miércoles, 22 de febrero de 2012

UN COLT POR CUATRO CIRIOS

Un colt por cuatro cirios (Mia Colt ti cerca... 4 ceri ti aspettano, La)
1971
España/Italia
Director:  Ignacio F. Iquino
Reparto: Robert Woods, Chris Huerta, Fernando Rubio, Antonio Molino Rojo, Vidal Molina, María Martín, Olga Omar, Luis Ciges, Esteban Dalmases, Ángel Lombarte, Raquel Barleycorn, July Kaplan, Irene d'Astrea, Françoise Duchamp, Carmen Gallen, Indio Gonzalez, Johnny 'El Corso', Ricardo Moyán, Francisco Márquez, Isidro Novellas, César Ojinaga, Maika Orero, Mariano Vidal Molina, Fernando de Miragaya, Giorgio Stefanelli
GuiónAntonio Ramirez, Juliana de la Fuente, Ignacio Iquino
Fotografía: Antonio L. Ballersteros Jr
Música: Enrique Escobar

Coproducción italo-española de 1971 muestra del totum revolutum en el que se convirtieron muchos spaghettis durante esta década al tomar protagonismo elementos de otros géneros fueran o no ajenos al western (comedia, terror, artes marciales, suspense). En esta ocasión nos encontramos, desde el punto de vista temático, con la típica película de gángsters enfrentados por el botín tras dar un golpe, y en ella cobran gran importancia dos nombres propios.

Por una parte Lou Carrigan, en realidad Antonio Vera Ramírez, uno de los escritores más prolíficos, junto con Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane (Francisco González Ledesma) y Juan Gallardo Muñoz alias Curtis Garland, de los llamados bolsilibros, novelas de género baratas de aparición periódica en los quioscos que se podían cambiar y se convirtieron en fuente, directa o indirecta, para numerosos westerns producidos, sobre todo, en España. De hecho varias novelas de Lou Carrigan, que aunque escribió sobre varios géneros, se especializó tanto en westerns como en policíacos, fueron adaptadas al cine durante esta década como es el caso, para circunscribirnos sólo al mundo del Oeste, de las ya comentadas en este blog “Veinte pasos para la muerte” (1970) de Manuel Esteba o “La diligencia de los condenados” (1970) y “Los buitres cavarán tu fosa” (1972) ambas dirigidas por Juan Bosch bajo su seudónimo de John Wood y, salvo la última, también producidas por IFISA. Pero en esta ocasión, y como señala Ángel Comas en su estudio sobre Ignacio F. Iquino, su ayudante de dirección, Alejandro Ulloa, no partió de una novela del Oeste sino que adaptó un relato policíaco escrito por Carrigan para lo que sustituyó “a los coches por caballos, las metralletas por colts y los night clubs por saloons”.

El otro nombre propio es el de Ignacio F. Iquino, uno de los hombres más inquietos y prolíficos del cine español (director, productor, guionista y lo que le echaran) que intentó trasladar a España, al igual que los hermanos Balcázar, el modelo empresarial estadounidense. Pero a diferencia de los Balcázar, aunque se apuntó al éxito de los westerns hechos en Europa y como también señala Comas, nunca tuvo verdadero interés por este género como lo demuestran tanto la calidad (solía hacer westerns baratos de consumo rápido cuyo destino era acompañar a la película principal en las sesiones dobles) como la cantidad (produjo 11 euro westerns frente a los 65 de los Balcázar) de sus productos ambientados en el far-west. Por eso no es de extrañar que se fijara en una novela de gángsteres, género por el que mostró mucho más interés, para adaptarla al Oeste; máxime teniendo en cuenta que Iquino, además, constituyó una figura clave para el nacimiento de aquél género en España con las inaugurales ”Apartado de correos 1.001” (1950) de Julio Salvador que produjo a través de su Emisora Films, una especie de ensayo de lo que sería IFISA en la que participó como socio Francisco Ariza, y “Brigada criminal” también de 1950 y dirigida y producida por el propio Iquino a través de Producciones Iquino.



