martes, 15 de marzo de 2011

LLEGO, VEO, DISPARO

Llego, veo, disparo
1968
España-Italia
Director: Enzo G. Castellari
Reparto: Antonio Sabato, John Saxon, Frank Wolff, Agata Flori, Leo Anchoriz, Antonio Vica, Rosella Bergamonti, Jesefina Serratosa, Edy Biagetti, Leonardo Scavino, Caterina Trentini, Paolo Magalotti, Margaret Horowitz, Roberto Fuentes, Pilar Velázquez, Tito García, Claudio Castellani, Jose Maria Tasso, Ivan Scratuglia, Luis Barboo, Víctor Israel, Maria Vico, Hercules Cortez, Pietro Ceccarelli
Guión: Augusto Finocchi, Vittorio Metz, Jose Maria Rodríguez, Enrique Llovett
Fotografía: Alejandro Ulloa
Música: Carlo Rustichelli 


Coproducción italo-española dirigida en 1968 por Enzo G. Castellari, hijo del también director Marino Girolami y uno de los máximos representantes del spaghetti western que había debutado en este subgénero, aunque sin acreditar, en “Alambradas de violencia” (1967). Director dotado con una innegable impronta visual pero, para mí, bastante irregular cuenta con títulos destacados como “Jhonny Hamlet” o, incluso, fundamentales como la crepuscular “Keoma” junto con otros realmente decepcionantes (“Tedeum”). Fuera del spaghetti esta irregularidad se repite ya que tras dirigir dos notables poliziescos protagonizados por su amigo Franco Nero (“Il cittadino si ribella” y “La policía detiene, la ley juzga”, ambas de 1974) o una cinta bélica de culto, “Aquel maldito tren blindado” (1978) a la que rindió homenaje Quentin Tarantino, pasó a convertirse en los años ochenta en uno de los máximos representantes del denominado Eurotrash con largometrajes como “Tiburón 3” por la que fue demandado por la todopoderosa Universal al entender que había plagiado la famosa película de Spilberg o su tríptico post-apocalíptico en el que destaca “Los nuevos bárbaros” (1982), un claro homenaje a “Por un puñado de dólares”; para en los años noventa dedicarse a productos destinados, básicamente, a la televisión.


 

Moisés Lang, un atracador de tres al cuarto, aborta involuntariamente el intento de asalto a una diligencia, que transportaba 400.000 dólares, perpetrado por Edwin Kean, un actor reconvertido en atracador. Tras superar sus diferencias deciden recuperar los 400.000 dólares ahora depositados en el banco de Springwood. Una vez cometido el robo, se les unirá Clay, otro actor y aventurero, ya que gran parte del dinero robado por éstos lo había ganado jugando al póker y por tanto le pertenece. A partir de ese momento los tres pícaros intentarán engañarse entre ellos con el objeto de no compartir el botín, así como tendrán que hacer frente al ejército que pretende recuperarlo y a los hombres de Garrito, un temible bandolero mejicano.


Segunda parte de una peculiar trilogía iniciada con “Voy, le mato y vuelvo” de 1967 (film que homenajeaba a “El bueno, el feo y el malo”) y “Mátalos y vuelve” de 1968 (con clara influencias tanto del citado largometraje de Leone como de la cinta bélica “Doce del patíbulo”) que para mí constituye la más floja de las tres, ya que si en la primera introducía elementos cómicos (sobre todo en un par de escenas de peleas en las que se podía ve la huella de, entre otros, varios filmes clásicos de aventuras protagonizados por Burt Lancaster como “El temible burlón”) pero éstos estaban bien insertados en una trama seria, aquí se decanta abiertamente por la comedia disparatada, hecho en el que sin duda tuvo gran importancia la participación en el guión, junto con el más habitual en el spaghetti Augusto Finocchi, del escritor Vittorio Metz responsable de buena parte de los libretos pensados para el gran actor cómico Totó.


