viernes, 28 de octubre de 2011

LOS SIETE DE PANCHO VILLA

Los siete de Pamcho Villa
1967
España/Usa
Director: José María Elorrieta
Reparto: John Ericson, Nuria Torray, Gustavo Rojo, Mara Cruz, Ricardo Palacios, James Philbrook, Pastor Serrador, Fernando Curiel, Juan Antonio Peral, Maria Perschy, Reginald Gilliam, Antonio Escribano
Guión: Manuel Sebares
Fotografía: Alfono Nieva
Música: Federico Contreras


Coproducción hispano-estadounidense de 1967 dirigida por José María Elorrieta, un realizador y guionista, padre del también director Javier Elorrieta, de amplia filmografía (filmó más de cincuenta películas entre cortos y largometrajes en el período 1945- 1975) en la que predominan los largometrajes de consumo rápido realizados con un limitado presupuesto. A lo largo de su trayectoria abordó todo tipo de géneros como el documental en, sobre todo, una serie de cortos sobre pintores (Rubens, Velázquez, El Greco), la comedia (“Usted tiene ojos de mujer fatal” adaptación en 1962 de una obra de Enrique Jardiel Poncela, o la también adaptación, en este caso de una obra de teatro de Edgar Neville, realizada al año siguiente de “El diablo en vacaciones”), aventuras (“Los conquistadores del Pacífico” de 1963 o “El halcón de Castilla” de 1967), westerns (“El hombre de la diligencia” de 1964, la ya comentada en este blog “Fuerte perdido” realizada al año siguiente o “Si quieres vivir dispara” de 1975), para dedicarse al final de su carrera al fantaterror con títulos como “Las amantes del diablo” (1971) o “La llamada del vampiro” (1972).

Para esta película Elorrieta contó con la financiación de dos pequeñas productoras, la Lacy Internacional Films, con la que colaboró habitualmente a mediados de la década de los sesenta y principios de la siguiente, y la Cinemagic Films en la que participaba el productor y director norteamericano Sidney W. Pink quien llegó a dirigir varios westerns en Europa como “El dedo en el gatillo” de 1965 protagonizada por el estadounidense eterno héroe en los westerns de serie b Rory Calhoun y “Joe Navidad” de 1967, con Jeffrey Hunter en un papel que recordaba al mismísimo Jesús de Nazareth. 


En esta ocasión los astutos productores se valieron de dos reclamos para hacer más comercial el filme. Así, por una parte, el título hace alusión al sobresaliente western de John Sturges “Los siete magníficos” (1960), película que no sólo dio lugar a tres secuelas (entre ellas el euro western ya comentado en este blog “El regreso de los siete magníficos”, dirigida en 1967 por Burt Kennedy con Yul Brynner todavía en el papel de Chris), sino que fue “fuente de inspiración” para el título de muchos westerns como, por ejemplo y para no salirnos del western mediterráneo, “Las siete magníficas” (también comentada en este blog) de 1966 en la que aparecía María Perschy junto a la oscarizada Anne Baxter, “Siete pistolas para Timothy” (que cuenta con su correspondiente reseña) realizado ese mismo año por Romolo Guerrieri y en el que se repetía, además, el esquema de la obra de Sturges, las dos películas sobre la familia escocesa de los MacGregor dirigidos ambas por Franco Giraldi en 1966 y 1967 (la primera de ellas también ha sido comentada en este blog), la ya reseñada "Siete winchester para una matanza" dirigida por Castellari en 1967 o “Los siete del grupo salvaje” de 1972 (con un título que, más difícil todavía, aludía tanto a los magníficos como a la obra maestra de Pekinpah). Mientras que, por otra parte, figura el nombre de Pancho Villa, uno de los más legendarios revolucionarios mejicanos de principios de siglo XX cuya vida ha sido llevada numerosas veces a la pantalla grande interpretado por actores de la popularidad de Wallace Beery, Pedro Armendáriz, Yul Brynner, Telly Savalas o Antonio Banderas; incluso hay un nuevo proyecto, en esta ocasión de Emir Kusturica, para el que se han barajado los nombres de Johnny Deep o Benicio del Toro. 