SINOPSIS: La carreta que transportaba el dinero de los impuestos del estado, alrededor de 300.000 dólares, es asaltada por los hombres de Oswald, un magnate que controla la delincuencia en la zona. Farley, uno de los miembros de la banda, le traicionará y se quedará con todo el botín; pero al aparecer asesinado y sin el dinero, tanto Oswald como Garringo, el sheriff del lugar, emprenderán, por diversos motivos, la búsqueda y la caza del asesino.

La película cuenta con un comienzo trepidante y prometedor en el que se plantea el argumento de la película, así asistimos sin preámbulos al asalto del furgón, al reparto del botín en el que se muestran las primeras diferencias entre los miembros del grupo, a la traición por parte de uno de los miembros de la banda y al posterior asesinato de éste por un individuo del que, como si se tratase de un giallo, se nos oculta su identidad. Pero a partir de ese momento da la sensación de que a los guionistas, entre ellos el propio Iquino y su habitual colaboradora Juliana San José de la Fuente, se les acabaron las ideas, renunciaron a desarrollar de forma lógica la trama y convirtieron a la película en una tediosa sucesión de huidas, peleas, tiroteos, capturas, nuevas huidas, nuevas peleas etc, etc. Además la caótica y desganada dirección de Iquino tampoco ayuda mucho, y a ello hay que añadir su costumbre de rodar prácticamente una sola toma de cada escena con el objeto de abaratar costes, lo que da lugar, por falta de material, a planos mal empalmados y a montajes de escenas bastante farragosos con saltos que dificultan la comprensión del filme.

La banda sonora de Enrique Escobar, uno de los hombres de confianza de Iquino en IFISA que aparece como solía ser habitual en una escena tocando el piano, pasa totalmente desapercibida, además incluye un tema incidental un tanto pachanguero que ya escuché en “Oeste Nevada Joe” y en “Tumba para un forajido”.

En cuanto a los actores tampoco su nivel está muy por encima del resto de los elementos de la película, ofreciéndonos la mayoría unas actuaciones muy flojas debidas, en parte, a una deficiente dirección por parte de Iquino. Como protagonista nos encontramos con el estadounidense Robert Woods, un actor descubierto por los hermanos Balcázar al que ofrecieron un contrato en exclusiva a mediados de los sesenta para rodar varios westerns en España, que se muestra muy alejado de sus mejores actuaciones dando vida al sheriff Garringo (nombre que hace alusión al personaje interpretado por Anthony Steffen en la exitosa película rodada dos años antes por Rafael Romero Marchent). Junto a él, nos encontramos con rostros populares en este subgénero como Cris Huerta que da vida al violento y vengativo Oswald, el auténtico cerebro de la operación, un personaje muy diferente a los amables y cómicos que solía interpretar; Antonio Molino Rojo es Farley, el pistolero que desencadenará con el robo todo la tragedia posterior; Vidal Molina interpreta a Rogers, un perturbado sexual, rasgo que carecerá de importancia en el desarrollo de la trama, y antiguo amigo de Garringo sobre el que recaerán las sospechas del asesinato de Farley por lo que pedirá ayuda al sheriff; María Martín, estrella en los años cuarenta de la cintas de Iquino y presencia habitual en este subgénero con apariciones en las ya comentadas en este blog “Los despiadados” (1967), “Bandidos” (1967) o “Reverendo Colt” (1971), encarna de forma notable a Berta, mujer intrigante y ambiciosa casada con Farley y amante de Rogers a los que, como la típica femme fatale propia del cine negro, embaucará en el robo; y el grandísimo Luis Ciges, de lo poco salvable del largometraje, está fenomenal como Tim el enterrador, un personaje cómico que, no obstante, supone una nota disonante respecto al tono general más serio del filme.

En resumen, creo que estamos ante un flojísimo euro western, sólo recomendable para aquellos que estén interesados en la figura de Iquino, o para los fans de este subgénero con deseo de ampliar sus conocimientos sobre el mismo y que no teman ver todo tipo de películas, incluso, como es el caso, las menos logradas.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 2
AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 3
ACTORES: 4
MÚSICA: 2

MEDIA: 2,6