miércoles, 27 de junio de 2012

viernes, 15 de junio de 2012

TRES HOMBRES BUENOS


Tres hombres buenos 
1963
España-Italia
Director: Joaquín Romero Marchent
Reparto: Geoffrey Horne, Paul Piaget, Fernando Sancho, Robert Hundar, Massimo Carocci, Cristina Gaioni, Giuseppe Addobatti, Raf Baldassarre, Aldo Sambrell, Rosa del Río, Antonio Gradoli, José Jaspe, Donatella Marrosu, Turia Nelson, Jesús Tordesillas, Simón Arriaga, Jesús Guzmán 
Guión: Jose Mallorquí
Fotografía: Rafael Pacheco
Música: Manuel Parada

Coproducción italo-española de 1963 en la que intervinieron tres nombres capitales para el nacimiento del western europeo: el productor Eduardo Manzanos Brochero, el escritor y guionista José Mallorquí y el director Joaquín Luis Romero Marchent, que ya habían colaborado en el primitivo díptico sobre personaje creado por Mallorquí, “El Coyote” (“El Coyote” de 1955 y “La justicia del Coyote” de 1956); para embarcarse en 1962 en la adaptación al cine de otro héroe popular de origen hispano, “El Zorro” creado por Johnston McCullen, en otros dos filmes “La venganza del Zorro” y “Cabalgando hacia la muerte”. En esta última se incorporó al terceto como productor el abogado Alberto Grimaldi, otro personaje fundamental para el desarrollo del euro-western.

Animados por la acogida, sobre todo en Italia, de las aventuras del Zorro el cuarteto decide realizar otro western para lo que adaptarán de nuevo unos personajes creados por Mallorquí, bajo el seudónimo de Amadeo Conde, con anterioridad a “El Coyote” y como encargo de la Editorial Molino para competir con el personaje de “Pete Rice”, en la serie de marcado carácter hispánico Tres hombres buenos, de la que se editaron catorce títulos entre 1942 y 1947, con ilustraciones, entre otros, del prestigioso Carlos Freixas.  

SINOPSIS: La mujer de Don César Guzmán, un hacendado de origen español, es asesinada por un grupo de bandidos que, además, le roban el dinero que tenía depositado en su caja fuerte. A partir de ese momento el objeto de la vida del hacendado lo constituirá la venganza, para la que contará con dos pistas, un alfiler que arrancó su mujer al asesino antes de morir y la herradura perdida por uno de los caballos de los bandoleros; así como, con la desinteresada ayuda de dos pistoleros, el portugués Joao de Silveira y el mejicano Diego Abriles. 

La película, por tanto, pivota en torno al argumento de la venganza, uno de los temas más desarrollados por los westerns hechos en Europa, incluso por el propio director en sus dos mejores westerns (la estupenda y comentada en este blog “Condenados a vivir” no creo que se pueda considerar así) pero sin la hondura y profundidad con la que fue tratada en los mismos. Así, en la también comentada en este blog “El sabor de la venganza” (1963), Romero Marchent nos mostraba en la fabulosa escena final cómo ésta sólo genera muerte y dolor, y en “Antes llega la muerte” (1964), que también cuenta con su correspondiente entrada, el personaje de Ringo se embarcaba en un viaje físico y espiritual, en el que el perdón jugaba un papel básico, que le transformaba profundamente y, en cierta forma, le redimía convirtiéndole en un hombre nuevo, como quedaba puesto de manifiesto en una bellísima escena en la que ofrecía agua de su cantimplora a aquél que herido de muerte había sido hasta ese momento el objeto de su venganza. Sin embargo, y a diferencia de estas películas, el largometraje que nos ocupa carece de cualquier consideración moral en torno a la venganza y el protagonista actúa de forma monolítica (muy avanzado el filme, ante la pregunta de una vecina acerca de la posibilidad de que perdone a los asesinos de su mujer, él sin dudarlo responde “Nunca, ni aún después de muertos los perdonaré”). 

