miércoles, 29 de febrero de 2012

JOHNNY YUMA


Johnny Yuma
1966
Italia
Director: Romolo Girolami
Reparto: Mark Damon, Lawrence Dobkin, Rosalba Neri, Leslie Daniel, Luigi Vannucchi, Fidel Gonzalez, Gustavo D'Arpe, Gianni Solaro, Nando Poggi, Dada Galloti, Franco Lantieri, Mirella Pamphili
Guión: Fernando Di Leo, Romolo Guerrieri, Sauro Scavolini, Giovanni Simonelli
Fotografía: Mario Capriotti
Música: Nora Orlandi


Película italiana de 1966 producida a través de dos pequeñas compañías, Tiger Film y Western Film, por Italo Zingarelli, productor iniciado en el péplum y responsable en este subgénero, entre otros, de títulos tan significativos como “Odio por odio”, “Un ejército de cinco hombres” en la que también hizo labores de director o las exitosas dos entregas de Trinidad protagonizadas por la pareja Hill-Spencer, interpretes con los que colaboraría en otros géneros (“Más fuerte muchachos”, “Estoy con los hipopótamos”).




En esta ocasión se encargó la dirección a un joven Romolo Guerrieri, realizador con bastante experiencia como ayudante de dirección y cuyos primeros pasos como máximo responsable de una película están muy ligados, al igual que le ocurrió a su sobrino Enzo G. Castellari, al western ya que filmó sucesivamente “Siete pistolas para Timothy” (1966) película, ya comentada en este blog, deudora en el título, la temática y la estructura del clásico rodado en 1960 por John Sturges “Los siete magníficos”, el film que nos ocupa y, quizás su mejor aportación al euro western, la también reseñada “Como lobos sedientos” (1967), un notable spaghetti de gran e inusual belleza cuyo carácter intimista, atmosfera fatalista y gusto por la violencia explícita le emparejan, en cierta medida, con “Johnny Yuma”. Tras rodar estos tres spaghettis no se volvería a acercar a este subgénero y probaría en otros con desigual fortuna. Así rodaría flojos giallos (“El dulce cuerpo de Deborah” de 1968 con la otrora estrella norteamericana Carroll Baker) y olvidables comedias (“El divorcio”), pero al mismo tiempo algunos logrados poliziescos como “Defendiendo a los ciudadanos” (1974) con un enorme Enrico Maria Salerno y “Juventud armada y peligrosa” (1976) con Tomas Milian, uno de sus largometrajes más conocidos y de mayor éxito; para terminar rodando subproductos como “L’ultimo guerriero” (1984), típica película de explotación con temática postnuclear.




SINOPSIS: Samantha Felton, una ambiciosa y bella mujer, con ayuda de su despiadado y psicótico hermano Pedro, planea el asesinato de su marido con el objeto de apropiarse de sus preciadas posesiones. Muerto su esposo se entera de que éste había nombrado como único heredero a su sobrino Johnny, por lo que decidirá entonces contactar con un antiguo amante y hábil pistolero, Linus Jerome Carradine, para que acabe con Johnny; pero entre ambos pistoleros se establecerá una sincera relación de camaradería que trastocará los planes de Samantha y tendrá funestas consecuencias para la mayoría de los personajes.



Notable spaghetti que cuenta con una historia, alejada de los caminos trillados, escrita, entre otros, por el propio Guerrieri y el especialista Fernando Di Leo (uno de los mejores y más prolíficos guionistas de este subgénero con títulos tan apreciables como “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio”, “El retorno de Ringo”, “Los largos días de la venganza”, “No soy un asesino” o “Los profesionales del oro”, todas ellas ya comentadas en este blog, y conocido fuera de este subgénero por la denominada “trilogía del milieu” sobre el crimen organizado en Italia) que gira en torno a temas como la traición, la ambición y la codicia perfectamente simbolizados todos ellos en la figura de Samantha. Así nos encontramos con uno de los elementos más originales de esta película como es la gran importancia del principal personaje femenino, sobre todo teniendo en cuenta que en el spaghetti o se ignoraba a la mujer o ésta apenas era una figura intranscendente en la trama. Sin embargo en este filme Samantha aparece como un personaje frío, cerebral, sin escrúpulos y con una fuerte personalidad que antepone la riqueza a cualquier sentimiento (llega a afirmar “No se puede ser pobre y feliz”) y sobre el que girará todo el desarrollo de la historia, puesto que, cual mujer fatal, se valdrá de sus evidentes encantos para utilizar a los hombres, seres que se muestran más débiles y humanos, y conseguir sus espurios objetivos, acabando con ellos una vez que no le hacen falta.



Figura, por tanto, sombría y llena de matices, clara muestra de la preocupación, tanto de los guionistas como del director, por dotar a los personajes de una mayor profundidad psicológica de lo que era habitual en este subgénero. Así, junto a la estupendamente perfilada Samantha, nos encontramos con Linus Jerome Carradine, para mí el personaje más interesante, antiguo amante de ésta, que se nos presenta como un implacable pistolero pero también hombre de honor (en un momento dado afirma “Sólo mi revólver está en venta, no yo”), culto, refinado (le gusta el ajedrez frente al póker, tiene querencia por la literatura y sabe tocar el piano) y todavía herido por la relación vivida con Samantha; con el hermano de ésta, Pedro, un psicótico y a la vez cobarde y débil matón que se comporta como un pelele de su hermana con la que mantiene una relación ambigua; o con el propio antihéroe, Johnny Yuma, un personaje en la línea de James Bond, tan en moda en ese momento, cínico, donjuanesco, violento pero también con su propio código del honor, así tras acabar con tres pistoleros en la brillante escena inicial y no mostrar ningún tipo de contrariedad (le veremos inmediatamente después sentarse a comer y perderse en una habitación con la posadera), se niega a cobrar la recompensa que ofrecían por ellos, lo que da pie a un espléndido diálogo entre Fidel y él, al preguntarle el primero: “¿Cómo se pueden enterrar 360 $?” y responder éste: “Con una pala”.




Otro elemento destacado del filme es el paisaje, bellamente retratado por Mario Capriotti, con una importancia notable al presentarnos el desierto como un elemento amenazante que jugará un papel fundamental y se convertirá en un elemento dramático de primer orden.



Además la película creo que está muy bien rodada por Guerrieri (claros ejemplos son la partida de póker, que comienza con un picado para, después, situar la cámara en el centro de la mesa y con un giro de 360 grados mostrarnos a los jugadores, y el estupendo tiroteo final en el pueblo abandonado que necesariamente remite al de “La muerte tenía un precio”), quien sabe dotar a las escenas de una potente carga dramática (especialmente brillante me pareció el definitivo y fatal encuentro entre Samantha y Linus) y de una inusitada violencia teniendo en cuenta el año en que se rodó (escenas en las que no se nos ahorra la visión de la sangre como la de la original tortura al héroe picándolo como si fuese un toro, la salvaje paliza al niño o la venganza de Yuma sobre Pedro convierten a este spaghetti en uno de los más brutales para el año en el que se rodó de los que he visto). Además consigue, a mi juicio, un perfecto equilibrio entre el tono sombrío del filme y algunas escenas cómicas bastante logradas como aquella en la que aparece la oficina encargada del pago de las recompensas que cuenta con todo tipo de adelantos tecnológicos. En su contra creo que hay que achacar cierta irregularidad al largometraje y otros momentos menos conseguidos y más tópicos como la consabida pelea en el saloon.



