miércoles, 5 de septiembre de 2012

VENDO CARA LA PIEL

                                                                                                                                                                   
Vendo cara la piel (Vendo cara la pelle) 
1968
Italia
Director: Ettore Maria Fizzattori
Reparto:  Mike Marshall, Michèle Girardon, Valerio Bartoleschi, Dane Savours, Spartaco Convers, Serafino Profumo, Ake Wahl, Germano Longo, Paolo Magalotti, Furio Meniconi
Guión: Giovanni Simonelli, Ettore Fizzarotti
Fotografía: Stelvio Massi 
Música: Enrico Ciacci & Marcello Marocchi

Película rodada con capital cien por cien italiano en 1968, año en el que se produjeron alrededor de noventa spaghettis, claro ejemplo de la buena salud de la que gozaba el western hecho en Europa a finales de los sesenta. Así debido a la gran demanda de este tipo de filmes, junto con producciones que, creo, se pueden equiparar a los westerns de tipo medio estadounidenses, realizadas por los directores más destacados dentro del spaghetti y que servían de vehículo para las grandes estrellas de este subgénero como Lee Van Cleef (“El día de la ira”, “De hombre a hombre”, ambas de 1967), Tomas Milian (“Tepepa” y “¡Corre, Cuchillo, corre!” realizadas el mismo año que la película que nos ocupa), Franco Nero (“Salario para matar” también de 1968) o Giuliano Gemma (“La muerte de un presidente” de 1969), se rodaron una infinidad de westerns que podríamos calificar como spaghettis de serie b, realizados por profesionales menos talentosos, con un presupuesto más reducido y protagonizados por actores menos carismáticos, poco conocidos o en decadencia, cuyo principal objetivo era satisfacer los deseos de un público ávido de este tipo de productos.
Pues bien, el largometraje que nos ocupa forma parte de este segundo grupo que asumía sin rubor los convencionalismos de este subgénero y fue puesto en pie por una pequeña compañía productora, Cinemar, que encargó la dirección al para mí desconocido realizador italiano Ettore Maria Fizzarotti, mientras que se contó como protagonista con Mike Marshall, actor franco-estadounidense hijo de la gran actriz francesa Michèle Morgan. Ésta tras trabajar en Francia con directores de la talla de Marc Allégret o Marcel Carné (“El muelle de las brumas” de 1938) recaló en Hollywood en donde interpretó películas como “Pasaje para Marbella” (Michael Curtiz, 1944) junto a Humphrey Bogart, y se casó con el cantante, actor, director y productor William Marshall, padre de Mike; para volver a Europa a finales de los años 40 y protagonizar títulos como  “El ídolo caído” (Carol Reed, 1948).


