viernes, 28 de septiembre de 2012

SHALAKO

Shalako
1968
Inglaterra-Alemanía
Director: Edward Dmytryk
Reparto: Sean Connery, Brigitte Bardot, Stephen Boyd, Jack Hawkins, Peter van Eyck, Honor Blackman, Wood Strode, Eric Sykes, Alexander Knox, Valerie French, Julian Mateos, Donald Berry, Rodd Redwing, 'Chief' Tug Smith, Hans De Vries, Charles Stalnaker, Bob Cunningham, John Clark, Bob Hall, Juan Terron
Guión: Louis L'Amour, J.J. Griffith, Hal Hopper, Scot Finch
Fotografía: Ted Moore
Música: Robert Farnon

SINOPSIS: Ante los abusos cometidos por un grupo de aristócratas europeos de cacería en Nuevo México, los indios del territorio se ponen en pie de guerra. Diezmados y engañados por sus guías, la única esperanza de los nobles la constituirá Shalako, un antiguo oficial del ejército que intentará protegerlos y evitar su muerte.
Producción germano-británica de 1968 que obedece a un proyecto personal de Euan Lloyd basado en una novela del escritor especializado en relatos ambientados en el Oeste Louis L’Amour, al que Lloyd conocía personalmente gracias a Alan Ladd y del que adaptó tres libros para la gran pantalla, la película que nos ocupa y las ya comentadas en este blog “Catlow-El oro de nadie” (Sam Wanamaker, 1971) y “Un hombre llamado Noon” (Peter Collinson, 1973), todas ellas rodadas en España; para posteriormente producir dos de sus mayores éxitos bajo la dirección de Andrew Victor McLaglen, los filmes bélicos “Patos salvajes” (1978) y “Lobos marinos” (1980).
En un principio estaba previsto que los personajes principales los interpretaran Henry Fonda y la austríaca Senta Berger, así como que el rodaje se llevara a cabo en México, pero problemas financieros (parece ser que las distribuidoras no deseaban la presencia de Fonda, y rodar en el país norteamericano era bastante caro), decidieron al productor trasladarse a Almería, donde se rodaron los exteriores, mientras que para  los escasos interiores se utilizaron los famosos y prestigiosos Estudios Shepperton. Además Lloyd consiguió sumar al proyecto a la poderosa productora alemana Central Cinema Company Film (CCC), responsable de algunos westerns europeos de concepción clásica y factura técnica más que aceptable como “La última batalla de los apaches” (película de 1964 sobre el jefe apache Winnetou creado por Karl May), o las también comentadas en este blog “Un lugar llamado Glory” (filme de 1965 que obtuvo un gran éxito y fue uno de los primeros euro westerns estrenados en Estados Unidos) y “La balada de Johnny Ringo” (largometraje de 1966 protagonizado, igual que los otros dos, por el ex Tarzán Lex Barker, aquí en un papel negativo). Asimismo los actores inicialmente previstos fueron sustituidos por dos estrellas europeas que en ese momento gozaban de una grandísima popularidad: el bondiano Sean Connery y la sex symbol Brigitte Bardot, uno de los mayores mitos eróticos europeos desde que protagonizara “Y Dios creó la mujer” (Roger Vadim, 1956).
Como director se escogió Edward Dmytryk, realizador nacido en Canadá con películas del nivel de “Historia de un detective” (1944) y “Encrucijada de odios” (1947), que, tras protagonizar una actitud poco ejemplar ante la bochornosa Comisión de Actividades Antiamericanas delatando a antiguos compañeros del Partido Comunista Americano, rodaría tres westerns: la magnífica “Lanza rota” (1954), un remake ambientado en el Far-west y protagonizada por Spencer Tracy y Richard Widmark de “Odio entre hermanos” (Joseph Mankiewicz, 1949), superior para mí al original; la estupenda “El hombre de las pistolas de oro” (1959) que, con un trío masculino protagonista insuperable: Richard Widmark, Henry Fonda y Anthonny Quinn, adaptaba la novela finalista del Pulitzer “Warlock” escrita por Oakley Hall; y la aceptable “Alvarez Kelly” con, de nuevo, Richard Widmark acompañado en esta ocasión por William Holden interpretando al ganadero que prestaba su nombre al título de la película. Por tanto Dmytryk, dadas su solvencia y experiencia en el género, parecía un director muy apropiado para filmar este western, máxime teniendo en cuenta que ya había rodado algunas películas en Europa.