Por lo que respecta a la banda sonora, fue compuesta por Nora Orlandi, que en esta ocasión escribió un pegadizo tema principal cantado por los habituales The Wilder Brothers, tema repetido a lo largo del largometraje en diversas versiones. Además aparecen otros temas muy bien insertados en la trama, como el triste que se escucha en el entierro con predominio de trompeta y órgano, que parecen anunciar sus brillantes composiciones para posteriores spaghettis como “Tu cabeza por mil dólares” o “Como lobos sedientos”.



En cuanto a los actores, el limitado Mark Damon encarna a Johnny Yuma y no me ha terminado de convencer en un personaje que me hizo añorar la capacidad para la ironía de George Hilton o, sobre todo, el cinismo de Gianni Garko. Por el contrario, Rosalba Neri, en su debut en este subgénero, está perfecta como Samantha, lástima que no tuviera por lo general más papeles a la altura de su talento. Lawrence Dobkin, típico secundario norteamericano que buscó fortuna en Europa, hace una gran composición como Linus; mientras que tanto Luigi Vannucchi en el rol de Pedro, como Fidel Gonzáles en el papel de Fidel, un personaje que protagoniza las escenas cómicas y hunde sus raíces en la literatura del Siglo de Oro en la que los siervos servían como contrapunto cómico de las historias más dramáticas protagonizadas por sus señores, están más que correctos.



En definitiva un atractivo, violento (la violencia fue marca de la casa tanto del cine de Di Leo como del de Guerrieri) y original spaghetti, situado para mí por encima de la media que, no obstante, hubiera mejorado con otro protagonista más adecuado y con un mayor presupuesto lo que hubiera dado mayor veracidad a la historia, sobre todo en relación con la ambientación.




PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 6
DIRECCIÓN: 7
ACTORES: 6
MÚSICA: 7

MEDIA: 6,6

miércoles, 22 de febrero de 2012

UN COLT POR CUATRO CIRIOS

Un colt por cuatro cirios (Mia Colt ti cerca... 4 ceri ti aspettano, La)
1971
España/Italia
Director:  Ignacio F. Iquino
Reparto: Robert Woods, Chris Huerta, Fernando Rubio, Antonio Molino Rojo, Vidal Molina, María Martín, Olga Omar, Luis Ciges, Esteban Dalmases, Ángel Lombarte, Raquel Barleycorn, July Kaplan, Irene d'Astrea, Françoise Duchamp, Carmen Gallen, Indio Gonzalez, Johnny 'El Corso', Ricardo Moyán, Francisco Márquez, Isidro Novellas, César Ojinaga, Maika Orero, Mariano Vidal Molina, Fernando de Miragaya, Giorgio Stefanelli
GuiónAntonio Ramirez, Juliana de la Fuente, Ignacio Iquino
Fotografía: Antonio L. Ballersteros Jr
Música: Enrique Escobar

Coproducción italo-española de 1971 muestra del totum revolutum en el que se convirtieron muchos spaghettis durante esta década al tomar protagonismo elementos de otros géneros fueran o no ajenos al western (comedia, terror, artes marciales, suspense). En esta ocasión nos encontramos, desde el punto de vista temático, con la típica película de gángsters enfrentados por el botín tras dar un golpe, y en ella cobran gran importancia dos nombres propios.

Por una parte Lou Carrigan, en realidad Antonio Vera Ramírez, uno de los escritores más prolíficos, junto con Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane (Francisco González Ledesma) y Juan Gallardo Muñoz alias Curtis Garland, de los llamados bolsilibros, novelas de género baratas de aparición periódica en los quioscos que se podían cambiar y se convirtieron en fuente, directa o indirecta, para numerosos westerns producidos, sobre todo, en España. De hecho varias novelas de Lou Carrigan, que aunque escribió sobre varios géneros, se especializó tanto en westerns como en policíacos, fueron adaptadas al cine durante esta década como es el caso, para circunscribirnos sólo al mundo del Oeste, de las ya comentadas en este blog “Veinte pasos para la muerte” (1970) de Manuel Esteba o “La diligencia de los condenados” (1970) y “Los buitres cavarán tu fosa” (1972) ambas dirigidas por Juan Bosch bajo su seudónimo de John Wood y, salvo la última, también producidas por IFISA. Pero en esta ocasión, y como señala Ángel Comas en su estudio sobre Ignacio F. Iquino, su ayudante de dirección, Alejandro Ulloa, no partió de una novela del Oeste sino que adaptó un relato policíaco escrito por Carrigan para lo que sustituyó “a los coches por caballos, las metralletas por colts y los night clubs por saloons”.

El otro nombre propio es el de Ignacio F. Iquino, uno de los hombres más inquietos y prolíficos del cine español (director, productor, guionista y lo que le echaran) que intentó trasladar a España, al igual que los hermanos Balcázar, el modelo empresarial estadounidense. Pero a diferencia de los Balcázar, aunque se apuntó al éxito de los westerns hechos en Europa y como también señala Comas, nunca tuvo verdadero interés por este género como lo demuestran tanto la calidad (solía hacer westerns baratos de consumo rápido cuyo destino era acompañar a la película principal en las sesiones dobles) como la cantidad (produjo 11 euro westerns frente a los 65 de los Balcázar) de sus productos ambientados en el far-west. Por eso no es de extrañar que se fijara en una novela de gángsteres, género por el que mostró mucho más interés, para adaptarla al Oeste; máxime teniendo en cuenta que Iquino, además, constituyó una figura clave para el nacimiento de aquél género en España con las inaugurales ”Apartado de correos 1.001” (1950) de Julio Salvador que produjo a través de su Emisora Films, una especie de ensayo de lo que sería IFISA en la que participó como socio Francisco Ariza, y “Brigada criminal” también de 1950 y dirigida y producida por el propio Iquino a través de Producciones Iquino.



SINOPSIS: La carreta que transportaba el dinero de los impuestos del estado, alrededor de 300.000 dólares, es asaltada por los hombres de Oswald, un magnate que controla la delincuencia en la zona. Farley, uno de los miembros de la banda, le traicionará y se quedará con todo el botín; pero al aparecer asesinado y sin el dinero, tanto Oswald como Garringo, el sheriff del lugar, emprenderán, por diversos motivos, la búsqueda y la caza del asesino.

La película cuenta con un comienzo trepidante y prometedor en el que se plantea el argumento de la película, así asistimos sin preámbulos al asalto del furgón, al reparto del botín en el que se muestran las primeras diferencias entre los miembros del grupo, a la traición por parte de uno de los miembros de la banda y al posterior asesinato de éste por un individuo del que, como si se tratase de un giallo, se nos oculta su identidad. Pero a partir de ese momento da la sensación de que a los guionistas, entre ellos el propio Iquino y su habitual colaboradora Juliana San José de la Fuente, se les acabaron las ideas, renunciaron a desarrollar de forma lógica la trama y convirtieron a la película en una tediosa sucesión de huidas, peleas, tiroteos, capturas, nuevas huidas, nuevas peleas etc, etc. Además la caótica y desganada dirección de Iquino tampoco ayuda mucho, y a ello hay que añadir su costumbre de rodar prácticamente una sola toma de cada escena con el objeto de abaratar costes, lo que da lugar, por falta de material, a planos mal empalmados y a montajes de escenas bastante farragosos con saltos que dificultan la comprensión del filme.

