miércoles, 28 de diciembre de 2011

Encuentran un negativo escondido de un western de Leone

(Noticia extraida de la web "Sergio Leone Web Boarder").
¿Que puede valer un nuevo western de Leone?
Imposible de saber.
Pues hará como unos meses, un par de italianos encontraron en unos archivos olvidados de Cineccita un negativo, que parece ser que contiene lo que parece ser unos 40 minutos de metraje de un western, rodado en la epoca del spaghetti. Dicho material está sin sonido ni montado, es solo lo rodado.
Pero la noticia saltó cuando, al mirar en los archivos, encontraron el nombre de la película durante el rodaje (que no se sabe cual es), y al lado, el nombre del director; Sergio Leone.
Como es normal, se sabe realmente poco del asunto, ya que el secretismo en Italia sobre el asunto es total, pero la verdad es que sería una gozada poder ver algo de lo rodado por el maestro en "bruto".
Estaremos atentos a la noticia.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Nominación "Los españoles en el western"

Foto Juan Sánchez
El libro "Los españoles en el western", de Juan Grabiel García Cantón ha recibido una nominación para la categoría de Mejor Libro de Cine de los Premios ASECAN 2012.
Le deseamos que logre ganar el premio.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

PECOS Y EL TESORO DE MOCTEZUMA


Pecos y el tesoro de Moctezuma (Pecos è qui: prega e muori )
1967
Italia
Director: Maurizio Lucidi
Reparto: Robert Woods, Luciana Gilli, Enrico Crisa, Ignazio Spalla, Umberto Raho, Piero Vida, Carlo Gaddi, Brigitte Wentzel, Fred Coplan, Luigi Casellato, Poldo Bendandi, Mirella Panfili, Simon Lafitte, Giuseppe Castellano, Elio Angelucci, Fred Coplan, Mauro Mannatrizio, Gino Barbacane, Osiride Peverello
Guión: Fernando di Leo, Adriano Bolzoni, Augusto Caminito
Fotografía: Franco VillaMúsica: Coriolano Gori


Segunda entrega de las andanzas del pistolero mejicano Pecos Martínez filmada tan sólo unos meses después de la estimable “Mi nombre es Pecos” prácticamente por el mismo equipo: el actor principal (Robert Woods), el director (Maurizio Lucidi), el director de fotografía (Franco Villa), Adriano Bolzoni como guionista, al que se sumaron otros dos escritores habituales de este subgénero como son Augusto Caminito (“Los largos días de la venganza”, “El último pistolero”, “Los profesionales del oro”) y Fernando Di Leo (“El retorno de Ringo”, “Joe el implacable”, “Los profesionales del oro”), por lo que se hacen aún más llamativas las grandes diferencias que presenta con el filme original, quedando como únicos nexos de unión entre una y otra el personaje de Pecos, un pistolero, tan rápido como letal con sus colts, de nacionalidad mejicana pero con la mayoría de los atributos del antihéroe propio de este subgénero que, en esta ocasión, se mostrará menos taciturno y más expansivo; y algún guiño a la primera película como cuando se presenta, a lo James Bond, con la frase “Mi nombre es Pecos” o la manera que tiene de acabar con “El Supremo”. Por lo demás, si con la primera nos encontramos con un spaghetti western oscuro, grave y muy violento que gravitaba en torno al tema de la venganza, en esta ocasión asistimos a la típica película de aventuras, más ligera, con ciertos toques de humor generalmente protagonizados por los tres músicos (la presentación de éstos -Pepe, Paco y Pinto- me recordó a los personajes de la película de Walt Disney rodada en 1944 “Los tres caballeros”) y cuyo tema principal es la búsqueda por un grupo de aventureros de un tesoro escondido en la selva mejicana.


SINOPSIS: Antes de morir, el malherido sobreviviente de una masacre perpetrada por los hombres de “El Supremo” (un megalómano asesino que se declara descendiente de Moctezuma y pretende conquistar Méjico) entrega a tres músicos mejicanos el plano de un tesoro. Éstos, junto con el pistolero Pecos al que conocieron en una cantina, marcharán a Texcoco (antigua ciudad del imperio azteca), lugar controlado por “El Supremo” y sus forajidos, en busca del tesoro. La aventura no ha hecho más que comenzar.

Extravagante propuesta basada en la famosa leyenda del tesoro de Moctezuma (algunas fuentes sostienen que permanece todavía enterrado, mientras otras afirman que gran parte del mismo fue saqueado por los conquistadores y perdido en la famosa Noche Triste) que no sólo palidece en comparación con el primer largometraje protagonizado por Pecos al mostrarse, para mí, muy inferior, sino que como filme independiente tampoco funciona debido las carencias mostradas por el guión, la dirección y la ambientación.