Si a estos nombres se les añaden otros del prestigio del director de fotografía Ted Moore, responsable entre otros de los títulos de James Bond, que parece ser fue recomendado por el propio Connery, o de Ron Beck como jefe de vestuario, está claro que nos encontramos ante un proyecto muy serio, máxime teniendo en cuenta que el coste de la película superó los cinco millones de dólares. Para que os hagáis una idea “La muerte tenía un precio” costó alrededor de seiscientos mil dólares, “El bueno, el feo y el malo” aproximadamente un millón doscientos mil y una producción de tipo medio oscilaba entre los ciento veinte mil y los ciento ochenta mil; es decir, que prácticamente podemos estar hablando de una superproducción dentro del subgénero del western europeo. 
Por todo ello, la decepción tras verla ha sido mayor, ya que nos encontramos ante un western que, para mí, no pasa de correcto. Es verdad que cuenta con un empaque formal superior a la media y que técnicamente está bien hecho, destacando la labor del mencionado Moore que saca un gran partido a la belleza de los paisajes almerienses, pero creo que es lo mínimo que se puede pedir a este tipo de producciones; mientras que, por el contrario, los elementos más importantes de una película, la dirección y el guión, no están a la misma altura.
Así, el guión escrito por el actor James Griffith junto a, entre otros, al también actor y especialista en adaptar novelas de L’Amour, Scott Finch se muestra bastante original en la primera parte de la película para a medida que transcurre ésta transformarse en más convencional, reduciendo la historia a la típica y anodina película de aventuras con un grupo heterogéneo de individuos que intentan sobrevivir en un territorio hostil acechados por enemigos que le superan en número, e incluso cuenta con la típica y fallida escena de amor cargada de frases ridículas, para desembocar en un final algo decepcionante por previsible.
En cuanto a la dirección, Dmytryk muestra su decadencia al limitarse de forma fría y rutinaria a plasmar en imágenes el guión, y sólo en contadas ocasiones, como en el asalto apache al rancho defendido por los europeos, da muestras de un cierto talento; además de recurrir a los peores tics del spaghetti y acusar cierta tendencia al efectismo más facilón.
La parte más destacable e interesante del filme, como señalé anteriormente, se encuentra al principio del mismo ya que a través de un hecho histórico como eran las cacerías y viajes organizados en países “exóticos” para los miembros de las clases altas europeas (al inicio de la película se hace alusión a estos viajes citándose como participantes a personas tan ilustres como Oscar Wilde, Charles Dickens o Rudyard Kipling, acérrimo defensor de la supremacía del hombre blanco) y también mediante los principales personajes se va a llevar a cabo una mirada crítica a la época colonial y a las sociedades que la sustentaban. Así se va a presentar a los europeos como seres prepotentes que, en su soberbia, se consideran superiores a los nativos, por los que sólo sienten desprecio; individuos clasistas y racistas cuya forma de pensar queda resumida en la actitud del embajador que afea la conducta de su mujer al advertirla de que: “No debes hablar con estos asalariados. Limítate a hacerlo con los de nuestra clase”. Y todo ello en un contexto histórico en el que las grandes potencias europeas, representadas sobre todo por Francia e Inglaterra, habían extendido su presencia y poder a través de las colonias de explotación y poblamiento por todo el mundo (Francia, por ejemplo había prácticamente conseguido su sueño de crear un imperio que atravesaba el continente africano de este a oeste, además de tener una fuerte presencia en el Próximo y Medio Oriente y en el Sudeste Asiático, mientras que Gran Bretaña se había expandido de norte a sur en África y estaba a punto de iniciar su proyecto más ambicioso con la construcción de un tren que enlazara El Cairo con Ciudad del Cabo, además de también explotar sus colonias en la Península Arábiga y en la zona de la India y contar con colonias de poblamiento en Australia y Canadá). Al mismo tiempo que se efectúa esta crítica al colonialismo, y a través del grupo heterogéneo que conforman los principales personajes, el filme refleja los profundos cambios que se estaban produciendo en el interior de las sociedades de los países de Europa, fundamentalmente en la Inglaterra Victoriana, en las que frente a la denominada upper class compuesta por una trasnochada, clasista y anclada en el pasado nobleza, representada en el filme por los prepotentes aristócratas británicos y rusos, emergía con fuerza la burguesía, clase social más moderna y acorde con los tiempos de cambio que se vivían cuyos valores principales lo constituían el esfuerzo y el talento, que en este caso aparece representada a través de los personajes de Furton y, sobre todo, Shalako. Así, la incapacidad para adaptarse por parte de los nobles europeos al salvaje Oeste, cuyas reglas no acaban de entender, constituye una clara metáfora del fin de una época y de una clase social dominante por razones de sangre. Lástima que este interesante planteamiento se diluya a lo largo del filme.