Así, tras un comienzo prometedor, la película se convierte en una sucesión de persecuciones y peleas pretendidamente divertidas protagonizadas por los tres protagonistas que terminan por hacerse larguísimas, pesadísimas y aburridísimas, y cuya culminación lo constituye el enfrentamiento en un río a modo de partido de waterpolo en el que los protagonistas se lanzan la bolsa con el dinero como si fuera la pelota mientras van acabando con los hombres de Garrito. Por todo ello creo que este spaghetti puede considerarse como un claro antecedente de “Le llamaban Trinidad” película que basaba su humor, aparte de en las replicas ingeniosas, en las numerosas peleas pretendidamente divertidas protagonizadas por los dos actores principales, y de todas sus imitaciones con las que se consiguió revivir a este subgénero por unos años, aunque, finalmente, terminaron por hundirlo.



No obstante este eurowestern presenta elementos que lo diferencian claramente de la mayoría de los spaghettis cómicos que proliferaron a partir del éxito de la película de Barboni y lo sitúan, a mí entender, por encima de éstos:


Algunos gags bastante conseguidos como las situaciones surrealistas que se producen al vestirse Edwin, que como buen actor tiene tendencia al travestismo, de sacerdote, lo que le lleva incluso a oficiar un responso por un fallecido; o la esperpéntica conversación mantenida en una Iglesia por Clay con un sacerdote, hermano de Rosario, la novia de Moisés que supuestamente ha quedado embarazada del primero, hecho por el que toda su familia le está persiguiendo y por lo que se ha refugiado en la iglesia.


Ciertas dosis de violencia, marca de la casa de Castellari; así choca bastante el largo y realista tiroteo entre los hombres de Garito y los soldados de la Unión con el tono jocoso del resto del film.


La cuidada dirección de Castellari, que está, para mí, muy por encima de la historia que cuenta (la presentación de Clay o el largo tiroteo anteriormente citado creo que constituyen buenos ejemplos de ello).


Por lo que respecta a la festiva banda sonora compuesta por Carlo Rustichelli, creo que junto a la dirección es de lo mejor del film y se ajusta muy bien al tono cómico del mismo.


En cuanto a los actores se produce un desequilibrio en el trío protagonista. Así nos encontramos a Ernesto Sabato, actor bastante limitado, que para dar vida a Moisés Lang pretende, sin conseguirlo, emular a Guiliano Gemma sonriendo constantemente y haciendo piruetas; John Saxon un mediocre actor estadounidense que tuvo la suerte de intervenir en alguna película interesante (“Los que no perdonan” de 1960) y al que pronto se le vio en producciones europeas, se me antojó bastante perdido en el papel del jugador y también actor Clay Watson; en cambio Frank Wolff, con el que Castellari repetiría en un papel diferente en “Mátalos y vuelve”, está estupendo como Edwin. Junto a ellos Leo Anchoriz, un notable actor que apareció en numerosos spaghettis, se muestra convincente en la piel del bandido Garrito, y al igual que Frank Wolff y el campeón de wrestling Hércules Cortés, aquí con un papel corto como hermano forzudo de Rosario, repetiría en la tercera parte de la trilogía anteriormente citada, mientras que Agata Flori me pareció algo sobreactuada en el rol de Rosario la despechada novia de Moisés, personaje de cierta importancia que desaparece en el último tercio de la película. Como curiosidad, y reforzando el carácter cómico del film, comentaros que reconocí en el papel del sacerdote hermano de Rosario a José María Tasso, un actor con un peculiar rostro que participó como secundario en numerosas comedias españolas de los años cincuenta y sesenta.





En definitiva estamos ante una comedia con algún elemento de spaghetti que pese al esfuerzo de su director tendente a dotarle de un acabado formal más que correcto resulta durante gran parte de su metraje repetitiva y aburrida, además de anunciar en lo que, desgraciadamente, se convertirá mayoritariamente el spaghetti durante la primera mitad de la siguiente década.


PUNTUACIÓN:
 
HISTORIA: 3
AMBIENTACIÓN: 4
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 5
MÚSICA: 6

 
MEDIA: 4,8