SINOPSIS: Pancho Villa tras haber invadido Columbus debe retroceder precipitadamente abandonando en su huida un tesoro en territorio carrancista, por lo que encargará recuperarlo a siete de sus mejores hombres capitaneados por el General Urbina. A ellos se los unirá como guía Diego Owens, un mestizo con una cuenta pendiente con Carranza al haber asesinado los hombres de éste a sus padres. 


El largometraje, por tanto, está ambientado, por otra parte pobremente, en la Revolución mejicana, aunque tengo dudas de que sea un zapata western ya que carece de uno de los elementos más característicos de esta corriente como era la fuerte carga ideológica plasmada en la correspondiente reflexión sobre el verdadero valor de la revolución. A diferencia de este tipo de filmes nos encontramos con la típica película de aventuras que, a pesar de haberse filmado cuatro años antes de la ya reseñada “El desafío de Pancho Villa”, se puede entender como una segunda parte de ésta ya que arranca justo cuando acababa la película dirigida por Eugenio Martín tras haber invadido Pancho Villa Columbus en represalia por el apoyo que el gobierno de los EEUU prestó a su enemigo Carranza, acción que provocó a su vez que su vecino del norte, invadido por primera vez por otra potencia, contraatacara al mando del general Pershing penetrando en territorio mejicano durante un año con el objeto de apresar a tan osado revolucionario. Pero mientras que Eugenio Martín tuvo a su disposición un presupuesto bastante holgado para este tipo de productos, lo que le permitió contar con una más que aceptable labor de ambientación, sobre todo a la hora de recrear la ciudad de Columbus, y un elenco internacional con varios actores de mediana cotización; en esta se aprecia una falta de medios notable lo que redunda negativamente en el resultado final del producto (vemos huir a Pancho Villa con unos diez hombres cuando comandó un ejército para atacar Columbus de unos quinientos, el pueblo de Cerezo parece una pequeña aldea apenas poblada...), además de encontrarnos con un elenco menos atractivo con el soso y estirado John Ericson, un actor norteamericano que había trabajado en dos excelentes largometrajes: “Conspiración de silencio” dirigida por John Sturges en 1955 y “Forty Guns” filmada por Samuel Fuller dos años más tarde y en esos momentos alternaba su presencia en series norteamericanas con sus apariciones en largometrajes europeos, dando vida de forma poco convincente a Diego Owens un ingenuo mestizo que se embarca en la aventura por una cuestión personal: vengar a sus padres asesinados por los hombres de Carranza; mientras que el poco conocido actor estadounidense James Philbrook se tiene que conformar con interpretar a un intranscendente sheriff de Cerezo cuyo único rasgo distintivo lo constituye su propensión a los ataques de ira; junto a ellos, completando el reparto internacional, nos encontramos con la austriaca María Perschy en el papel de Vera Stevens, una viuda que protagonizará una de las poco creíbles historias de amor de la película. En cuanto al cupo español está encabezado por una aceptable Nuria Torray, actriz no demasiado considerada que por esos años coincidió en bastantes filmes de Elorrieta como los mencionados “El hombre de la diligencia” o “El halcón de Castilla”, en el papel de la revolucionaria María, un personaje contradictorio que no se sabe por qué acompaña a los revolucionarios y lo hace a pie, además de pasar, sin mucha explicación, de querer a Owens a parecer estar sinceramente enamorada al final del General Urbina; Ricardo Palacios dando vida a Pancho Villa al que se retrata como un individuo desconfiado, impulsivo, intrigante, traicionero y astuto, pero, claro, a pesar de interpretarlo aceptablemente carece del magnetismo de otros actores que también dieron vida al líder revolucionario; y dos sólidos secundarios, como el habitual en este subgénero Gustavo Rojo en el papel del rijoso y primitivo General Urbina y Pastor Serrador, que había participado en los otros dos spaghettis dirigidos hasta ese momento por Elorrieta, como un viejo guerrillero llamado Manuel que representa la pureza y el idealismo revolucionario frente al resto de los miembros del grupo que se comportan como bandidos.