Pero, para mí, el principal problema no radica en esta falta de consideraciones morales sino en la irregularidad del filme, que cuenta con un comienzo vertiginoso en el que asistimos al asesinato de la mujer del protagonista, al ajusticiamiento por parte del héroe de tres de los participantes en el luctuoso acontecimiento, a su encuentro con el portugués, al enterramiento de su mujer y al enfrentamiento de César con otro de los bandidos; para a partir de ese momento, que coincide con la aparición de Diego, la película hacerse más dispersa, abandonar durante gran parte del metraje el tema principal centrándose en otra subtrama basada en la corrupción existente en Fuente Cedros y dar mayor protagonismo a la relación amor-odio existente entre Joao y Diego, con lo que el desarrollo de la historia y el ritmo de la película se resienten notablemente.

Por el contrario, como aspecto positivo tenemos la más que correcta y clásica labor del director que consigue escenas bastante notables como aquella con la que se inicia la película mediante un bello y largo travelling a lo largo de una tapia, la del cementerio con un precioso contrapicados desde la tumba enfocando al desconsolado héroe o el enfrentamiento final entre Diego y el sicario McCoy en la oficina del sheriff que se produce fuera de campo con lo que consigue un momento de gran suspense hasta conocer el resultado del mismo. No obstante en su debe, para mí, debe anotarse esa tendencia excesiva hacia el melodrama con escenas que no aportan demasiado al filme y rompen el ritmo de la película como en la que Don César vuelve a su hacienda vacía y recorre desconsoladamente las distintas habitaciones de la misma, secuencia orquestada, además, con un tema excesivamente trágico.

Por otra parte el espíritu clásico del filme, apuntado en la dirección, queda también patente en algunas referencias a westerns estadounidenses. Así, no creo que sea casualidad que los bandidos sean siete, número mágico para el aficionado al western desde que John Sturges hizo cabalgar en 1959 a sus magníficos; mientras que la escena en la que vemos pasar los años mientras Don César y Joao buscan a los asesinos de la esposa del primero por unos paisajes nevados me recordó a otra muy similar de “Centauros del desierto” (John Ford, 1956). Incluso la estructura circular del largometraje, al comenzar y finalizar en la misma localidad, también recuerda a la mencionada obra maestra, aunque este hecho no sé si se debió a la necesidad de convertir la obligación en virtud ante el escaso presupuesto con el que se contó, como se aprecia en las escasas localizaciones y en la pobre ambientación de la película.  

Otro aliciente del largometraje lo constituye el elenco actoral, puesto que salvo en el caso del protagonista, el soso actor argentino Geofrey Horne que tuvo su momento de gloria al formar parte en 1957, junto a William Holden y Jack Hawkins, del comando encargado de volar “El puente sobre el Río Kwai” en la grandiosa superproducción de David Lean, forman parte del reparto interpretes cuyos rostros se harían muy familiares para los aficionados a este subgénero. Así, como los amigos de Don César Guzmán nos encontramos por una parte a Paul Piaget, una especie de Charlton Heston europeo pero sin el carisma y el talento de éste que rodaría siete westerns en apenas cuatro años para después desaparecer, dando vida al curioso, por ser una figura de nacionalidad extraña para un western, pistolero portugués Joao de Silveira, el típico aventurero romántico, de nuevo recuerda a algún personaje de “Los siete magníficos”, que ayudará desinteresadamente a Don César porque según sus propias palabras “sin riesgo en la vida no merece la pena vivir”; mientras que el gran Fernando Sancho, uno de los iconos indiscutibles del western hecho en Europa, encarna al mejicano Diego Abriles, un personaje que repetirá en decenas de spaghettis y que se caracterizaría por su personalidad expansiva y dicharachera, además de presentárnoslo aquí como un individuo enamoradizo y, al igual que el portugués, muy celoso de su honor lo que le lleva a estar dispuesto en todo momento a batirse en duelo. Como personajes negativos nos encontramos al “marchentiano” Robert Hundar, en realidad Claudio Undari, que con el paso del tiempo se convertiría en uno de los grandes malvados de este subgénero, interpretando en esta ocasión al pérfido pistolero McCoy, el cual presenta muchas características con el personaje al que daría vida al año siguiente en la también comentada en este blog “Brandy”, puesto que pone sus revólveres al servicio del alcalde corrupto y viste totalmente de negro; además de en pequeños papeles a Raf Baldassarre como el corrupto ayudante del sheriff de Fuente Cedros y a Lorenzo Robledo como uno de los bandidos. Por supuesto no puedo dejar de citar a un insólito, por aparecer afeitado, Aldo Sambrell, figura casi indispensable del euro-western, en su debut en este subgénero en un papel, ¡cómo no!, de villano. 