Como solía ocurrir en este tipo de superproducciones se contó con un gran elenco actoral. Al frente del reparto dando vida al personaje del título de la película, cuya presentación me recordó al inicio de “Los valientes andan solos” (David Miller, 1962), el escocés Sean Connery, para mí uno de los mejores actores vivos, que intentaba abandonar su imagen como el Agente 007. Creo que ofrece un rendimiento muy inferior al que nos tiene acostumbrados al mostrarse sólo correcto, quizás porque su personaje carece de la ironía y la sorna tan propias de sus mejores actuaciones, pero el caso es que parece desubicado y, en algunos momentos, incómodo como el ex coronel del ejército que, a pesar de entender a los indios, hará todo lo posible para evitar el aniquilamiento de los arrogantes europeos en manos de éstos. Brigite Bardot aporta poco más que su belleza al personaje de la condesa rusa Irina Lazaar, e incluso protagoniza una escena un tanto erótica en la que muestra su espalda desnuda. La verdad es que, dadas sus limitaciones, tampoco creo que se le pudiera pedir más. El gran actor británico Jack Hawkins, habitual en superproducciones de la talla de “El puente sobre el río Kwai” (David Lean,1957), “Ben Hur” (William Wyler,1959), “Lawrence de Arabia” (David Lean,1962), “Zulú” (Cy Endfield, 1964) o “Lord Jim” (Richard Brooks, 1965) como sir Charles Dagget, ejemplo de esta aristocracia caduca e hipócrita, se muestra bastante cansado ofreciéndonos una actuación un tanto desfallecida, actuación en la que pudo influir su reciente operación de un cáncer de laringe. Sin embargo, y para compensar, creo que rayan a gran altura Stephen Boyd, presencia habitual del western hecho en Europa en la década de los setenta e inolvidable Messala en la mencionada superproducción “Ben-Hur”, como Bosky Futon, el desleal y traicionero guía. Un personaje muy interesante pero poco desarrollado. Peter Van Eyck, actor especializado en interpretar oficiales alemanas, que da vida al altanero barón Frederick Von Hallstatt, un individuo que muestra su desprecio por los nativos (cuando Shalako le recuerda que existe un tratado con los indios no duda en afirmar: “¿Tratado? No queremos tratar con salvajes”) y continuamente reivindica su condición (en una escena se dirige a Irina recordándole que “Somos de una recia estirpe”, para más tarde negarse a entregar a Fulton su anillo porque contiene el escudo de su familia); no obstante es un personaje que muestra nobleza y el único que evoluciona a lo largo de la película mostrando su capacidad de adaptación. La otrora chica Bond Honor Blackman en el papel de Lady Dagget, esposa de Charles, que caerá rendida ante los encantos de Bosky Fulton. Y Eric Sykes, perfecto como el mayordomo, un personaje cómico y un tanto esperpéntico encargado de servir las lujosas comidas de los europeos (su presentación le define claramente, ya que en mitad de una cacería en Nuevo México su máxima preocupación es la imposibilidad de servir el champagne a la temperatura adecuada). Junto a ellos un joven Julián Mateos y la siempre gratificante presencia de Woody Strode, también habitual de los westerns hechos en Europa, como el improbable indio Chato. La verdad es que choca un poco ver a un actor de raza negra interpretando a un indio, pero lo cierto es que en “Dos cabalgan juntos” (John Ford, 1961) ya había interpretado a un piel roja, e, incluso, en “Gengis Khan” (1965) y en “Siete mujeres” (1966), también dirigida por el maestro Ford, lo pudimos ver como un mongol. 
La banda sonora compuesta por Robert Farnon cuenta con un aceptable tema principal que se escucha en diversas versiones, incluida una cantada por Jim Dale que recuerda ligeramente al tema “New York, New York” del musical “Un día en Nueva York” (Stanley Donen, 1949) pero menos revolucionado.
Tengo la copia puesta a la venta por Diamond Light que respeta el formato original y cuenta con una imagen y un sonido sólo correctos, además de carecer prácticamente de extras.
En resumen un euro western un tanto decepcionante por los nombres que figuran en él, los medios técnicos de los que se dispusieron y el presupuesto con el que se contó, pero que cuenta con los suficientes aciertos (la original primera parte ya comentada o algunas escenas de acción como el también comentado asalto al rancho y el ataque a la diligencia) para hacer pasar un buen rato si el receptor del mismo no es muy exigente.

PUNTUACIÓN:
HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 5
ACTORES: 6
MÚSICA: 5
MEDIA: 5,4