Además de la pobre ambientación, la película cuenta con un flojo guión del veterano escritor Manuel Sebares en el que abundan los tiempos muertos y las situaciones simples (Owens aparece como un individuo que se deja convencer fácilmente; tras apresarlo a los revolucionarios no se les ocurre atarle y, claro, se escapa…), mientras que la dirección de Elorrieta se me antojó descuidada y precipitada, dando la sensación en muchas escenas de que estuviéramos viendo una película más antigua (incluso recurre en algunas tomas a la cámara rápida). 


En resumen un mediocre spaghetti, que me resultó muy aburrido por primar al melodrama (se desarrollan dos insustanciales historias de amor que aportan muy poco a la trama) frente a la épica, de tal forma que ni el final, un tanto precipitado, en el que vemos acabar a Owen con los bandidos-revolucionarios uno a uno consigue, para mí, levantar el filme.



PUNTUACIÓN: 

GUIÓN: 3
AMBIENTACIÓN: 3 
DIRECCIÓN: 3
ACTORES: 5 
MÚSICA: 4
MEDIA: 3,6

martes, 25 de octubre de 2011

Lionel Stander



Actor estadounidense (Nueva York 1908-Los Ángeles 1994), hijo de inmigrantes rusos cuya imagen ha quedado asociada al personaje de Maxwell, el chofer y hombre de confianza de Stefanie Powers y Robert Wagner en la exitosa serie “Hart y Hart”. 


Tras estudiar periodismo en la Universidad de Carolina del Norte y trabajar como redactor en el Evening Journal (prestigioso diario de Nueva York), se decantará por la profesión de actor apareciendo en Broadway en varios montajes de obras de Eugene O’Neil. Además, gracias a su voz profunda, su presencia será reclamada durante los años treinta y cuarenta para numerosos programas de radio como “El show de Eddie Cantor”, “El show de Bing Crosby”, la serie “El alcalde de la ciudad”, “El show de Fred Allen”, etc.


Al mismo tiempo, en la década de los treinta, se produjo su debut en el cine, interpretando generalmente, dado a su peculiar físico, papeles de matones y hombres rudos aunque en ocasiones no exentos de un buen corazón. 


Así hasta principios de los años cuarenta se le pudo ver, entre otros, en la comedia dirigida en 1936 por Leo McCarey y protagonizada por Harold Lloyd “La vía láctea” (Stander interpretaría el mismo papel en el remake realizado por Norman Z. McLeod en 1946 a mayor gloria del cómico Dany Kaye “El asombro de Brooklin”), “El secreto de vivir” (1936) típica comedia new dealista de Frank Capra con Gary Cooper y Jean Arthur, la primera versión de “Ha nacido una estrella” dirigida por William Wellman en 1937 e interpretada por Janet Gaynor y Fredric March o “El último gangster (1937) de Edward Ludwig en la que trabajó junto a Edward G. Robinson y James Stewart.


La década de los cuarenta marca el comienzo de los problemas de Stander con el Comité de Actividades Anti Estadounidenses al ser un miembro muy activo del Partido Comunista, por lo que será expulsado de la Republic. No obstante este hecho no le impedirá participar con pequeños papeles en largometrajes de la calidad de “Los verdugos también mueren” (1943) drama bélico basado en una obra de Bertolt Brecht dirigido por Fritz Lang e interpretado por Brian Donlevy, la cinta bélica “Guadalcanal” (1943) o el film negro de Henry Hathaway “Yo creo en ti” (1948) con James Stewart y Richard Conte. 