SINOPSIS: Shane, un joven y letal pistolero, regresa tras doce años a su ciudad natal con el objeto de vengar la muerte de sus padres y su hermana, asesinados por el cacique del lugar. Herido en una emboscada será recogido por Kristian, un chaval huérfano de padre, con el que establecerá una estrecha relación al mismo tiempo que se verá atraído por la madre de éste, la joven y bella viuda Georgiana.
Este western vuelve a tratar el tema recurrente en los realizados en Europa de la venganza, así en un típico flashbacks que recuerda vagamente al inicio de “De hombre a hombre” se nos muestra el asesinato de la familia del protagonista. Pero, al mismo tiempo, presenta ciertas peculiaridades respecto a los spaghettis al estar fuertemente influenciada por el clásico de George Stevens “Raíces profundas” (1954), de tal forma  que por momentos parece una adaptación. Así las referencias a esta película son constantes, no sólo al compartir nuestro protagonista el mismo nombre que el inolvidable personaje interpretado por Alan Ladd, sino por calcar situaciones como la relación que se establece entre el pistolero y el niño que, además, cuenta con un can, Lady, como su mejor amigo o la atracción que siente aquél por la madre de éste, aunque en este caso se simplifique la situación ya que, a diferencia de la película de Stevens, no se produce ningún tipo de triángulo amoroso ni conflicto de lealtades al ser la madre del niño viuda. E incluso se repiten escenas como aquella en la que la viuda afea la conducta de Shane por enseñar a su hijo a usar un revólver o en la que Kristian con su perro, al igual que le ocurría a Joey Starret, observa desde fuera del saloon como se pelea Shane con los malvados. El resultado es un spaghetti con una mayor carga melodramática de lo que era habitual en el que, incluso, se llega a reflexionar sobre la venganza, y se cuestiona a ésta como principio conductor de los individuos.
Película, por lo tanto, con una historia interesante que, creo, es malograda tanto por el guión obra de Giorgio Simonelli, escritor habitual de este subgénero (“Desafío en Río Bravo”, “El último mohicano”, “Siete pistolas para Timothy”, “Johnny Yuma” o “Voy…lo mato y vuelvo”, por citar algunas ya comentadas en este blog), que no profundiza en las situaciones dramáticas planteadas ni sabe sacar partido de las mismas y se caracteriza por la presencia de lagunas narrativas, situaciones inverosímiles y tópicos; como por la dirección del mencionado Fizzarotti que, por momentos, parece incapaz de transformar en imágenes el libreto de Simonelli. El resultado es un filme deslavazado con una sucesión de escenas mal hilvanadas y deficientemente montadas y en la que los acontecimientos ocurren en muchas ocasiones sin explicación y por el mero capricho del guionista y del director. Y a estas deficiencias hay que añadir una labor de doblaje realmente desafortunada, por lo menos en la versión que he visto, que termina por cargarse varias escenas. Curiosamente estos fallos contrastan con algunas secuencias que están estupendamente planificadas y en las que se aprecia una clara preocupación por la composición de las mismas, hecho al que supongo no fue ajeno Stelvio Massi, un gran profesional que en este filme trabajó como director de fotografía.
En cuanto a la banda sonora, que fue compuesta por Enrico Ciacci y Marcello Marrocci, su característica principal es la irregularidad ya que junto con un tema principal bastante aceptable, aparecen otros incidentales, para mí, cargantes; además de poderse escuchar al final de la película uno cantado, “Come se fosse gia’ autumno” interpretado por Nico and the Seagulls, que me resultó muy poco apropiado. Por otra parte, no sé si ocurre sólo en la versión que he visto, pude apreciar otros temas “tomados prestados” de varios spaghettis como el de “Las pistolas no discuten” y el principal de “Ojo por ojo”.
El reparto está encabezado, como señalé al principio y en la primera de sus dos aportaciones al género,  por Mike Marshall que da vida al joven Shane y demuestra, para mí, no sólo carecer del talento artístico de su madre sino sus limitaciones y carencias como actor, al pasarse la mayor parte del filme poniendo cara de enajenado. Junto a él, y mucho más entonada como la joven viuda, Michèle Girardon, actriz recordada por su papel de Brandy en la magnífica ¡Hatari! (Howard Hawks, 1962) junto a John Wayne y que había parecido compartiendo cartel con Lex Barker en dos spaghettis dirigidos por Robert Siodmak basados en una novela del escritor alemán Karl May. Lástima que el director no sepa sacar más partido a su personaje. El triángulo afectivo lo completa, en su segunda y última aparición delante de una cámara, el niño Valerio Bartoleschi que, no sé si por el horrible doblaje, me hizo añorar a Brandon de Wilde (Joey en “Raíces profundas”). Por último, en un papel en principio muy interesante nos encontramos con el habitual de este subgénero Spartaco Conversi, bajo el seudónimo de Spean Convery, como Benson, el lugarteniente del cacique enamorado de Georgiana, lo que en principio le podría haber causado algún tipo de problema moral, conflicto eludido tanto por el director como por el guionista y el interprete, por lo que es un personaje con cierto potencial que desgraciadamente queda desdibujado.
Como curiosidades comentaros en primer lugar que “Raíces profundas” también sirvió como modelo a los hermanos Balcázar para rodar “Clint el Solitario”, quizás su mejor western, e, incluso, llegaron a revisitar este filme pero con menos fortuna en “El retorno de Clint, el Solitario” también escrita por Giorgio Simonelli. Cabe señalar además que ambas películas fueron protagonizadas por el español George Martin, en realidad Francisco Martínez Celeiro. Y en segundo lugar que como cameraman aparece en los títulos de crédito Joe D’Amato, quién posteriormente se convertiría en una de las grandes referencias italianas del cine para adultos.
No obstante lo dicho, y a modo de resumen, creo que nos encontramos ante un western que puede ser, gracias a su ritmo, violencia (el protagonista, en una secuencia bastante lograda, llega a enterrar vivo a uno de los asesinos de su familia y maneja con gran habilidad el cuchillo) y numerosas escenas de acción, plenamente disfrutable por aquellos avezados consumidores de spaghettis que asuman tanto las limitaciones como los defectos, lugares comunes, personajes arquetípicos y códigos de este subgénero.

PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 4
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 4
MÚSICA: 5
MEDIA: 4,6   

2 comentarios:

Pedro Pereira dijo...

Una peli que me gustó. El sorriso idiota del protagonista se queda aún en mi memoria. No se recordará como clássico pero creo que es un daquelles pequeños films que hacem la história del género.

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Pedro Pereira

http://por-um-punhado-de-euros.blogspot.com
http://destilo-odio.tumblr.com/

Iker dijo...

Spaghetti western correcto y entretenido, en el que me ha gustado el personaje de Shane. Por cierto, ¿no tiene el actor que lo encarna cierto parecido con Terence Hill?