Por último, y en relación tanto con los personajes como con la ambientación del largometraje, cabe señalar otra característica de los filmes de esta primera etapa en los que intervino Mallorquí consistente en el peso del elemento hispano. Así, la película se desarrolla en un pueblo fronterizo y dos de los principales personajes son hispanos: Don César, un californiano de origen español, y Abriles, un mejicano bebedor de tequila y no de whisky, que, además, son los personajes positivos frente a los negativos (McCoy, el alcalde Hopkins, Bannon), todos ellos de ascendencia anglosajona (incluso el honrado sheriff de Fuente Cedros que renuncia a su cargo para no encarcelar a los héroes se llama José María y el único hacendado que apoya a Don César es don Julio Benavente). 

Como curiosidad relacionada con los primeros westerns rodados en España, comentaros que en el díptico sobre “El Coyote” y, por lo menos, en uno de los dos filmes sobre “El Zorro” participó como guionista el posteriormente director de culto Jesús Franco. 

En definitiva, un correcto western cuyo mayor hándicap es su exiguo presupuesto pero con un valor histórico indudable, por lo que lo recomiendo, sobre todo, para aquellos aficionados especialmente interesados en el inicio de la andadura del western hecho en Europa.  


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5 
AMBIENTACIÓN: 4 
DIRECCIÓN: 6 
ACTORES: 5 
MÚSICA: 5 

MEDIA: 5

miércoles, 13 de junio de 2012

Leo Anchóriz


Actor español (Almería 1929-Madrid 1987) cuyo verdadero nombre era Mariano Leopardo de Anchóriz Fustel y al que también se le pudo ver en alguna coproducción bajo el seudónimo de Leo Anchoris.

Hombre inquieto, de fuerte personalidad, basta cultura (estudió, tras la Guerra Civil, Bellas Artes en la Real Academia de San Fernando y también se acercó al mundo de la escritura y la música) y gran inteligencia, pronto dirigiría sus pasos, gracias a sus amigos Conchita Montes y Pedro Lazaga, hacia la interpretación. No obstante nunca olvidó su inclinación por la pintura, sobre todo como afamado cartelista, alternando ambos oficios; e, incluso, aplicó sus conocimientos pictóricos al mundo del teatro y el cine, y se le pudo ver en representaciones teatrales y filmes en calidad de decorador y director artístico.

Gran amigo, además de Pedro Lazaga, de directores como José María Forqué, Jaime de Armiñán y Enzo G. Castellari, con cuya familia llegó a vivir en Roma, su andadura como actor se inició en 1957 con “Las muchachas de azul”, típica comedia de parejas dirigida por Pedro Lazaga que contó con un gran reparto encabezado por Analía Gadé, Fernando Fernán Gómez y Tony Leblanc, a la que siguieron “El Tigre de Chamberi” (1958) una divertida comedia de boxeo con José Luis Ozores y, otra vez, Tony Leblanc, el drama rural con tratamiento casi de western “Duelo en la cañada” (1959) del injustamente olvidado Manuel Mur Oti y “Milagro a los cobardes” (1962), otro drama, en este caso en torno a la vida de Jesús de Nazareth, de nuevo dirigido por Mur Oti y protagonizado por la norteamericana Ruth Roman por el que obtuvo el premio al Actor Revelación en el Festival de San Sebastián .

Con el comienzo de la década de los sesenta y el auge del cine de género europeo se le podrá ver en numerosas coproducciones: péplum como “El gladiador invencible” (1961) y “El valle de los hombres de piedra” (1963), ambas dirigidas por Alberto de Martino y con Richard Harrison en el papel estelar; aventuras como los dos filmes sobre Sandokán, personaje creado por Emilio Salgari al que dio vida el culturista Steve Reeves, que fueron dirigidos sucesivamente en 1963 (“Sandokán el magnífico”) y 1964 (“Los piratas de Malasia”) por Umberto Lenzi; terror como “Horror” (1963) de nuevo dirigido por Alberto De Martino; bélicas como la curiosa “Marcha o muere” (1962) sobre un pelotón francés, liderado por un maduro Stewart Granger, en la Guerra de Argelia; y, por supuesto, westerns, de los que llegó a rodar diez en doce años, entre los que destacan “Los desesperados” (Julio Buchs, 1969) en el que encarnaba a uno de los miembros de la banda liderada por George Hilton y “Mátalos y vuelve” (1968) una especie de “Doce del patíbulo” trasladado al Oeste por Enzo G. Castellari, con el que colaboraría en el guión del thriller “Los fríos ojos del miedo” (1971) protagonizada por varios habituales del spaghetti como Frank Wolff y Gianni Garko.