En los años cincuenta sus problemas, debido a su ideología, se agravan al verse incluido en la tristemente famosa lista negra resultado de la denominada caza de brujas impulsada por el paranoico senador McCarthy, por lo que estuvo más de diez años sin aparecer en largometrajes, sobreviviendo como corredor de bolsa en Wall Street. 


Su vuelta al cine se produjo a principios de los años sesenta y se le pudo ver, entre otras, en un pequeño papel en la comedia de Tony Richardson “Los seres queridos” de 1965. Ese mismo año decide trasladarse a Europa e interviene en una obra clave en la filmografía de Roman Polanski “Callejón sin salida” (1966). Durante su permanencia en el viejo continente (aproximadamente diez años) participará en películas de todo tipo de géneros: poliziescos como “Milán calibre 9”, aventuras como “La isla del tesoro” junto a Orson Welles, comedias como “Las tentaciones de Benedetto” y spaghettis de los que rodó ocho, entre ellos la obra maestra de Sergio Leone “Hasta que llegó su hora”. 


A mediados de los setenta regresa a EEUU y, tras aparecer en filmes como “El puente de Casandra” (típico largometraje de catástrofe que contó con un gran elenco encabezado por Sofía Loren y Richard Harris) o el musical de Martin Scorsese “New York, New York” con Liza Minelli y Robert De Niro, obtuvo el papel de su carrera como el mencionado Max en la serie “Hart y Hart”, serie que se mantuvo en antena desde 1979 hasta 1984 con más de 100 episodios emitidos. 


En los últimos años de su vida volvería a interpretar al personaje del chofer de los Hart en una serie de episodios sueltos realizados en 1993 y 1994. 


A finales de 1994 moría debido a un cáncer de pulmón. 


Filmografía SW 

1968.- “Más allá de la ley”
1968.- “Hasta que llegó su hora”/// Reseña Adicional
1969.- “La colina de las botas” 
1972.- “Tutti fratelli nel west…per parte di padre”
1972.- “Tedeum”
1973.- “Partirono preti, tornarono…curati” 
1975.- “Guerreras rojas”
1975.- “Las nuevas aventuras del zorro”

sábado, 15 de octubre de 2011

REZA AL MUERTO Y MATA AL VIVO

Reza al muerto y mata al vivo (Prega il morto e ammazza il vivo )
Italia
1971
Director: Giuseppe Vari
Reparto:Klaus Kinski, Victoria Zinny, Paolo Casella, Dino Strano, Patrizia Adiutori, Anthony Rock, John Ely, Dante Maggio, Fortunato Arena, Anna Zinnemann, Adriana Giuffrè, Gianni Pulone, Aldo Barberito, Goffredo Unger, Mimmo Maggio
Guión: Adriano Bolzoni
Fotografía: Franco Villa
Música: Mario Migliardi

Producción italiana de 1971 al frente de la cual se encuentra Giuseppe Vari, un director y ocasional guionista también conocido como Joseph Warren, su habitual seudónimo, que, personalmente, me resulta bastante interesante ya que consiguió con unos presupuestos mínimos poner en pie varios spaghettis de una calidad más que aceptable (dirigió siete entre 1966 y 1972 como “Un agujero en la frente”, “El último pistolero”, los dos ya comentados en el blog, o el que nos ocupa) en los que, a diferencia de lo acostumbrado en este subgénero, se da mayor importancia al desarrollo de la historia y a la relación entre los personajes, los cuales están más desarrollados de lo que era habitual en el western mediterráneo, que a la acción mecánica; además de apreciarse en su labor como director una mayor preocupación formal en la composición de las escenas.



SIPNOSIS: John Webb, un misterioso pistolero, tras acabar con Ramón, el hombre que debía guiar a Hogan y sus muchachos a Méjico, los cita en una oficina de telégrafos, el Rancho Chacal, con el objeto de convertirse en su guía a cambio de la mitad del botín robado por éstos (100.000 dólares en lingotes de oro). Pero su situación se complicará con la llegada al rancho de una diligencia con cuatro pasajeros que dificultarán sus verdaderos planes.