La banda sonora de Enrique Escobar, uno de los hombres de confianza de Iquino en IFISA que aparece como solía ser habitual en una escena tocando el piano, pasa totalmente desapercibida, además incluye un tema incidental un tanto pachanguero que ya escuché en “Oeste Nevada Joe” y en “Tumba para un forajido”.

En cuanto a los actores tampoco su nivel está muy por encima del resto de los elementos de la película, ofreciéndonos la mayoría unas actuaciones muy flojas debidas, en parte, a una deficiente dirección por parte de Iquino. Como protagonista nos encontramos con el estadounidense Robert Woods, un actor descubierto por los hermanos Balcázar al que ofrecieron un contrato en exclusiva a mediados de los sesenta para rodar varios westerns en España, que se muestra muy alejado de sus mejores actuaciones dando vida al sheriff Garringo (nombre que hace alusión al personaje interpretado por Anthony Steffen en la exitosa película rodada dos años antes por Rafael Romero Marchent). Junto a él, nos encontramos con rostros populares en este subgénero como Cris Huerta que da vida al violento y vengativo Oswald, el auténtico cerebro de la operación, un personaje muy diferente a los amables y cómicos que solía interpretar; Antonio Molino Rojo es Farley, el pistolero que desencadenará con el robo todo la tragedia posterior; Vidal Molina interpreta a Rogers, un perturbado sexual, rasgo que carecerá de importancia en el desarrollo de la trama, y antiguo amigo de Garringo sobre el que recaerán las sospechas del asesinato de Farley por lo que pedirá ayuda al sheriff; María Martín, estrella en los años cuarenta de la cintas de Iquino y presencia habitual en este subgénero con apariciones en las ya comentadas en este blog “Los despiadados” (1967), “Bandidos” (1967) o “Reverendo Colt” (1971), encarna de forma notable a Berta, mujer intrigante y ambiciosa casada con Farley y amante de Rogers a los que, como la típica femme fatale propia del cine negro, embaucará en el robo; y el grandísimo Luis Ciges, de lo poco salvable del largometraje, está fenomenal como Tim el enterrador, un personaje cómico que, no obstante, supone una nota disonante respecto al tono general más serio del filme.

En resumen, creo que estamos ante un flojísimo euro western, sólo recomendable para aquellos que estén interesados en la figura de Iquino, o para los fans de este subgénero con deseo de ampliar sus conocimientos sobre el mismo y que no teman ver todo tipo de películas, incluso, como es el caso, las menos logradas.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 2
AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 3
ACTORES: 4
MÚSICA: 2

MEDIA: 2,6

lunes, 20 de febrero de 2012

Entrevista a Nieves Navarro

Hoy recuperemos la charla que tuvo recientemente  Juan Pablo Torrents-Faura con la gran Nieves Navarro.
Pasaros por AQUÍ para leerla.

martes, 14 de febrero de 2012

Muere Frank Braña

Malas noticias para todos los amantes del spaghetti.
Uno de sus actores más carapteristico, Fran Braña, nos dejó ayer.
En una nota de prensa, AISGE [Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión] informa este lunes del fallecimiento a los 77 años de Frank Braña, y de la instalación de su capilla ardiente en el tanatorio de Collado Villalba, en Madrid.
Asiduo actor de reparto a lo largo de una larga lista de eurowestern, gracias a su fisico, más cercano al norteamericano que al español de la época, Braña logró ir poco a poco subiendo de importancia en sus papeles, hasta lograr aparecer en algunos como villano principal.
Es su carrera ejemplo de tantos actores españoles que, muchas veces sin ni siquiera aparecer en los créditos, eran los que llenaban aquellos westerns de los años 60s y 70s.

Desde aquí, nos gustaría darle nuestro más sincero reconocimiento a su carrera, el pésame a toda su familia, y confirmar que nunca lo olvidaremos.

Descanse en paz.

lunes, 13 de febrero de 2012

MANO RÁPIDA


Mano Rápida (Mi chiamavano Requiescat ... ma avevano sbagliato)
1973
España/Italia
Director: Mario Bianchi
Reparto: Sergio Ciani, William Berger, Frank Braña, Fernando Bilbao, Gilberto Galimberti, Celine Bessy, Francisco Sanz, Welma Truccolo, Ettore Ribotta, Sergio Dolfin, Stefano Oppedisano, Francesco D'Adda, Aldo Cecconi, Angelo Boscariol, Filippo Perego, Rodolfo Lodi, Aldo Sisti, Duilio Olmi, Lorenzo Robledo
Guión: Vittorio Salerno, Alberto Cardone, Eduardo M. Brochero
Fotografía: Emilio Foriscot
Música: Gianni Ferrio




Tardía coproducción italo-española de 1973 dirigida por Mario Bianchi, en esta ocasión bajo el seudónimo de Frank Broston, realizador cuyos primeros pasos como director están muy relacionados con este subgénero, ya que sus cuatro primeros filmes fueron spaghettis: la curiosa “La muerte llega arrastrándose” de 1972 con la que debutó tras la cámara, la fallida y ya comentada “La máscara de cuero” de 1975 (ambos filmes además tienen en común la fuerte presencia de elementos giallescos), la desconocida para mí “Más fuerte hermanas” también de 1973 y ésta que nos ocupa, para, tras rodar varias películas de todo tipo de géneros, especializarse a mediados de la década de los ochenta en el cine para adultos con una serie de filmes protagonizados por la estrella porno Marina Hedman.


SINOPSIS: Finalizada la Guerra de Secesión partidas de ex confederados siguieron actuando sembrando el pánico en todo el territorio. Una de las más sangrientas fue la capitaneada por Machedo, un sicótico ex oficial sudista, a la que persigue sin descanso el capitán Jeff Mulligan. Capturado y torturado por Machedo, Mulligan logrará escapar e ideará un plan para vengarse.

Subproducto que muestra la decadencia de este subgénero durante la década de los setenta. Así nos encontramos con un guión, en el que participaron entre otros el también director Alberto Cardone y el español Eduardo Manzanos Brochero, que pivota sobre la venganza, tema recurrente en este género, en este caso por partida doble puesto que Machedo desea vengar la muerte de su hermano a manos de Mulligan, mientras que en la caza del sicótico bandido por parte de este último pesa mucho este sentimiento (al comienzo de la película, tras haber sufrido una emboscada, Mulligan ante la tumba de dos de sus soldados se retrata al señalar: “Lo siento muchachos, no he podido acompañaros a casa pero también os vengaré a vosotros”), sentimiento que, lógicamente, se agudizará tras ser apresado y torturado. Pero el libreto, tras un comienzo prometedor, además de acusar su falta de originalidad se revela carente de ideas, por lo que éstas son sustituidas por las típicas escenas de cabalgadas, tiroteos, peleas, persecuciones y torturas, en las que se recrea con un gusto dudoso el director, con el único objetivo de llegar a una duración estándar. Al mismo tiempo presenta situaciones escasamente lógicas (¿Para qué se queda Machedo en el banco simulando que le han robado?, ¿Por qué se dejan ver los forajidos cuando siguen a Mulligan con el objeto de que les lleve al lugar del botín?); y cuenta con unos diálogos escasos que oscilan entre la pretenciosidad y solemnidad (en la parte final del filme Mulligan le dice a una india aparecida de repente en el pueblo fantasma de Blakston Hill y con la que parece mantener algún tipo de relación en ningún momento explicada: “Sabes que he olvidado que en el mundo pueda existir el amor”), el tópico más absoluto (Machedo se pregunta “¿Quién me puede odiar? El que podía hacerlo no ha tenido tiempo”) y la ridiculez.

