jueves, 17 de junio de 2010

CON EL CORAZÓN EN LA GARGANTA


Con el corazón en la garganta (Sette pistole per un massacro)
1967
España/Italia
Director: Mario Caiano
Reparto: Craig Hill, Piero Lulli, Eduardo Fajardo, Giulia Rubini, Nello Pazzafini, Spartaco Conversi, Roberto Camardiel, Jacques Herlin, Nazzareno Zamperla, Renzo Pevarello, Massimo Carocci , Osiride Pevarello, Aldo dell'Acqua, Eleanora Vargas, Massimo Carocci, Pino Polidori, Natale Nazzareno, Tomas Pico, Caterina Trentini, Franco Ukmar, Elio Angelucci
Guión: Eduardo M. Brochero
Fotografía: Julio Ortas
Música: Francesco de Masi




Coproducción italo-española dirigida en 1967 por todo un especialista en este subgénero, Mario Caiano (director que ese mismo año había rodado el spaghetti un tanto paródico “Un tren para Durango”) que me ha parecido muy floja.



SINOPSIS: Will Flaherty, un convicto acusado de un robo y unos asesinatos que no cometió, tras escapar de la prisión se dirige al pueblo donde trabaja su antigua amante. Al mismo tiempo una banda de forajidos, comandados por dos de los autores reales de los crímenes por los que fue imputado el protagonista, tras un fracasado intento de robar el banco del mismo pueblo, decide esperar a que llegue la diligencia con el oro de los mineros y toma como rehenes a todos los habitantes. A partir de ese momento, Will, que no ha sido detectado, intentará evitar el robo y limpiar su nombre.




Creo que un comienzo prometedor (con una situación muy parecida, o por lo menos a mí me la recordó, a la primera parte de la “Jungla de cristal” en la que el héroe al no ser detectado intentará abortar los planes de los forajidos) se ve lastrado por una irregular dirección de Caiano que alterna buenas escenas como la inicial o el realista tiroteo final con otras rodadas de forma chapucera como la persecución por parte de dos bandidos al protagonista que conduce una carreta, y, sobre todo, por un guión muy flojo y simple obra del propio Caiano y del ínclito Eduardo Manzanos Brochero con el que tuve la sensación, como me pasó con “Un hombre vino a matar” cuyo guión también lo firmó, entre otros, este último, de que sus autores no sabían cómo continuar la historia para llegar a los noventa minutos y lo solucionaron con escenas de relleno (se inventan la aparición de unas coristas que les sirve de excusa para introducir una larguísima secuencia con un espectáculo protagonizada por ellas y con la posterior pelea entre los forajidos). A ello hay que añadir que por momentos la historia se nos revela bastante pueril; así por ejemplo, una vez que apresan al protagonista le llevan atado a una cuadra que resulta estar más concurrida que la Puerta del Sol en un domingo y a la que se accede con suma facilidad; resultado lógico: el héroe consigue escapar.



En cuanto a los aspectos positivos, destacaría fundamentalmente dos:

Una vez más la banda sonora de de Francesco de Masi con un tema principal muy resultón tanto en su versión cantada como en la instrumental.

El trabajo de los actores. Craig Hill, en el papel de Will, creo que vuelve a mostrar su solidez interpretativa y sigo pensando que fue un tanto desaprovechado en este subgénero. Junto a él un grupo de estupendos secundarios que hacen mucho más llevadera la película y entre los que podemos destacar a Eduardo Fajardo como el brutal Tilly, jefe de la banda; Roberto Camardiel en el rol del inteligente Pad, auténtico cerebro y en continua fricción con su jefe; Piero Lulli que interpreta al lugarteniente de Tilly, con el que comparte un importante secreto y Giulia Rubinique está bastante entonada como Peggy el antiguo amor de Will y uno de los pocos apoyos con los que contará.

Por último, como curiosidad, comentaros que el director de fotografía es Sergio Martino.



En definitiva un spaghetti, para mí, mediocre y olvidable al que le salvan el buen hacer de sus actores y la banda sonora del siempre fiable de Masi.

PUNTUACIÓN:

HITORIA: 3
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 4
ACTORES: 7
MÚSICA: 6

MEDIA: 5,2

1 comentario:

pritt dijo...

Ya la he conseguido, a ver si la puedo ver estos días y ver que tal está.