Curioso spaghetti western estructurado, gracias al guión del veterano Adriano Bolzoni (colaborador de Vari en los últimos cuatro westerns dirigidos por él), en tres partes diferenciadas:


-Un pequeño prólogo en el que el protagonista cita a la banda de Hogan en el rancho, se desarrolla básicamente en exteriores caracterizados por su profusa vegetación y sirve para presentarnos a los miembros de la banda.


-La parte central, quizás lo mejor de la película, con un marcado carácter claustrofóbico al contar con un solo escenario, la oficina de telégrafos, en el que se desarrolla la acción caracterizada por una atmósfera malsana y opresiva y una tensión creciente, no sólo por la relación que mantienen los miembros de la banda basada en la desconfianza, la traición y la falta de lealtad, sino también por la aparición con la llegada de la diligencia de otros cuatro pasajeros, dos de ellos mujeres, lo que sirve para introducir un nuevo componente: el sexual, debido a la atracción que éstas ejercen sobre los miembros del grupo y las ambiguas relaciones que se establecen entre ellos, sobre todo entre Hogan y Eleanor caracterizada por un afán de dominación. Este componente sexual constituye una novedad ya que fue poco explotado en el spaghetti, pero, en esta ocasión, planeará a lo largo del resto del film, y se convertirá en un elemento de gran importancia.


Es en esta parte, que funciona más como un thriller (recuerda a filmes como “El bosque petrificado” o “Cayo Largo”) con una serie de personajes retenidos y amenazados por unos gángsteres, que como un western (aunque también podemos citar ejemplos de situaciones parecidas como en la estupenda “El correo del infierno” de Henry Hathaway o los intranscendentes spaghettis “El valor de un cobarde” dirigida por Leon Klimovsky y “La diligencia de los condenados” de Juan Bosch, esta última también reseñada) en la que Vari se luce, tanto al dosificar el suspense, como en la planificación y fuerza que sabe dotar a algunas escenas con el objeto de mostrarnos el carácter agresivo de los miembros de la banda. En este sentido sobresale la desarrollada en el establo mientras cae una gran tormenta (metáfora del estado de ánimo de los personajes) con una estética cercana al cine gótico y de una gran brutalidad.


-El tramo final con la calamitosa marcha de la mayoría de los supervivientes hacia Méjico que contrasta con el anterior, no solamente por la abrupta transición entre ambas, hecho que quizás se deba a la necesidad de no superar un determinado minutaje, sino porque vuelve a desarrollarse en el exterior y en esta ocasión, frente a la tormenta de la noche anterior, en días soleados y en paisajes desérticos, transformándose la película en el típico filme de itinerario en el que la naturaleza cobra gran importancia y en la que los personajes sufrirán todo tipo de vicisitudes: falta de agua, ataques de serpientes, arenas movedizas, traiciones…


En cuanto a la banda sonora, fue compuesta por Mario Migliardi y cuenta con dos temas cantados por Ann Collin, el principal con el título de “Ese hombre” es una bonita balada de influencia jazzística pero para mí poco apropiada para el objeto de la narración, que se repite de forma instrumental y silbada, y el otro llamado “I´m not your pony” apenas se escucha durante unos segundos en la parte del desierto. El resto de temas incidentales creo que carecen de interés y me resultaron por momentos bastante cargantes dado su carácter experimental, recordándome a la extraña banda sonora compuesta por este músico para “Mátalo”.