Esta decadencia se muestra también en la dirección escasamente inspirada por parte de Bianchi, ya que aunque en su haber hay que anotar el intento, alejado de la moda imperante de los spaghettis cómicos, de hacer un euro western serio y la atmósfera sombría que destila toda la película, su trabajo se caracteriza por la precipitación, la utilización constante del molesto y poco elegante zoom y por ciertas carencias a la hora de narrar los acontecimientos. Así, por ejemplo, como le ocurrió en el tiroteo final de “La máscara de cuero”, en la emboscada del inicio del largometraje se echa en falta un plano general que sitúe tanto a los sudistas como a los nordistas, ya que al carecer del mismo la refriega resulta bastante confusa.

No obstante lo comentado sobre el guión y la dirección, en donde se hace más evidente este declive es en el escaso presupuesto con el que se contó, lo que queda reflejado en unos decorados destrozados por el paso del tiempo, hecho que puede entenderse en el caso del pueblo de Golden City (Eduardo Manzanos Brochero además participó como productor, junto a la productora italiana New Films, a través de su compañía Copercine, Cooperativa Cinematográfica) al tratarse de un poblado fantasma, pero no respecto al fuerte del inicio en donde tiene lugar una escena bastante cutre por la falta de extras (la fortaleza es defendida por unos diez soldados) y la ciudad en donde se desarrolla parte de la acción, cuyos edificios parece que están a punto de caerse a pedazos. Igualmente ocurre con la escasa decoración de los interiores, con un vetusto y escaso mobiliario que da la sensación de haber sido comprado al primer chamarilero que encontraron.

Por lo que respecta a la banda sonora de Gianni Ferrio, ésta constituye otra decepción, no porque sea mala puesto que cuenta con un gran tema, “That man”, cantado por la habitual Ann Collin, sino porque resulta totalmente inapropiada al ser una mezcla de jazz-pop al estilo de las composiciones de la época propias de Burt Bacharah. Además esta composición se repite sin ningún tipo de intención dramática (por ejemplo se escucha durante una de las persecuciones) en distintas variaciones instrumentales, especialmente con predominio de un piano, versión que se me antojó más propia para ilustrar una escena urbana nocturna o una secuencia de un film negro desarrollada en el típico garito que para un western.

El fiasco de la película persiste con la elección del protagonista. Un soso e inexpresivo Alan Steel, en realidad Sergio Ciani. Éste era un actor italiano procedente del cine de espadas y sandalias con alguna incursión en el spaghetti como “Sansón y el tesoro de los Incas” (largometraje olvidable mezcla de aventuras y western) o la rareza turco-italiana “KüÇük kovboy”. En este filme, además de dar muestras de sus carencias interpretativas, presenta un aspecto setentero (pelo largo, patillas, amplio bigote) poco apropiado para un soldado unionista lo que resta, aún más, credibilidad a su interpretación. Menos mal que como enemigo aparece William Berger, de lo mejor de la película, dando vida estupendamente al perturbado y sádico Machedo, y en un corto papel el gran Paco Sanz, uno de esos secundarios de lujo que solían estar por encima de los largometrajes y personajes que le tocaban en suerte, en el rol de un ex soldado nordista que prestará su apoyo a Mulligan y cuya contribución se antojará fundamental en el duelo entre éste y Machedo. También es de agradecer que Frank Braña, habitual de este género y sobrio actor, cuente con un papel más largo de lo que en él era normal, mostrándose creíble como Quincy, uno de los hombres de Machedo que protagonizará la mejor pelea de la película.

En definitiva un flojísimo, oscuro y violento euro western del que sólo puedo salvar algunas actuaciones y el tiroteo final con sorpresa incluida, más cuidado que el resto de la película, en el que se luce Emilio Foriscot como director de fotografía, sobre todo en la iluminación de los interiores, y que cuenta con una atmósfera fantasmal en la que el protagonista, que parece poseer el don de la ubicuidad, se comporta como un ser de ultratumba.

PUNTUACIÓN:



HISTORIA: 4
AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 4
ACTORES: 5
MÚSICA: 3

MEDIA: 3,6

viernes, 10 de febrero de 2012

LOS LARGOS DÍAS DE LA VENGANZA


Los largos días de la venganza (I lunghi giorni della vendetta)
1967
España/Italia/Francia
Director: Florestano Vancini
Reparto: Giuliano Gemma, Francisco Rabal, Gabriella Giorgelli, Conrado San Martín, Franco Cobianchi, Nieves Navarro, Manuel Muñiz, Teodoro Corrà, Milo Quesada, Giovanni Ivan Scratuglia, Pedro Basauri 'Pedrucho', Omán de Bengala, Carlos Hurtado, Carlos Otero, Jesús Puche, Juan Antonio Rubio, Bill Farbert, Moises Rocha, Oman de Bengala
Guión: Mahnahen Velasco, Fernando Di Leo
Fotografía: Francisco Marín
Música: Armando Trovaioli

SINOPSIS: Ted Barnett, injustamente condenado a treinta años de cárcel por el asesinato de su padre, se escapa de la prisión en la que llevaba confinado los últimos tres años. A partir de ese momento tratará de averiguar quién estuvo detrás del complot y las razones del mismo.


Coproducción hispano-franco-italiana de 1967 en la que intervino un puñado de ilustres nombres tanto del spaghetti como fuera de él. Así estuvo dirigida por Florestano Vancini, aquí Stan Vance, un director de prestigio cuya implicación en este tipo de proyecto, al igual que la de otros como por ejemplo Damiano Damiani con la ya comentada en este blog “Yo soy la revolución”, muestra la gran popularidad alcanzada por este subgénero; puesto que Vancini fue un realizador ajeno a este género que se centró en films de corte histórico con una fuerte carga política como “La larga noche del 43” sobre la resistencia italiana contra el fascismo que obtuvo el premio a la mejor opera prima en el Festival de Venecia; “Las estaciones de nuestro amor” sobre la crisis sentimental y política de un periodista de izquierdas o “El caso Matteoti” sobre el asesinato del diputado socialista.



