonizadas por Pierre Brice, actor que gozaba por aquel entonces de gran popularidad al haberse estrenado la primera entrega del inolvidable y valeroso jefe apache Winnettou; para adentrarse de lleno en el mismo con otras dos producciones rodadas en 1968: la olvidable y ya comentada en este blog “El sabor del odio” que contó de nuevo con la presencia de John Ireland, en esta ocasión junto a Peter Lee Lawrence, y la película que nos ocupa, que creo constituye su mejor aportación al spaghetti.
En esta ocasión nos ofrece un filme muy entretenido y vibrante, que carece de tiempos muertos y cuenta con un ritmo muy vivo en el que no dejan de sucederse los  acontecimientos, por otra parte, muy bien engarzados; además de estar plagado de peleas y tiroteos bien rodados e insertados en la historia, como la secuencia nocturna en la que se luce el director y se inicia con una fiesta, continúa con un enfrentamiento en una habitación a oscuras, en las que se juega hábilmente con el claroscuro, y culmina con un estupendo enfrentamiento entre los dos estadounidenses y los hombres de Carranza. Quizás se pueda achacar a la película, desde el punto de vista negativo, el final alargado en exceso y algo reiterativo, pero en conjunto creo que el director lleva a cabo una gran labor, aprovechando al máximo, además, el aceptable presupuesto del que dispuso, lo que le permitió rodar gran parte de la película en escenarios naturales, y contar con numerosas localizaciones, entre ellas tres o cuatro pueblos yankees, incluido el famoso Golden City, uno mexicano, una ruinas de un monasterio y un par de ranchos profusamente utilizados en películas como “El halcón y la presa”, “Dos hombres van a morir” o “Dos cruces en Danger Pass”.

Otro aspecto a destacar son los curiosos títulos de crédito iniciales con una serie de dibujos entre los que destacan un búho, en clara alusión al personaje interpretado por Ireland, y unas cartas, que hacen referencia a su compañero Johnny, mientras suena el brillante y pegadizo tema principal compuesto por Luis Enriquez Bacalov que se repetirá con distintos variaciones a lo largo del largometraje, incluido uno en el que se percibe el sonido de lo que me pareció una flauta que remite a las composiciones de Ennio Morricone.
En resumen un filme que, además de estar bien hecho, asume sin complejos su condición de puro entretenimiento, teniendo poco o nada que envidiar en este sentido a los westerns norteamericanos de serie b, por lo que su visión creo que no defraudará a los aficionados a este subgénero.
PUNTUACIÓN:


HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 7
ACTORES: 7
MÚSICA: 6



MEDIA: 6,6