Por lo que respecta a los actores, Vari le proporcionó a Klaus Kinski un personaje para su lucimiento, incluso su entrada en escena parece muy pensada para impactar al espectador, y el actor creo que no desaprovechó la oportunidad ofreciéndonos una aceptable actuación como Hogan, el discutido e imprevisible líder de la banda, un neurótico, impulsivo, cruel y vengativo pistolero con claros problemas sexuales (es incapaz de culminar una relación) que porta un látigo, símbolo fálico, en clara alusión a su impotencia. Personaje de cierta complejidad que ve en el robo del oro la posibilidad de alejar de la miseria a su hijo y de ofrecerle una vida más prospera a través de los estudios, evitando con ello el que pueda convertirse en lo que él es, en definitiva un paria. Como contrapunto a su interpretación expansiva nos encontramos con la de carácter contenido llevada a cabo por Paul Sullivan, en realidad Paolo Casella que había coincidido con Kinski el año anterior en “La bestia” (largometraje comentado en el blog), al dar vida a John Webb, un enigmático y lacónico pistolero, cuyos verdaderos planes, relacionados con un luctuoso hecho del pasado, conoceremos muy avanzada la película y que se servirá de su inteligencia y no de la violencia (si no recuerdo mal sólo mata a dos hombres) para conseguir sus objetivos, aprovechándose de la desconfianza existente entre los miembros del grupo de Hogan. Junto a ellos, en un papel bastante bien perfilado como una mujer ambiciosa, manipuladora y sin escrúpulos, la argentina Victoria Zinny (actriz que debutó en “Viridiana” de Luis Buñuel y a la que volveríamos a ver en “Keoma”) la cual presta, en una acertada labor de casting, su peculiar físico de rasgos duros a Eleanor, antigua prostituta casada por interés con un adinerado individuo, quien establecerá un peculiar juego de dominación no exento de connotaciones masoquistas con Hogan, aprovechándose de los problemas sexuales de éste; y Patrizia Adiutori, actriz de escasa filmografía (fue la primera víctima del asesino de la notable “Torso. Violencia carnal”, giallo dirigido por Sergio Martino), en su única incursión en el spaghetti, da vida de forma bastante sosa, aunque hay que reconocer que el horroroso doblaje no la favorece, a Santa, la empleada del puesto de telégrafos que se enamorará de Webb. El resto del reparto está compuesto por actores habituales del género que despachan con bastante oficio a sus personajes: Dino Strano, aquí con el seudónimo de Dean Stratford, como Reed el desconfiado lugarteniente de Hogan; Dan May, en realidad Dante Maggio, en el rol del propietario del puesto, el único personaje con rasgos cómicos; o Aldo Barberito como Greene, otro de los hombres de Hogan que pagará muy cara su traición.

Tengo la versión editada, junto con “…Y dejaron de llamarle Camposanto”, por Wild West que, aunque no respeta el formato original, cuenta con una imagen decente, aunque no se puede decir lo mismo del sonido y de la calidad del doblaje, ambos bastante deficientes, por lo que cuesta entender a los actores en algunas escenas.

En definitiva un singular y digno spaghetti, con un ritmo pausado y bien narrado por Vari que al contar con un presupuesto ínfimo, hecho supongo agravado por los emolumentos cobrados por Kinski, supo hacer de la necesidad virtud.

PUNTUACIÓN:

GUIÓN: 6
AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 6
MÚSICA: 5

MEDIA: 5,6

martes, 4 de octubre de 2011

ODIO AL VECINO


Odio al vecino (Odia il prossimo tuo)
Italia
1968
Director:Ferdinando Baldi
Reparto: Clyde Garner, George Eastman, Horst Frank, Nicoletta Machiavelli, Roberto Risso, Ivy Holzer, Paolo Magalotti, Franco Fantasia, Claudio Castellani, Giovanni Ivan Scratuglia, Remo De Angelis, Franco Gulà, Osiride Pevarello
Guión: Luigi Angelo, Ferdinando Baldi, Roberto Natale
Fotografía: Enzo Serafin
Música: Robby Poitevin