Así nos encontramos con un guión decepcionante por proceder de escritores con interesantes libretos en su haber y, sobre todo, delirante, en el que todo vale, desde una banda de forajidos que son la ingenuidad personificada y se dejan engañar fácilmente por nuestro antihéroe hasta la existencia de personajes que no aportan nada a la trama pero están ahí para dar un poco de color, pasando por situaciones absurdas como el hecho de que los pistoleros asesinen a los enviados para efectuar el canje de las mujeres que retienen como rehenes, que el dichoso tesoro se encuentre en la misma pirámide habitada por los bandoleros sin que éstos, que llevan tiempo buscándolo, se hallan dado cuenta o que sea muy secreta su ubicación pero una especie de ermitaño, casualmente gran amigo de Pecos, le indique a éste el lugar exacto en donde se encuentra.

Como aspectos positivos, muy pocos, del guión creo que hay que citar alguna frase afortunada, como la de Pecos en relación con el tesoro, todo un axioma, al señalar que “El dinero es creación del diablo. Por eso hizo las monedas redondas, para que rodarán y la gente tuviera que correr tras ellas”; o la acertada identificación de cada uno de los tres lugartenientes del Supremo con un pecado capital; así, Dago representa la gula, Frenchy personifica la lujuria y Rayo encarna la avaricia; mientras que en “El Supremo” predominan la soberbia y la ira. De esta forma el guión hunde sus raíces en la moral católica.


En cuanto a la dirección por parte de Murizio Lucidi no puede ser más rutinaria y frente al primer filme caracterizada por la preocupación en la planificación de las escenas, así como por su concisión y agilidad, aquí nos encontramos con una dirección más vulgar y con escenas y situaciones de relleno que, tras un correcto comienzo, ralentizan la acción, dando lugar a un filme disparatado y aburrido, en el que además no se les saca ningún partido a los escenarios naturales en donde se desarrolla la acción.

Por último, el tercer elemento que falla estrepitosamente es la ambientación debido fundamentalmente a la escasez presupuestaria, lo que, a diferencia de la primera película en la que se logró solucionar el problema centrando la acción en el pueblo, incide negativamente en la credibilidad de este largometraje que necesariamente requiere más escenarios y dinero. Así, por ejemplo, “El Diablo” y sus hombres viven en una pirámide azteca de dimensiones ridículas que da el cante de estar hecha con cartón piedra, además de encontrarse ubicada en un paraje sin ningún rastro de más vestigios cuando se supone que es la ciudad precolombina de Texcoco; los interiores de la misma cuentan con una decoración paupérrima que queda bastante cutre; y resulta ridículo que “El Diablo” pretenda conquistar Méjico con el dichoso tesoro cuando no dispone de más de veinte hombres.

Tampoco la banda sonora lógicamente de inspiración fronteriza y compuesta, al igual que en su antecesora, por Coriolano Gori es memorable, aunque cuenta con un par de temas, con trompeta solista, aceptables, pero ensombrecidos por el que tocan los tres músicos que se repite cansinamente y me resultó muy pesado.

Por lo que se refiere a los actores, Robert Woods vuelve a interpretar de forma satisfactoria a Pecos, al que se nos presenta tan astuto o más que en la primera película y como un individuo más abierto (incluso se permite el lujo de sonreír en varias ocasiones) en el que parece no quedan rasgos de la tristeza y amargura provocadas por su doloroso pasado. Junto a él Erno Crisa interpreta a un patético Supremo, individuo autoproclamado descendiente de Moctezuma que viste ridículamente con un traje negro y una cinta roja para el pelo, vestimenta más propia de un filme de artes marciales; unos correctos Ignazio Spalla, bajo el nombre de Pedro Sánchez, y Carlo Gaddi, en su debut en este subgénero, como Dago y Frenchy respectivamente, dos de los tres lugartenientes del Supremo; y Umberto Raho, en un papel muy diferente al interpretado en el primer filme, como Pinto, uno de los tres músicos, personaje pretendidamente cómico que no me hizo ninguna gracia,

Por último comentaros que tengo el DVD puesto en circulación por Jenymar en su Serie Texas, que no sólo no respeta el formato original sino que la calidad de la imagen deja mucho que desear. Otra tomadura de pelo de esta casa y van…

En resumen, un intento fallido, para mí, consistente en combinar dos géneros, en principio no tan alejados, como son el spaghetti y las películas de aventuras, debido fundamentalmente a un disparatado guión y a la falta de un presupuesto adecuado necesario para dar mayor veracidad a la historia narrada.



PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 3
AMBIENTACIÓN: 2
DIRECCIÓN: 4
ACTORES: 5
MÚSICA: 4

MEDIA: 3,6

lunes, 19 de diciembre de 2011

MI NOMBRE ES PECOS



Mi nombre es Pecos (Pecos è qui: prega e muori )
1967
Italia
Director: Maurizio Lucidi
Reparto: Robert Woods, Luciana Gilli, Enrico Crisa, Ignazio Spalla, Umberto Raho, Piero Vida, Carlo Gaddi, Brigitte Wentzel, Fred Coplan, Luigi Casellato, Poldo Bendandi, Mirella Panfili, Simon Lafitte, Giuseppe Castellano, Elio Angelucci , Fred Coplan, Mauro Mannatrizio, Gino Barbacane, Osiride Peverello
Guión: Fernando di Leo, Adriano Bolzoni, Augusto Caminito
Fotografía:Franco Villa
Müsica: Coriolano Gori

Producción italiana de 1966 que supuso el segundo largometraje, tras haber rodado un “péplum” el año anterior, de Maurice A. Bright, en realidad Maurizio Lucidi, un director con una filmografía no demasiado extensa, con cuatro spaghettis en su haber, y poco relevante que, en esta ocasión, contó como protagonista con Robert Woods, un espigado actor norteamericano “descubierto” por los hermanos Balcázar al que le ofrecieron un contrato para protagonizar varios spaghettis, entre ellos “Los pistoleros de Arizona” y “Viva Carrancho” en los que compartió protagonismo con Fernando Sancho, que se convertiría en una de las presencias recurrentes de este subgénero (protagonizó más de veinte spaghettis en diez años) aunque generalmente en largometrajes de bajo presupuesto. Este hecho quizás pueda explicar su menor popularidad frente a otros actores a pesar de su versatilidad, lo que le llevó a interpretar desde héroes clásicos más propios de los westerns serie b como es el caso de Johnny Blith en “Starblack”, pasando por personajes más ligeros y desenfadados como el de Gregor McGregor en “Siete pistolas para los McGregor” o malvados como el explotador dueño de la mina de “Viva Carrancho”, hasta personajes más graves, en los que para mí estuvo sobresaliente, como el perturbado asesino de “Black Jack”, el alcoholizado pistolero que no puede huir de su pasado de “El puro se sienta, espera y dispara” o el personaje que interpreta en la película que nos ocupa. Además frente a la mayoría de los principales actores de este subgénero que se forjaron un prototipo de antihéroe, como es el caso de, por ejemplo, Franco Nero, por lo menos en sus primeros westerns, y Anthonny Steffen que, siguiendo la escuela de Eastwood, generalmente interpretaron a personajes taciturnos y lacónicos; Giuliano Gemma al que mayormente se le recuerda por sus actuaciones más dinámicas y expansivas, siempre con la sonrisa en los labios; Gianni Garko caracterizado por sus elegantes e irónicos pistoleros; George Hilton que aportó un carácter más desenfadado al antihéroe típico de este subgénero; o Fernando Sancho que generalmente dio vida al prototipo de mejicano dicharachero y excesivo; a Robert Woods, en principio, no se le identifica con ningún estereotipo, lo que creó a larga quizás le perjudicase.

SINOPSIS: Los habitantes de Houston viven aterrorizados por la banda de Joe Clane que ha tomado el pueblo en su intento por recuperar el producto del robo del banco de Laredo, 80.000 dólares, escondido en Houston por un traidor con ayuda de un vecino cuya identidad desconocen. Hasta allí llegará Pecos Martínez, un enigmático pistolero mejicano tan rápido con el revólver como parco en palabras, que tiene una dolorosa cuenta pendiente con Joe. El enfrentamiento será inevitable.



Interesante spaghetti que desarrolla dos subtramas (el intento de recuperar el botín por parte de unos sanguinarios pistoleros que no se detienen ante nada y ante nadie, y el ajuste de cuentas entre Pecos y Joe) presididas por la codicia, la venganza, la violencia y el racismo, y perfectamente entrelazadas gracias a un hábil y esquemático guión del especialista Adriano Bolzoni, aunque escasamente original tanto en las situaciones (cabalgadas, palizas al antihéroe) como en los temas desarrollados, y que es claramente deudor de la película “Django”, desde la primera y sobresaliente escena en la que vemos vagar por un desierto a Pecos cargando con una silla de montar hasta aquella desarrollada en el cementerio en la que vemos la tumba de su familia, pasando por ciertos personajes (el avaricioso predicador recuerda a aquél al que cortaba una oreja el general Rodríguez), el escenario en donde se desarrolla la acción (un pueblo fronterizo con apariencia fantasmal tomado por unos pistoleros) o ciertos guiños como el hecho de que en el pasado al médico le destrozarán las manos como le ocurría al personaje encarnado por Franco Nero.