Al mismo tiempo se le siguió viendo en películas españolas (comedias, dramas, e incluso musicales al servicio de Sara Montiel y Marisol) y en televisión en series como “Confidencias”, “Tiempo y hora”, “Ficciones” o concursos como “A simple vista”, además de desarrollar su carrera como guionista, en títulos como “Carola de día, Carola de noche” (Jaime de Armiñan, 1969) o “La petición” dirigida en 1976 por Pilar Miró con la que volvería a colaborar aunque sin estar acreditado en “Gary Cooper que está en los cielos”, y su faceta de director artístico en largometrajes como “No es nada, mamá, sólo un juego” (José María Forqué, 1974).

Su última aparición delante de una cámara tuvo lugar en el episodio “Tango” (1977) de la serie de televisión “Teatro Club”.

Filmografía SW:

1965.- El dedo en el gatillo. 
1966.- Siete pistolas para los Mac Gregor
1967.- Siete mujeres para los Mac Gregor. 
1968.- Llego, veo, disparo. 
1968.- Mátalos y vuelve.  
1969.- Los desesperados. 
1971.- O Cangançeiro. 
1972.- ¡Qué nos importa la revolución!. 
1973.- Todos para uno, golpes para todos. 
1976.- Los locos del oro negro.

miércoles, 30 de mayo de 2012

GRINGO


Gringo (Duello nel Texas)
1963
España/Italia
Director: Ricardo Blasco
Reparto: Richard Harrison, Giacomo Rossi-Stuart, Mikaela, Sara Lezana, Daniel Martín, Rodolfo de Campo, Bernabe Barta Barri, Aldo Sambrell, Agustín González, Bruna Simionato, Angel Solano, Gonzalo Esquiroz, Tito Garcia, José Calvo, Alfonso Rojas, Xan Das Bolas, José Luis Chinchilla, Rafael Vaquero, Nathan D'Eagle, Telly Thomas
Guión James Prindle, Albert Band, Ricardo Blasco
Fotografía: Massimo Dallamano
Música: Ennio Morricone 

Coproducción italo-española dirigida en 1963 por Ricardo Blasco, un cineasta de gran cultura (historiador, escritor, crítico) pero con escaso bagaje como director (había participado en la década anterior como ayudante de dirección en algunos éxitos del cine español como “Los ladrones somos gente honrada” o “¿Dónde vas Alfonso XII?”) que había finalizado el rodaje de “Las tres espadas del Zorro” e incidiría en este personaje tres años después en su último largometraje “El Zorro cabalga otra vez”.

Nos encontramos, por tanto, con uno de los primeros westerns europeos filmados en España, westerns en cuya gestación y desarrollo cobraron gran importancia dos productores españoles: Eduardo Manzanos Brochero que, a través de su productora Copercines, rodó principalmente sus productos en los alrededores de Madrid y tuvo el acierto de encargar a la sociedad de decoradores Jaime Pérez Cubero-José Luis Galicia la construcción de un pueblo del oeste en Hoyo de Manzanares, el famoso Golden City, como decorado estable para las películas ambientadas en el Far-West; y José Gutiérrez Maesso, coproductor de este filme a través de su compañía Tecisa, que rodaría sobre todo en Almería (de hecho fue él quien daría a conocer al mundo las posibilidades de esta provincia andaluza como sustituta de los paisajes norteamericanas con la producción hispano-norteamericana, ya comentada en este blog, “Tierra brutal” dirigida por Michael Carreras en 1961).

Para la ocasión Maesso, que mantendría continuas disputas con Blasco en relación con la forma de abordar el filme, tan sólo se trasladaría a Almería, en concreto al desierto de Tabernes, para rodar algunos planos (de hecho esta película pasa por ser el primer spaghetti, entendido éste como un western rodado con capital italiano, filmado en esta provincia) mientras que el grueso del largometraje tuvo como escenario Madrid y sus alrededores, incluido el anteriormente citado Golden City. Además el filme se rodó en régimen de coproducción con la pequeña productora italiana Jolly Film de Arrigo Colombo y Giorgio Pappie, que se convertiría en fundamental para el desarrollo del western hecho en Europa al coproducir al año siguiente, junto a la aceptable y también comentada “Las pistolas no discuten”, el largometraje de Sergio Leone “Por un puñado de dólares”.