Producción italiana de 1968 aunque también aparece datada, creo que erróneamente, en 1970 dirigida por Ferdinando Baldi, un realizador que, especializado en el cine de sandalias y espadas (“David y Goliat” de 1960 con un decadente Orson Welles, “La espada del vencedor” codirigida por el bondiano Terence Young y protagonizada por un avejentado Alan Ladd o “La batalla de Germania” de 1967 con, el por entonces asiduo, Cameron Mitchell), nos ofreció, para mi gusto, sus mejores aportaciones a este subgénero en los últimos años de la década de los sesenta; así rodaría sucesivamente la tragedia con ecos shakespeareanos “Adiós Texas” (1967) brindándole a Franco Nero uno de sus primeros papeles protagonistas, la notable precuela de la mítica “Django” con Terence Hill dando vida al inmortal personaje en “El clan de los ahorcados” (1968) y, para mí la mejor de todas, “Tierra de gigantes” (1969) una estupenda adaptación al mundo del Far-West del mito de Orestes. Para en la década siguiente embarcarse en productos de dudosa calidad como “El justiciero ciego” (1971) o “Get mean” (1976) ambas protagonizadas por Tony Anthony e incluso sucumbir a la funesta moda del spaghetti cómico con filmes como “Carambola” (1974) y “Les llamaban los hermanos Trinidad” (1975).

SINOPSIS: Bill Dakota, ante la pasividad de los habitantes de un pequeño pueblo fronterizo llamado San Antonio, es asesinado junto a su mujer por Gary Stevens quien, además, le roba el mapa de una mina de oro. Su hermano Ken, a partir de ese momento, no descansará hasta conseguir vengar a su hermano, lo que le llevará a Méjico y a conocer a Chris Malone, un rico hacendado, socio de Gary y verdadero cerebro de la operación.


El filme que nos ocupa, por tanto, fue realizado en el mejor momento de Ferdinando Baldi respecto a este subgénero y en él combina tres de los temas más característicos del spaghetti. Por una parte tenemos la típica historia de venganza, representada en el personaje de Ken, pero junto a ella se desarrollan otros dos temas, la búsqueda de un tesoro, en este caso la mina de oro representada en el mapa de la misma que, dividido en dos mitades, poseen Gary y Chris; lo que da pie al tercer tema, el de la traición ya que ambos se embarcarán en un juego basado en el engaño y la deslealtad mutuos del que se beneficiará nuestro antihéroe.



El largometraje me enganchó desde los originales títulos de crédito que aparecen superpuestos en un periódico mientras se ven escenas de la película tamizadas en color azul, para a continuación brindarnos la, para mí, mejor secuencia del largometraje en la que vemos a un desesperado Bill Dakota pedir auxilio a los acobardados habitantes de San Antonio, quienes, incluido el sheriff, se esconden en el interior de sus casas y permiten que tanto Bill como su mujer sean asesinados por Gary mientras su hijo lo contempla. Junto a esta escena, el filme cuenta con buenas ideas como la original tortura a la que es sometido Gary por Chris con el objeto de hacerse con la otra mitad del mapa o las peleas, al estilo de los gladiadores romanos al portar una especie de pequeño escudo y un doble garfio, a las que somete Chris a sus esclavos que, a pesar de estar descontextualizadas, son de una gran espectacularidad, están muy bien rodadas y creo fundamentales para conocer tanto el verdadero carácter de Chris, una especie de emperador romano dueño de propiedades y hombres, como el de su mujer.


Además la película cuenta con una sobria puesta en escena del director, más cercana al western clásico que a los excesos del spaghetti, así, por ejemplo, apenas si conté dos o tres zooms a lo largo de la misma; y una estupenda, adecuada y variada banda sonora compuesta por Robby Poteivin, con no solamente un notable tema principal, la canción “Two friends”, que recuerda ligeramente a los compuestos por Francesco de Massi, incluso esta cantada por Raoul habitual interprete de las composiciones de aquél, sino también con un par de temas bastante buenos en los que cobra protagonismo la trompeta, otro de cierta sonoridad mejicana y alguno de corte cómico que ilustra la llegada del juez a San Antonio para enjuiciar, en una de las secuencias más flojas del filme, a Gary.



