lunes, 12 de septiembre de 2011

LA MÁSCARA DE CUERO

La máscara de cuero (In nome del padre, del figlio e della Colt)
1971
Italia-España
Director: Mario Bianchi
Reparto: Craig Hill, Nuccia Cardinali, Frank Braña, Agata Lys, Paco Sanz, Romano Milani, Gilberto Galimberti, Lorenzo Piani, Jose Tordesillas, Giuseppe Scarcella, Ernesto Vanes, Maria Vico, Antonio Padilla
Guión: Eduardo Manzanos Brochero , Arpad De Riso, Mario Gariazzo
Fotografía: Emilio Foriscot
Música: Piero Piccioni


Tardía coproducción hispano-italiana de 1971, aunque no se llegó a estrenar hasta finales de 1975 lo que puede dar idea de la calidad del producto final, en la que participó entre otras la productora Copercines, Cooperativa Cinematográfica de Eduardo Manzanos Brochero, guionista, director y productor, que, junto al novelista José Mallorquí, el guionista, y posterior director de culto, Jesús Franco y el director Joaquín Luis Romero Marchent, fue uno de los pioneros del euro western con el díptico sobre El Coyote para, posteriormente, convertirse en una importante figura en el desarrollo del western mediterráneo mandando construir un poblado del Oeste en 1962 a los decoradores Jaime Pérez Cubero y José Luis Galicia en Hoyo de Manzanares denominado “Golden City” en donde se rodaron infinidad de largometrajes, entre ellos la mítica “Por un puñado de dólares”. En esta ocasión dados el estancamiento en el que se encontraba este subgénero, la saturación que se había originado en el mercado por los innumerables spaghettis producidos en apenas diez años y la sobreexplotación de los mismos temas, intentó fusionar, sin demasiado éxito para mí, este subgénero con otro como era el giallo (películas que mezclaban el suspense con muertes truculentas y caracterizadas por una cuidada puesta en escena) que se encontraba en su momento más álgido desde finales de la década de los sesenta, gracias sobre todo a la labor de dos grandes directores: Mario Bava con, especialmente, “La muchacha que sabía demasiado” y “Seis mujeres para el asesino” y Dario Argento con la denominada Trilogía de Animales.

SINOPSIS: Bill Nolan, el sheriff de Ockland City, tiene un hermano gemelo llamado Butch Cassidy que se ha convertido en un peligroso bandido y está asolando la región. Al mismo tiempo un misterioso enmascarado comienza a cometer asesinatos en el pueblo. La situación del sheriff se complicará con el asalto perpetrado por el enmascarado a un convoy de dinero que debía proteger y al confundirlo como autor de una violación cometida por su hermano.









Delirante propuesta que cuenta con un absurdo guión, obra entre otros del propio Brochero, en el que se suceden los acontecimientos porque sí, al capricho de los guionistas, y se van entrecruzando tramas para llegar a una duración estándar. Así aparecen dos subtramas principales: las andanzas delictivas del hermano gemelo de Bill Nolan llamado Butch Cassidy (sí, el famoso bandido que formó el Wild Bunch al que se incorporó al poco tiempo el no menos famoso Sundance Kidd y, parece ser, murió tiroteado en Bolivia), y la carrera criminal, con asesinatos incluidos, del enmascarado, que confluirán de forma poco creíble en el tercio final del film (no parece razonable que el enmascarado se asocie para robar el banco de Ockland con Butch cuando éste había acabado con sus hombres y se había apoderado del botín que obtuvo con el asalto del convoy).