SINOPSIS: Richard un joven estadounidense apodado Gringo por haber sido adoptado por una familia de mejicanos, regresa de este país, tras haber participado en el virulento proceso revolucionario, para encontrarse con que su padre adoptivo ha sido asesinado por tres individuos que además les han robado el oro que guardaban en su cabaña. A partir de ese momento se lanzará a investigar la identidad de los asesinos chocando con la incomprensión y la actitud racista del sheriff de la localidad.

La película, resultado de mezclar dos géneros como el de suspense, con la investigación del asesinato por parte del protagonista, y el western, cuenta con un más que aceptable inicio, de ritmo trepidante, en el que a través de tres escenas sucesivas y bien montadas conocemos a la familia del protagonista para, a continuación, presentarnos a Gringo en plena revolución acorralado y perseguido por el ejército mejicano, en una competente secuencia de acción lastrada, no obstante, por algunos pequeños defectos que afectan a la credibilidad de la misma, como las muertes excesivamente teatrales y los uniformes de los soldados mejicanos que no corresponden a la época, y, por último, asistimos al asesinato del padre del protagonista por tres individuos enmascarados, hecho que dará lugar a todo el drama posterior. Pero a partir de ese momento da la sensación de que los guionistas, entre los que se encuentran el propio director y Albert Band, guionista, director y productor estadounidense, aunque nacido en París, que participó como asistente de dirección de John Huston en “La jungla de asfalto” y adaptó al cine el clásico de Stephen Crane, también dirigida por Huston, “La roja insignia del valor”; además de escribir varios libretos para spaghettis como “Las pistolas del norte de Texas” de 1965 que también dirigió y supuso el debut en este subgénero de Franco Nero, o las ya comentadas en este blog “Los despiadados” de 1967 y “Un minuto para rezar, un segundo para morir” de 1968, se quedaron sin ideas por lo que el western se desliza hacia caminos más trillados entre los que no pueden faltar las típicas persecuciones a caballo, por otra parte bastante bien rodadas, o las no menos tópicas pelea en el saloon e historia de amor.

Uno de los aspectos más destacados del largometraje es la cuidada planificación de las escenas y los acertados movimientos de cámara tanto en exteriores como en interiores, de cuyo resultado, supongo, no fue ajeno el director de fotografía Jack Dalmas, seudónimo de Massimo Dallamano. Otro nombre ilustre en el desarrollo del spaghetti al haber participado en las fundacionales “Por un puñado de dólares” y “La muerte tenía un precio”, además de haber dirigido, antes de morir prematuramente en un accidente, “Bandidos” (1967), para mí uno de los mejores euro-westerns, y competentes películas de suspense como “¿Qué habéis hecho con Solange?” (1972) y “Corrupción de menores” (1974).

También me ha parecido interesante el hecho de que junto a la clara influencia del western serie b norteamericano (característica común para los filmes ambientados en el far-west realizados en Europa antes del boom leoniano ya que se inspiraron en éste) nos encontramos con ciertos elementos que anuncian algunas de las particularidades de lo que conocemos como el spaghetti-western. Así, por una parte y como solía ocurrir en los westerns estadounidenses, se da una mayor importancia a la historia amorosa (en este caso se trata de una relación interracial entre los hermanos adoptivos que recuerda vagamente a la protagonizada por Burt Lancaster y Audrey Hepburn en el filme de John Huston de 1960 “Los que no perdonan”), mientras que el héroe es un hombre recto que carece de la ambigüedad moral propia del antihéroe de los spaghettis y su forma de actuar se basa en “la búsqueda de la paz, la ley y el orden”, como él mismo señala, y no en la venganza o en el lucro personal como era habitual en los westerns rodados en Europa. Pero, por otra parte, nos encontramos con algunos elementos más propios de la forma de entender el lejano Oeste por los europeos como, por ejemplo, una mayor dosis de violencia; cierta visión crítica del Oeste al presentarnos una sociedad racista en la que la población anglosajona desprecia a los habitantes mejicanos, si bien este racismo está matizado al estar personalizado en unos pocos personajes como los hermanos Wilson y el sheriff Corbett (en este sentido son muy significativas la conversación entre Gringo y su hermana en la que ésta le comenta “El sheriff Corbett no se mueve tan aprisa como lo hacía Reilly, sobre todo si se trata de los mejicanos” y la escena en la que los hermanos Wilson humillan en el saloon a los mejicanos poniéndoles la zancadilla ante la pasividad del resto de los clientes); la localización de la historia en un pueblo fronterizo (caracterísrtica común con varios westerns preleonianos), hecho que se debió fundamentalmente a razones económicas ya que era más fácil hacer pasar a los extras por mejicanos que por yankees; algunos personajes como el del psicópata Zeke Wilson interpretado por Agustín González; o, incluso, la forma de rodar el duelo final con primerísimos planos de escasa duración de los rostros o de las manos y revólveres de los contendientes.