Pero el problema del spaghetti, para mí, es el flojo guión en el que abundan situaciones desconcertantes como por ejemplo que Ken acabe con dos ayudantes del sheriff y después se pueda pasear tranquilamente por el pueblo e incluso asista al juicio de Gary sin que nadie le detenga o la actitud de aquél que pasa de desear por encima de todo vengar a su hermano a priorizar apoderarse del plano de la mina; contradictorias como por ejemplo la paliza que recibe el protagonista a manos de los hombres de Chris con el objeto de que libere a Gary de la cárcel para, en la siguiente escena, ser éstos los que le rescatan en el momento en el que iba a ser ahorcado; sorprendentes, así en un momento dado y apuntando a Chris, Gary ordena a los hombres de éste, con la aquiescencia del hacendado, que tiren las armas pero éstos hacen caso omiso a la orden de su patrón con lo cual la única explicación es que sean todos sordos; e incluso ridículas ya que a Gary en vez de ahorcarle en el pueblo, lo llevan a mitad del campo. Además parece en algunas secuencias como si faltase información, no sé si será por algún corte que haya sufrido el filme. Así me dio la sensación que la mujer de Chris, por sus reacciones al ver enfrentarse a José con Gary, mantenía algún tipo de relación con éste, relación que ni tan siquiera está insinuada. Y a ello hay que añadir un final anticlimático, que no desvelaré, bastante flojo para un spaghetti.


Otro elemento positivo de la película, junto a las localizaciones en las que se evitan las sempiternas zonas desérticas, es la pareja de malvados. Así, Baldi volvió a contar con George Eastman y Horst Frank con los que había trabajado ese mismo año en “El clan de los ahorcados”. Ambos están realmente bien encarnando a los personajes negativos del largometraje. Eastman, en realidad Luigi Montefiori, un actor que por su gran estatura (mide más de dos metros) tuvo problemas a lo largo de su carrera para ser contratado ya que a los protagonistas no les solía gustar enfrentarse a un tipo que les sacaba más de una cabeza, hace una gran trabajo como Gary un intuitivo, violento y tosco pistolero encargado de hacer el trabajo sucio y capaz de asesinar a sangre fría a Bill y a su mujer; mientras que Horst Frank, para mí uno de los grandes malvados del spaghetti, vuelve a bordar el papel de taimado, refinado, cruel y traicionero villano. Pero de nuevo con el reparto nos encontramos con un problema, ya que el protagonista Clyde Garner (seudónimo del actor griego Spiro Focas que, entre otras, participó en “Rocco y sus hermanos” de Visconti, además de trabajar en Italia con directores de la talla de Cotaffavi, Camerini y Orsini) como Ken Dakota me pareció bastante soso y carente del magnetismo de la pareja Eastman-Frank por lo que se produce un claro desequilibrio. Además este actor tiene un cierto parecido con Gianni Garko por lo que me pasé toda la película añorando a este último. Junto a ellos una desaprovechada Nicoletta Machiavelli en el casi anecdótico papel de la mujer de Ken, el habitual del subgénero Franco Fantasia que, además de hace labores de stunt, encarna al sheriff del pueblo y el todoterreno Roberto Risso, en su única incursión en el western, como Duke, el sepulturero del lugar que ayudará a Ken y sirve de contrapunto cómico.



En resumen un aceptable spaghetti que tiene su talón de Aquiles en el guión, pero gracias a la competente dirección de Ferdinando Baldi que consigue dotar al filme de un buen ritmo, a la estupenda labor de fotografía de Enzo Serafin, cuya mayor aportación al género fue “Los días de la ira”, la notable banda sonora y las esplendidas interpretaciones de los malvados George Eastman y Horst Frank se ve con agrado y, creo, no defraudará a los aficionados al euro western.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 6
ACTORES: 6
MÚSICA: 7


MEDIA: 6