Junto a él, en la producción nos encontramos con el tándem responsable entre otros de “Una pistola para Ringo”, “El retorno de Ringo” y “Los profesionales del oro” (todas ellas con sus respectivas reseñas) Alberto Plugiese-Luciano Ercoli. Este último, también realizador, dirigió en la década de los setenta a su esposa Nieves Navarro en varios aceptables giallos (“Días de angustia”, “La muerte camina con tacón alto” y “La muerte acaricia a medianoche”). Mientras que en el guión intervinieron Augusto Caminito, responsable de los originales libretos, para ser spaghettis, de “Los profesionales del oro” (adaptación al universo del spaghetti de la gran novela de B. Traven “El tesoro de sierra Madre”) y “El último pistolero” (también comentada en este blog) y Fernando di Leo, con numerosísimos euro westerns en su haber además de haber sido el creador del seudónimo para Nieves Navarro de Susan Scott, que en esta ocasión aparece pluriempleado como ayudante de dirección. Y a ellos hay que añadir profesionales de la talla de Wolfgang Burman en la decoración y a Giuliano Gemma, una de las grandes estrellas de este subgénero, como protagonista. Por lo que el resultado en principio no debería ser malo.


Y la película creo que efectivamente responde a las expectativas creadas ya que se trata de una libre, interesante y vibrante adaptación de “El Conde de Montecristo” (un género que tenía como uno de sus temas principales la venganza es lógico que se fijara en una de las grandes novelas decimonónicas que desarrollaba dicho tema) en la que los guionistas pusieron el énfasis en desarrollar una historia oscura, sobre todo en la primera parte, en detrimento de la acción mecánica (quizás para algunos aficionados la primera hora sea demasiado lenta) en la que el protagonista irá conociendo y matando a los individuos que en su día le traicionaron. Además perfectamente entrelazada a esta trama principal se desarrollará otra con la venta de armas a un bandido-revolucionario mejicano que se denomina general por parte de los individuos que conspiraron contra el protagonista, por lo que tangencialmente el filme se relaciona con los Zapata westerns.


Pero lo que más me ha llamado la atención es lo bien filmado que está el largometraje por Vancini, director que parece ser fue escogido como sustituto de Duccio Tessari al no poder éste comprometerse en el último momento, apreciándose su preocupación por la composición de las escenas. Así disfrutaremos con escenas magníficamente planificadas, como el gran final, desde que Barret es conducido al cadalso hasta el espléndido tiroteo estupendamente rodado, o aquella, por poner un ejemplo, en la que vemos en un solo plano entrar a Cobb en un local acristalado y desplazarse hasta el fondo donde le aguarda una caja fuerte para después de conversar con el juez y el sheriff verle, desde el interior y también en un solo plano, salir del local y alejarse a caballo fuera del pueblo con sus muchachos que le estaban esperando; junto a otras de una gran tensión dramática (la famosa escena de la barbería) y algunas rodadas de una forma original (el enfrentamiento entre los hombres de Cobb y los del revolucionario mejicano se intuye, más que se ve, a través de una panorámica, conociendo posteriormente el resultado del mismo por los cadáveres que nos muestra en la siguiente escena). Lástima que este nivel de acierto no se dé en toda la película y ruede también alguna escena bastante chusca, como una pelea bufa en una cantina que no sólo rompe el ritmo de la película sino que choca con el tono sombrío del film y no aporta nada al largometraje, salvo el lucimiento acrobático del protagonista.

Para redondear el spaghetti nos encontramos con una buena banda sonora obra de Armando Trovaioli, aunque también se atribuye a Ennio Morricone, que cuenta con un extraordinario tema principal con protagonismo de guitarras y trompetas. Lástima que no sea lo suficientemente variada.



Por lo que respecta a los actores, a Giuliano Gemma, convertido ya en uno de los grandes iconos de este subgénero gracias al éxito obtenido con los dos Ringos, la recientemente comentada “Un dólar agujereado” y “Arizona Colt”, que también cuenta con su correspondiente reseña, se le ve muy cómodo en el papel de Ted Barnett el típico falso culpable. Un personaje que, además, le permitirá evolucionar a lo largo del film, ya que mientras al principio se mostrará como un ser vengativo, a medida que avanza la película irá creciendo en él la idea de hacer justicia. En este sentido creo que se debe entender el enfrentamiento final entre Ted y Cobb en el que la estrella de sheriff, símbolo de la ley y el orden, cobra una importancia fundamental. Junto a él, y como un rasgo de cierta originalidad para ser un spaghetti, nos encontramos con dos personajes femeninos que no se limitan a ser elementos pasivos en la historia. Así Gabriella Giorgelli, a la que he podido ver en “La bestia” y “Los cuatro de Fort Apache” (ambos filmes también cuentan con sus oportunos comentarios), da vida a Dulcie un personaje fuerte en la línea de los protagonizados por mujeres en las películas de Howard Hawks; mientras que la habitual en los spaghettis Nieves Navarro, aquí Susan Scott, encarna a Dolly, la típica mujer fatal del cine negro que todavía enamorada de Barnett, jugará un papel decisivo para probar su inocencia, consiguiendo al final redimirse. Además contamos con dos malos de gran categoría: Francisco Rabal, en una de sus escasas apariciones en este subgénero, en el papel del pérfido sheriff Douglas casado con Dolly, y Conrado San Martín como Cobb, un megalómano magnate, llega a pronunciar la frase “El estado soy yo”, traficante de armas y cerebro de la operación que llevó a la cárcel a Barnett. Junto a ellos, en un papel cómico que no me terminó de gustar, Manuel Muñiz Pajarito da vida al doctor Pajarito, el típico charlatán y, junto a Dulcie, uno de los escasos apoyos con lo que contará Barnett en su afán por descubrir la verdad.

Como anécdota señalaros que, en un guiño a la película “Una pistola para Ringo”, inicialmente el largometraje se iba a titular “Angel Face”.

Por último comentaros que un año antes, aunque por lo que he consultado se estrenó con posterioridad a ésta, los hermanos Balcázar (Jaime Jesús en la dirección y Alfonso en la producción) que habían “prestado” su Esplugues City para la realización de este largometraje, pusieron en pie “Cuatro dólares de venganza” (también reseñada en este blog), película en la que también se puede apreciar, incluso con más claridad, la huella de la inmortal novela de Alexandre Dumas.

En resumen, una agradable película que no defraudará a los aficionados a este subgénero, y constituye el típico producto protagonizado por Giuliano Gemma que, a falta de ver “Sella d’argento” y la de Tex, creo se caracterizaba, por lo general, por su solvencia económica, por contar historias interesantes y por un acabado formal notable, en las que éste mostraba no sólo sus aptitudes como actor sino también sus cualidades gimnásticas, y en las que desarrolló un personaje más amable y agradable bastante alejado del prototipo de antihéroe del spaghetti.