Por lo que respecta a la banda sonora, fue compuesta por otro hombre capital en el desarrollo del western europeo Ennio Morricone, en esta ocasión bajo el seudónimo de Dan Savio. Lejos de sus más afamadas aportaciones, para este filme compuso unos temas muy variados de sonoridad clásica (recuerdan ligeramente a compositores como el gran Elmer Bernstein) entre los que sin duda destaca la pegadiza canción principal “A Gringo like me” interpretada por Peter Tevis.

El aspecto más flojo de la película creo que lo constituye su elenco. Así en los tres papeles masculinos protagonistas nos encontramos con el inexpresivo Richard Harrison, uno de los escasos actores que se recicló con éxito del peplum al spaghetti y del que se dice recomendó a su amigo Clint Eastwood para el papel del hombre sin nombre de “Por un puñado de dólares”, que da vida a Gringo, el típico héroe sin mácula; como su antagonista, el sheriff Lance Corbett, al repeinado, envarado y mediocre Giacomo Rossi-Stuart, otro actor con experiencia en el género de sandalias y espadas al que se le pudo ver en algunos spaghettis como “Degüello” (primer western de Giussepe Vari de 1966), la estimable “Un ejército de cinco hombres” (1969), la poco recomendable “Tequila” (1971) o la aceptable “Les llamaban y les llaman dos sinvergüenzas” (1971) (las tres últimas cuentan con sus correspondientes reseñas); mientras que Manuel, el hermano mejicano de Gringo, está interpretado, bajo el seudónimo de Dan Martin, por otro habitual de este subgénero, el limitado actor murciano Daniel Martín, que me resultó el más entonado de los tres. Por lo que respecta a los principales papeles femeninos tenemos, en una operación parecida a la realizada con Paquita Rico en “Tierra brutal”, a la cantante Mikaela que como María Huertas, dueña del saloon, antiguo amor de Gringo y actual amante del sheriff con un secreto a guardar, demuestra que lo suyo no era el drama y a la que el director reserva la consabida y prescindible escena con canción; y a una jovencísima, tan sólo quince años, e inexperta Sara Lezana en el papel de Elisa, la hermanastra de Gringo. Menos mal que para compensar también aparecen algunos secundarios como el gran José Calvo en el rol de Francisco, un compañero de correrías revolucionarias de Gringo, y, en el año de su debut en el western, Aldo Sambrell en un papel sin línea de diálogo.

En definitiva un digno ejemplo de los primeros westerns que se rodaron en España, cuidado formalmente y muy bien orquestado pero que se ve lastrado por un guión sin demasiada imaginación y, sobre todo, por unos actores poco adecuados.


Por último comentaros que si estáis interesados en los primeros pasos del western realizado en España, además de los capítulos iniciales de “Western a la europea…un plato que se sirve frío” de Anselmo Núñez Marqués y “Breve historia del western mediterráneo” escrito por Rafael de España, os recomiendo la lectura de “Spanish western. El cine del Oeste como subgénero español (1954-1965)” de Pedro Gutiérrez Recacha, un estupendo y ameno libro en tono didáctico, no en vano es profesor de Universidad, y muy bien documentado.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 5.
AMBIENTACIÓN: 6.
DIRECCIÓN: 6.
ACTORES: 4.
MÚSICA: 6

MEDIA: 5,4.

sábado, 19 de mayo de 2012

La frontera "Duelo al Sol"


Video del tema "Duelo al Sol" del grupo La Frontera del año 1986.
Atención a la historia que se desarolla en el video, un homenaje a los spaghettis de siempre.