Por otra parte, nos encontramos con una dirección torpe, descuidada y carente de imaginación (la escena del tiroteo final además de confusa está chapuceramente rodada) y con una producción paupérrima que se aprecia en el propio pueblo en donde se desarrolla la acción compuesto por cuatro casuchas casi de derribo que muestran sin lugar a dudas la decadencia de este subgénero. Así el guión, la dirección y la producción convierten el filme en una sucesión de escenas sin sentido, grotescas y fallidas: la inicial en la que unos bandidos travestidos en mujeres (¿para qué?) asaltan una diligencia mientras su jefe viola a Antonieta, el personaje interpretado por Ágata Lys (por cierto la misma carece de las más mínimas coordenadas espacio-temporales por lo que no sabemos dónde fue el asalto y cuándo se produjo, de hecho nos enteramos de que tuvo lugar cuatro años antes del inicio de los acontecimientos en el pueblo porque un personaje lo dice pero no porque tengamos sensación de que haya pasado el tiempo); la del asalto al convoy con el dinero, ya que de repente y de la nada aparecen cuatro o cinco bandoleros, y al sheriff cuando llega, una vez consumado el asalto, sólo se le ocurre incendiar la carreta (¿por qué?); en el pueblo no tienen ni un solo retrato de Butch Cassidy, el bandido más buscado de la región; a Nolan lo detienen por el robo del convoy y la violación de Antonieta y al individuo que acude a advertir del robo del banco no le extraña que éste esté libre; no se respeta la unidad de tiempo ya que el asalto al banco se produce de noche, curiosamente en la celebración de Hallowen aunque este hecho tampoco tiene una mayor incidencia en la historia salvo que el enmascarado se pueda pasear sin levantar sospechas, pero cuando Nolan persigue al enmascarado se ha hecho milagrosamente de día, y así de disparate en disparate va avanzando la película hasta llegar al enfrentamiento final entre Nolan y el misterioso enmascarado, que de misterioso a esas alturas tiene ya muy poco.



Asimismo, como giallo carece tanto de la atmósfera típica de estas películas como del suspense y tensión característicos del género y sólo alguna escena como la del asesinato del artesano que fabricó la máscara, en la que se recurre a la cámara subjetiva y es perpetrado con un cuchillo por un individuo que porta guantes, recuerda algo a este tipo de largometrajes. Pero, ni tan siquiera se tienen las habituales dudas sobre la identidad del asesino, ya que a mitad del film parece bastante claro quién es, sospecha que se convierte en certeza al no verlo en el baile celebrado en la noche de Halloween


Por lo que respecta a la banda sonora que, por lo visto, fue obra de Gianni Fierro, pasa totalmente inadvertida, tal es así que tuve que ponerme alguna escena de nuevo para poderla escuchar porque no la recordaba.

Por último, en relación con los actores cabe señalar que Craig Hill, interprete estadounidense que pasó de ser una promesa en Hollywood trabajando con directores de la talla de John Ford, Joseph L. Mankiewicz, William Wyler o Sam Fuller a convertirse en un rostro habitual en los spaghettis y terminar apareciendo en películas cada vez menos interesantes, interpreta un doble papel como el honrado sheriff Nolan y su pervertido hermano Butch, y mientras como el primero se muestra correcto como el segundo se me antojo un poco pasado aunque bien es verdad que el personaje es un tanto histriónico e, incluso, caricaturesco. Junto a él, la habitual actriz de telenovelas Nuccia Cardinali, que ya había aparecido en algún euro western como “Dos cruces en Danger Pass” (película ya comentada) aporta su belleza y poco más a su personaje de Clarissa, la fiel esposa de Nolan; una horripilante Ágata Lys como Antonieta, la incongruencia personificada ya que no sólo pasa de reconocer a Nolan como su violador a aceptar sin ninguna duda la bastante increíble historia que le cuenta Clarissa del hermano de Nolan, sino que también participará en el plan para liberarle; y dos viejos conocidos curtidos en multitud de spaghettis, cuya presencia es siempre gratificante, que defienden con cierta dignidad los papeles que les tocaron en suerte: Paco Sanz como el padre de Antonieta que, como su hija, es la ingenuidad personificada y Frank Braña como el oscuro juez de Ockland.

En definitiva un intento, para mí, aburrido y fallido por revitalizar el decaído en aquellos años spaghetti western buscando referencias en otros géneros, apto tan sólo para quienes quieran ampliar su conocimiento sobre este subgénero y no les importe perder el tiempo que dura el visionado de la película.



PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 2
AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 2
ACTORES: 4
MÚSICA: 3

MEDIA: 2,6

2 comentarios:

Alan Bique dijo...

Uno más (y van unos cuantos seguidos) del mausoleo de horrores cinematográficos que para sí quisiera el bueno de Ed Wood.
Como bien se dice en la crónica (ajustada como siempre) carente de ritmo, coordenadas espacio-temporales, lógica y al menos también de pretensiones y menos mal de tiempo (sólo 75 minutos), que por lo menos nos libran del sopor absoluto.
Para ver una vez y olvidarla.

Jesús dijo...

Alan Bique, lo que más agradecí de la película, junto a la presencia de algunos secundarios, fue, como señalas, su corta duración.

Un saludo.