PUNTUACIÓN:



HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 7
DIRECCIÓN: 7
ACTORES: 7
MÚSICA: 7

MEDIA: 7

miércoles, 8 de febrero de 2012

UN DÓLAR AGUJEREADO

Un dólar agujereado (Un dollaro bucato)
1965
Italia/Francia
Director: Giorgio Ferroi
Reparto: Giuliano Gemma, Ida Galli, Pierre Cressoy, Giuseppe Addobbati, Franco Fantasia, Tullio Altamura, Massimo Righi, Andrea Scotti, Nazzareno Zamperla, Benito Stefanelli, Franco Lantieri, Gino Marturano, Nello Pazzafini, Bernard Faber, Luigi Tosi, Sal Borgese, Pietro Ceccarelli , Giulio Maculani, Osiride Pevarella, Ignazio Spalla, Jack Rocha, Alfredo Rizzo, Fortunato Arena, Bruno Arié
Guión: Giorgio Stegani, Giorgio Ferroni
Fotografía: Antonio Secchi
Música: Gianni Ferrio


Coproducción franco-italiana de 1965 que supuso la primera colaboración entre el actor Giuliano Gemma y el veterano director y guionista Giorgio Ferroni, además de inaugurar su peculiar “trilogía Gary” (los otros dos títulos son “El hombre del sur” de 1966 y “Wanted. No soy un asesino” de 1967, ambas cuentan con sus correspondientes reseñas) caracterizada, desde el punto de vista estilístico, por un mayor apego a los westerns clásicos norteamericanos en detrimento de las propuestas “leonianas” y, desde el punto de vista temático, por tratar cuestiones como la dignidad y el honor; además de presentarnos a un héroe que poco tiene que ver con los típicos antihéroes del spaghetti y dar mayor importancia a la trama romántica y al personaje femenino principal. Fuera de este subgénero, ambos se volverían a encontrar en 1971 en la olvidable película de aventuras “El arquero de Sherwood”.

SINOPSIS: 1865 la Guerra de Secesión ha terminado. Los hermanos O’Hara, dos ex oficiales confederados, se verán involucrados en un complot urdido por McCoy, el codicioso magnate de la ciudad de Yellostowne, en el que el menor, Phil, pierde la vida mientras que el mayor, Gary, malherido, es dado por muerto. Recuperado de sus heridas, se embarcará en una lucha desigual con el objeto de conocer la verdad y descubrir a los asesinos.



Interesante largometraje representante de la primera hornada de westerns realizada en Europa que además de los mencionados temas de la dignidad y el honor (en una clarificadora conversación que mantiene Gary con un miembro de la banda de forajidos, antiguo soldado del sur, ante el comentario de este último que le dice: “No tiene honor quien pierde”, Gary le responde: “El honor le pertenece a uno mismo y nadie puede quitárnoslo”) trata otros como el manido en este subgénero de la venganza; el de la difícil reconciliación nacional, así en la primera escena los vencidos son humillados por los vencedores que les devuelven sus colts recortados, hay abundantes referencias a la guerra (un ciudadano de Yellostowne llega a afirmar: “Lo peor de la guerra es cuando llega la paz”) y Gary sufrirá la indiferencia, cuando no el desprecio, de los habitantes de Yellostowne (otro de los ciudadanos le advierte de que en ese pueblo no hay trabajo para los sudistas); o el de la complicada reinserción en una sociedad vengativa y llena de prejuicios hacia los vencidos, que han visto cómo sus haciendas han quedado desoladas (en este sentido se anticipa a otro estupendo spaghetti dirigido por Michele Lupo en 1977 y también protagonizado por Gemma, la crepuscular “California”, ya reseñada en este blog, con el que presenta ciertas semejanzas, sobre todo en la primera parte). En relación con este último tema es muy clarificadora la escena final en la que Gary por fin olvida sus ansias de venganza y deja que sean los ciudadanos del pueblo, en definitiva la sociedad de la que quiere formar parte, los que hagan justicia. La reinserción se ha completado y Gary pasa a ser uno más del pueblo.


Todo ello planteado a través de un guión, obra del propio Ferroni junto a Giorgio Stegani, algo simple e ingenuo (ciertas premisas como que el dólar salve la vida del protagonista, los forajidos no se percaten de que Gary no ha muerto o McCoy no reconozca a nuestro héroe, requieren la complicidad del espectador) pero efectivo y muy dinámico en el que no dejan de suceder cosas, y en el que las abundantes escenas de acción (persecuciones, peleas y tiroteos) están perfectamente integradas en la historia.


Por lo que respecta a la dirección de Ferroni que, con su habitual seudónimo de Calvin Jackson Padget, consigue una película con un gran ritmo sin tiempos muertos, al igual que el diseño de producción, y como señalé al inicio de la reseña, está claramente influenciada por los westerns estadounidenses, tan sólo delatando el origen del film la utilización de algún zoom, no demasiado exagerado, y las mayores dosis de violencia explícita. Además me ha llamado mucho la atención la forma bastante elegante de mover la cámara en algunas secuencias, con una meritoria utilización de la grúa y de los travellings, y el inusual cuidado formal de otras escenas, como aquella en la que los forajidos torturan a un ranchero con una clara influencia expresionista en el tratamiento de la luz y en la que, supongo, jugó un papel fundamental Antonio Sechi, aquí bajo el seudónimo de Tony Dry, como responsable de la fotografía.



Otros aspectos positivos del film me parecieron las localizaciones, que se alejan de los paisajes soleados de Almería para encontrarnos con zonas frondosas, encharcadas e, incluso, en algunas secuencias neblinosas acordes con la historia narrada; y, sobre todo, la estupenda y variada banda sonora de Gianni Ferrio (colaborador de Ferroni en “Wanted” y compositor habitual en este subgénero) con un excelente y pegadizo tema llamado “A man… a story”, todo un éxito en su época, ofrecido en varias versiones (incluso en los títulos de crédito finales aparece cantado por Fred Bongusto). Junto a este, otro gran tema romántico y de corte clásico, “Give me back”, que también se escucha en versión instrumental y por unos segundos cantado, en esta ocasión, por Lydia McDonald; y uno épico más spaghettero bastante bueno que acompaña perfectamente las escenas de acción, sobre todo las cabalgadas; además de varios incidentales. Todos ellos están muy bien utilizados y están al servicio de las escenas, potenciando su carga dramática.


Por lo que respecta a los actores, el papel del íntegro Gary O’Hara está perfectamente interpretado por el atlético Gemma, bajo su seudónimo inicial, por lo que he leído en el libro de Rafael de España homenaje tanto a Clint Eastwood como a Robert Woods, de Montgomery Wood, mostrándose en plena forma en las escenas de acción. Fue esta película, rodada inmediatamente después de la exitosa “Una pistola para Ringo” (spaghetti que también cuenta con su oportuna reseña), la que terminó por encumbrarlo como uno de los grandes iconos de este subgénero, creando un tipo de personaje más amable, simpático y sonriente alejado del estereotipo taciturno encarnado por Eastwood. Junto a él, la seráfica Ida Galli, con su nombre artístico habitual de Evelyn Stewart, actriz recurrente en este género a la que también se pudo ver en la siguiente década en algunos notables giallos (“La cola del escorpión” del especialista Alberto Martino, “Huellas de pisadas en la Luna” del interesantísimo y original Luigi Bazzoni o “Siete notas en negro” del controvertido Lucio Fulci), da vida convincentemente a Judy, la sufrida esposa de Gary; mientras que, para mí, se muestra inferior el veterano Pierre Cresoy, en los títulos de crédito Peter Cross, al dar vida al malvado McCoy, el típico magnate sin escrúpulos que se aprovecha de la situación de caos vivida tras la guerra para enriquecerse apoderándose de las tierras de los rancheros. Curiosamente los tres intérpretes coincidirían ese mismo año en el aceptable western dirigido por Giorgio Stegani “Adiós gringo”, también comentado en este blog. Además la película cuenta con el aliciente añadido de que aparezca un gran número de actores, todos ellos al igual que la mayoría del equipo técnico con seudónimos americanizados en un intento supongo de hacer pasar por norteamericana la película, cuyos rostros se harían populares entre los amantes de este subgénero como Franco Fantasia en su típico papel de sheriff, en este caso corrupto, Giuseppe Addobbati en el papel de un confiado y desdichado ranchero que además rinde homenaje, no sé si conscientemente, al primer filme de Leone al hablar textualmente de “por un puñado de dólares”, Nello Pazzafini que presta su amenazante físico a uno de los hombres de la banda de McCoy, Massimo Righi como otro miembro, en este caso arrepentido, de la banda o Ignazio Spalla en el papel de un mejicano que se ocupará del gravemente herido Gary.



Por último indicaros que tengo el DVD puesto a la venta por Wild West que respeta el formato original y cuenta con un buen sonido y una imagen decente aunque en las escenas nocturnas carece de la suficiente nitidez. En cuanto a los extras, muy escasos, aparece una sucinta ficha del director y un tráiler de la película, junto con las típicas fotos y la ficha técnica de la película.
En resumen, un buen ejemplo de spaghetti que toma como modelo a los westerns serie b norteamericanos a los que, para mí, no sólo tiene poco que envidiar sino que en muchos casos, incluso, supera, y que constituye una buena muestra del más que correcto nivel alcanzado en este género en Europa antes de que proliferasen un buen número de películas hechas con precipitación y muy escasos medios y cuyas propuestas cada vez fueron más estrambóticas.

PUNTUACIÓN:
HISTORIA: 6.
AMBIENTACIÓN: 7.
DIRECCIÓN: 7.
ACTORES: 6.
MÚSICA: 8.

MEDIA: 6,8.

martes, 7 de febrero de 2012

Conrado San Martín

Prolífico actor y ocasional productor español (Higuera de las Dueñas, Ávila 1921) que ha intervenido en más de ciento veinte películas y episodios para televisión, aparte de protagonizar numerosas obras de teatro, y todo ello a pesar de que desapareció profesionalmente, como el Guadiana, en 1968 para no volver al mundo de la interpretación hasta ocho años después en un filme de Pedro Masó. Sólo apareciendo, según he podido comprobar en una página de cine, durante esos años en un papel sin acreditar en el largometraje de Sergio Leone “¡Agáchate maldito!”.

En los primeros años de su vida se dedicaría al boxeo como amateur, al mismo tiempo que empezaba a desempeñar pequeños papeles en el teatro y aparecía como figurante en algunas películas. Durante la década de los cuarenta trabajará como secundario para directores tan característicos como Antonio Román (“Los últimos de Filipinas” y “Fuenteovejuna”), Rafael Gil (“El fantasma y Doña Juanita”, “Don Quijote de la Mancha”), Juan de Orduña (“La Lola se va a los puertos”, “Locura de amor”) o Luis Lucía. Pero su talento no pasará desapercibido y la productora Emisora Films de Ignacio F. Iquino le contratará en exclusiva a finales de esta década convirtiéndole en el galán protagonista de esta productora. 1950 se convertirá en un año clave profesionalmente para Conrado ya que, en Emisora Films, protagonizará ”Mi adorado Juan” de Jerónimo Mihura (su largometraje favorito) y la película de gran éxito dirigida por Julio Salvador y con guión de Isasi-Isasmendi “Apartado de correos 1001”, un gran thriller que, junto a “Brigada criminal”, también producida por Iquino, inauguraría un cine policíaco a la española desarrollado fundamentalmente en Barcelona y Madrid.
El éxito cosechado con esta película le permitiría durante esta década protagonizar un gran número de largometrajes y le animaría a constituir su propia productora de vida efímera, Laurus Films, con la que protagonizaría dos dramas dirigidos por Salvador, ”Lo que nunca muere” y "Sin la sonrisa de Dios”, que no tuvieron demasiada suerte entre el público.
En la siguiente década y en plena madurez constituirá una presencia habitual en las abundantes coproducciones que se rodarían en Europa como “El coloso de Rodas” dirigida en 1961 por Sergio Leone y protagonizada por Rory Calhoun; “Rey de reyes” superproducción dirigida por Nicholas Ray sobre la vida de Jesús de Nazareth, al que encarnó Jeffrey Hunter; “Gritos en la noche” de Jesús Franco; o varios spaghettis entre los que se encuentra “Hasta que llegó su hora”. En 1976, este actor admirador confeso de Spencer Tracy y Gary Cooper, retomaría su carrera interviniendo hasta hoy en películas de Pedro Masó (“La menor”), Pedro Lazaga (“Vota a Gundisalvo”), Vicente Aranda (“Asesinato en el comité central”, basada en una novela de Vázquez Montalbán), Pilar Miró (“Hablamos esta noche”), Miguel Picazo (“Extramuros”) o Jaime Camino (“Dragón Rapide”); al mismo tiempo que, progresivamente, iría intensificando su presencia en la pequeña pantalla apareciendo en series como “Proceso a Mariana Pineda” protagonizada por Pepa Flores, “La huella del crimen” en el episodio sobre el crimen del capitán Sánchez, “Brigada central” serie policíaca basada en unos relatos de Juan Madrid y protagonizada por Imanol Arias, “Los jinetes del alba”, drama bélico con Victoria Abril y Jorge Sanz o la miniserie de televisión dirigida por Fernando Méndez Leite “La Regenta”, adaptación de una novela de “Clarín”.


Su última aparición, en 2008, ha tenido lugar en la miniserie de televisión “La bella Otero”

Filmografía SW:
1965.- “Plazo para morir”
1967.- “Los largos días de la venganza”
1967.“Winchester Bill”
1968.- “Hasta que llegó su hora”/// Reseña adicional
1971.- “¡Agáchate maldito!”/// Reseña adicional
1984.- “Al este del oeste”

jueves, 2 de febrero de 2012

JOE NAVIDAD


JOE NAVIDAD (The Christmas Kid)
1967
España/Usa
Director: Sidney W. Pink
Reparto: Jeffrey Hunter, Louis Hayward, Gustavo Rojo, Perla Cristal, Luis Prendes, Reginald Gilliam, Fernando Hilbeck, Jack Taylo, Eric Chapman, Russ Stoddard , Carl Rapp, Guillermo Méndez, Álvaro de Luna, Alejandra Nilo.
Guión: Rodrigo Rivero, Jim Henaghan
Fotografía: Manuel Hernández Sanjuán
Música: Fernando García Morcillo

Coproducción hispano-estadounidense de 1967 ejemplo de los westerns de bajo presupuesto rodados en España durante los años sesenta y setenta con capital norteamericano en los que se buscaba abaratar los costes, y que en esta ocasión contó como director, a la vez que productor, con el recientemente fallecido Sidney W. Pink, un hombre de cine (fue director, guionista y, sobre todo, productor) conocido básicamente por haber participado en la producción de la primera película en color en 3D (“Bwana devil” de 1952 protagonizada por el “intocable” Robert Stack) que tras dirigir y producir dos filmes de ciencia ficción de serie Z en Dinamarca (“Repticulus” de 1961 y “Journey to the Seventh Planet” de 1962) en los que contó con la colaboración como guionista de su amigo Ib Melchior, recaló en España en donde dirigió y produjo varias películas hasta finales de los sesenta, entre ellas varios westerns de escasa calidad como “El dedo en el gatillo” (1965) con el habitual en producciones de serie b Rory Calhoun, “Los siete de Pancho Villa” (1967) y “Bang, Bang Kid” (1967). En las dos últimas, ya comentadas en este blog, sólo se limitó a labores de producción, encargando la dirección de la primera a José María Elorrieta, realizador con el que trabajaría habitualmente a finales de la década de los sesenta. Además le dio uno de los primeros papeles importantes a Dustin Hoffman en la coproducción italo-hispano-estadounidense rodada en Italia “El millón de Madigan” (1968).

SINOPSIS: Joe Novack, apodado Joe “Navidad” por haber nacido el día de Navidad de 1855, crece en la ciudad de Jaspers bajo la indiferencia de su alcohólico padre, que le responsabiliza de la muerte de su madre durante el parto, y la educación de tres de los prohombres del pueblo. Convertido en un problemático y pendenciero joven, el descubrimiento de importantes yacimientos de cobre en la región y la llegada de individuos indeseables y ambiciosos al pueblo, sobre todo Mike Cullingan, pondrán a prueba sus convicciones morales.





Nos encontramos ante un curioso guión, en el que se establece un cierto paralelismo entre la vida del protagonista y la de Jesucristo, estructurado en dos partes diferenciadas. Así en la primera vemos nacer y crecer al protagonista, así como su evolución pasando de ser un crío apocado que rehúye las peleas y suele “poner la otra mejilla” a convertirse en un pistolero bravucón, líder de los jóvenes del pueblo, al que su tío Louis ha enseñado a pelear y a disparar. Mientras que en la segunda, convertido en un adulto, se redimirá abandonando la vida que había llevado hasta ahora y, como sheriff de la ciudad, se enfrentará a Mike Cullingan, una especie de mafioso hombre de negocios causante de los mayores desmanes en Jaspers.

En ambas partes las referencias a la figura de Jesús son evidentes: su madre se llama Marika (nombre magiar para María); en la primera escena vemos a sus padres buscando un lugar para dar a luz Marika, encontrando tan sólo una especie de posta abandonada en donde nacerá el protagonista el día de Navidad; hasta allí llegan, guiados por la luz que desprende el fuego, tres individuos con profesiones “nobles” (el médico, el juez y el alcalde de Jaspers); su padre es un trabajador manual, en este caso pasa de ser carpintero a herrero; de mayor redimirá a una cabaretera-prostituta que para más señas se llama Marie en una clara alusión a María Magdalena; en un momento dado el sheriff de la ciudad dice de él que “Los jóvenes lo idolatran”; será tentado por un mefistofélico Cullingan tanto con riquezas como con mujeres; será traicionado, a cambio de una jugosa cantidad de dinero, por uno de sus mejores amigos, llamado Jud, que se arrepentirá de su traición en el último momento; estará a punto de ser ajusticiado, aquí se cambia la cruz por la horca, junto a otros dos delincuentes; y por último, tras su “resurrección”, se convertirá en el líder de Jaspers en una escena final en la que todos los habitantes del pueblo le siguen.

Pero estas premisas interesantes del guión son echadas a perder por un desafortunado Sidney Pink que parece carecer del talento suficiente para dar una mayor hondura a la historia y al drama vivido por el protagonista, criado por los tres prohombres ante el desprecio que siente hacia él su alcohólico padre. El resultado es una película mediocre y aburrida en la que el director muestra su incompetencia para narrar una historia, ya que en bastantes ocasiones no quedan suficientemente explicadas las reacciones de los personajes y la historia, sobre todo a partir de la aparición del corruptor Cullingan, se hace cada vez más precipitada y confusa con saltos bruscos entre las distintas escenas. Así por ejemplo vemos al juez presidir un juicio y en la siguiente escena estar en una reunión en la que se elige sheriff a Joe; o en otra vemos en el saloon a Joe que convence a Marie delante de Cullingam para que abandone “esa vida de perdición”, en la siguiente Cullingam y Marie discuten en una habitación en la que entra Joe, para a continuación en otra habitación ver a Cullingam planear con dos pistoleros el asesinato de Marie. En definitiva, un caos narrativo.

Y a todo esto hay que añadir las escasísimas escenas de acción y el hecho de que, debido al presupuesto irrisorio con el que se contó, la mayor parte del filme se desarrolla entre las cuatro casas que conforman el pueblo.

Por lo que respecta al elenco actoral creo que es de los pocos elementos salvables de la película. Para dar vida a Joe Navidad se escogió Jeffrey Hunter, un actor lanzado como una de las grandes promesas de la 20th Century Fox en los años cincuenta que llegó a trabajar con John Ford en tres largometrajes (entre ellos la mítica “Centauros del desierto”) y que en la siguiente década, en plena decadencia, se convirtió en un habitual de las coproducciones europeas, participando en varios euro westerns como “Joaquín Murrieta” (1965), “Oeste sin fronteras” (1967), ambas ya comentadas, o la película que nos ocupa. Junto a él, un estupendo Louis Hayward, que ese mismo año había interpretado al traidor mayor Benson en el western de Gordon Douglas “Chuka”, encarna al mismísimo Diablo personificado en el personaje de Cullingham, un ambicioso y taimado hombre de negocios acostumbrado a corromper a las personas. El principal, y prácticamente único, personaje femenino recayó en la actriz argentina Perla Cristal, por aquellos años habitual en este subgénero (por ejemplo se la pudo ver en las ya reseñadas en este blog “Siete pistolas para los McGregor”, “Las siete magníficas”, “Comanche blanco” o “Reverendo Colt”), que interpreta aceptablemente a la “pecadora” y finalmente redimida Marie. En papeles secundarios nos encontramos a actores de la solvencia de Gustavo Rojo (visto, entre otras, en las también comentadas “Mestizo” y “Los desesperados”, además de las mencionadas “Los siete de Pancho Villa” y “Las siete magníficas”) como uno de “los reyes magos”, el alcalde Louis que enseñará a pelear y a disparar a Joe; Luis Prendes, que había coincidido con el anterior en “Mestizo” y “Las siete magníficas” y con Perla Cristal en esta última y en “Comanche blanco”, en el papel del juez George Perkins, otro de “los reyes magos”, que se mostrará muy critico con la evolución experimentada por Joe; el actor norteamericano afincado en España Jack Taylor, que en poco tiempo se convertiría en un recurrente del fantaterror español, sobresale en las escenas en las que aparece como el torturado y alcoholizado padre de Joe, al que responsabiliza de la muerte de Marika (en un momento dado se refiere a él como a un Caín); mientras que Fernando Hilbeck, un gran secundario con varias apariciones en este género, se encarga del traidor Jud Walters, para mí gusto un interesante personaje muy poco desarrollado.



En resumen, un eurowestern del montón que desperdicia sus atractivas premisas y que me resultó terriblemente tedioso por carecer de fuerza el drama narrado y por sus escasas escenas de acción.


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 4.

AMBIENTACIÓN: 3.
DIRECCIÓN: 2.
ACTORES: 6.
MÚSICA: 4.

MEDIA: 3,8.