Como elemento más llamativo de la película nos encontramos con el propio personaje de Pecos, ya que, en una clara inversión de los papeles, nos vamos a encontrar a un mejicano dando vida a un personaje reservado a los estadounidenses. Así, hasta ese momento los personajes de nacionalidad mejicana habían aparecido como grandes terratenientes, humildes campesinos víctima de la violencia estadounidense o de sus propios gobernantes, forajidos o, en el mejor de los casos, como compañero del protagonista; pero aquí nos encontramos con un mejicano que actúa como el típico antihéroe de los spaghettis y presenta la mayoría de sus características.

Al mismo tiempo me ha llamado la atención, quizás también como consecuencia de la influencia de “Django”, la crudeza y violencia de determinadas escenas máxime si tenemos en cuenta el año de su realización. De esta forma veremos arrastrar sin contemplaciones a un individuo que ha recibido varios balazos y se está desangrando, asistiremos a dos intentos de violación, contemplaremos como es asesinado a sangre fría y sin ningún tipo de remordimiento un indefenso personaje al mismo tiempo que es torturada una mujer e, incluso, contemplaremos cómo el protagonista se ensaña con uno de los pistoleros acribillándole a balazos y la forma brutal con la que calma su sed de venganza en la secuencia final; escenas en las que, además, no se nos ahorra la visión de la sangre.

Por lo que respecta a Maurizio Lucidi creo que consigue una película ágil, sin tiempos muertos y en las que las abundantes escenas de tiroteos y peleas no parecen meros rellenos para alargar el filme; además de rodar varias secuencias muy buenas, como la ya mencionada del inicio o aquella en la que varios forajidos golpean al héroe y sitúa la cámara fuera del saloon, por lo que vemos la paliza a través de los cristales satinados. Su trabajo, además, estuvo beneficiado por la gran labor de Franco Villa como director de fotografía.

En cuanto a la banda sonora, compuesta por Coriolano Gori, cuenta con un gran y apropiado tema principal, “The ballad of Pecos” muy bien cantado por Bob Smart pero se trata de una copia descarada del gran éxito de The Animals “The house of the rising sun”. También se puede escuchar repetidas veces otro tema de corte épico bastante aceptable.

Otro de los aspectos sobresalientes es la dirección de actores lo que redunda en las buenas interpretaciones de todos ellos. Robert Woods está impecable como el pistolero mejicano Pecos que se muestra en su venganza tan brutal como los pistoleros con los que quiere acabar. Pier Paolo Capollini, en su única incursión en este subgénero, está muy acertado encarnado a Joe Kline, el despiadado jefe de la banda de forajidos. Umberto Raho está realmente bien en su papel de avaricioso, traicionero y peculiar predicador, mientras que la banda de Kline está interpretada por habituales como Peter Carsten, la mano derecha de aquél, Max Deane, en realidad Massimo Righi o, en sus primeros papeles dentro de este subgénero, George Eastman, cuya enorme presencia física y buen hacer no pasó desapercibido participando a continuación en dos filmes de Ferdinando Baldi y otros dos de Giussepe Vari, y Pietro Maletanza, alias Peter Martell. Estos dos últimos coincidirían, en esta ocasión en roles positivos, en la estimable “Chiakmull”.



Como curiosidades comentaros que el encargado de los decorados fue Demofilo Fidani que al año siguiente debutaría tras la cámara recibiendo el apelativo del Ed Wood del spaghetti, mientras que como cameraman aparece el futuro rey del porno italiano Joe D’Amato.

Por último comentaros que la película gozó del suficiente éxito para unos meses después rodarse una segunda parte de las aventuras de Pecos con, prácticamente, el mismo equipo que se tituló “Pecos y el tesoro de Moctezuma”.

En definitiva, un oscuro, violento y no demasiado conocido euro western que, a pesar de su falta de originalidad y sus evidentes carencias presupuestarias (la mayor parte de la historia se desarrolla en el mismo escenario), creo que no defraudará a los amantes de este subgénero ya que ofrece lo que se espera de un buen spaghetti, además de estar aceptablemente narrado y contar con personajes bien perfilados y creíbles.




PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7

AMBIENTACIÓN: 5
DIRECCIÓN: 7
ACTORES: 7
MÚSICA: 5

MEDIA: 6,2

sábado, 17 de diciembre de 2011

Muere Alberto de Mendoza

El pasado lunes 12 nos dejaba el actor Alberto de Mendoza en la madrileña Clínica de la Luz, donde llevaba varios días internado por una insuficiencia respiratoria.
Actuó en más de 190 películas, entre ellas tres spaghettis.
Descanse en paz.

viernes, 16 de diciembre de 2011

PARA MI EL ORO, PARA TI EL PLOMO

Para mi el oro, para ti el plomo (Lo chiamavano Tresette... giocava sempre col morto) 
1973
Italia
Director: Giuliano Carnimeo
Reparto: George Hilton, Cris Huerta, Ida Galli, Sal Borgese, Umberto D'Orsi, Rosalba Neri, Alfio Caltabiano, Nello Pazzafini, Dante Cleri, Pasquale Coletta, Luigi Pagnani, Furio Meniconi, Pietro Ceccarelli, Fortunato Arena, Aldo Cecconi, Veriano Genesi, Carla Mancini , Ottorino Polentini, Maurice Poli, Claudio Ruffini, Sergio Smacchi, Franco Ukmar, Aldo Dell'Acqua, Bruno Boschetti, Tony Norton, Goffredo Unger
Guión: Tito Carpi
Fotografía: Stelvio Massispani
Música: Bruno Nicolai 

En 1973, fecha de realización de este largometraje, el western hecho en Europa se encontraba en decadencia debido, sobre todo, al gran número de westerns realizados que en la mayoría de los casos se limitaban a repetir los mismos esquemas y situaciones, con lo que se provocó la lógica saturación en el mercado. Por todo ello, no es de extrañar que, dada la gran acogida que tuvieron entre el público los dos westerns sobre Trinidad dirigidos por Enzo Barboni bajo el seudónimo de E. B. Clucher y protagonizados por la pareja Hill-Spencer, proliferasen los spaghettis en tono de comedia (este mismo año se rodaron, entre otros, la segunda parte de las andanzas de Providenza, “Carambola”, “Ninguno de los tres se llamaba Trinidad”, “Los tres superhombres en el Oeste”, “Todos para uno, golpes para todos” o “A Dios rogando y con el puño dando”) en los que se abandonaron las esencias de este subgénero a cambio de unas propuestas cada vez más esperpénticas, surrealistas y, en la mayoría de los casos, pueriles que terminaron por acabar con el euro western. 

SINOPSIS: Tresette, un famoso pistolero, junto con Bambi, el desastrado sheriff de Manzana Podrida, es contratado por McPherson, el prohombre del mencionado pueblo, para llevar un cargamento de oro hasta Dallas. Por el camino, a pesar de haberse disfrazado de comerciantes, tendrán que enfrentarse a diferentes bandas de delincuentes (Los Calvos, Los Emigrados, Los Frailes) además de con un pistolero que persigue incansablemente a Tresette. Enfrentamientos de los que saldrán airosos para comprobar, cuando llegan a su destino, que han sido víctimas de una conspiración que intentarán desbaratar. 

Mediocre spaghetti dirigido de forma rutinaria por Giuliano Carnimeo un director con querencia por la comedia, responsable de cuatro de las cinco entregas, incluida la protagonizada por George Hilton, de Sartana (un personaje caracterizado, al igual que su modelo James Bond, por su ironía y la utilización de gadgets), y creador de Aleluya, también interpretado por Hilton, con el que incrementó los elementos cómicos en sus westerns, para decantarse abiertamente por la comedia bufa con el personaje de Tresette. 

El largometraje cuenta con un flojísimo guión del especialista Tito Carpi (habitual en los westerns de Carnimeo y Castellari) que desarrolla una historia bastante simple, con un tono similar al de su modelo (los mencionados spaghettis de Barboni) y con unos gags que también remiten a las películas de Trinidad. Así nos vamos a encontrar con gags visuales basados, básicamente, en peleas de corte humorístico en los que, incluso, en un claro homenaje a los antiguos filmes de la Keystone, se recurre a la cámara rápida; homenaje que es también notorio en la refriega con tartas sostenida por los dos héroes en la pastelería de Miss Marlene, la socia de McPherson. Junto a estos gags visuales, muchos de ellos propios de los dibujos animados, también abundan los pretendidamente ingeniosos basados en juegos de palabras como aquél en el que el pistolero que persigue a Tresette le dice: “Ha llegado tu hora” y éste le responde “A éste le debe funcionar mal el reloj. Son diez veces las que me ha dicho lo mismo y esa hora no llega” o en la que el mismo pistolero le ofrece un colt para batirse y Tresette lo rechaza afirmando: “No, no. Me da asco tocar las pistolas de los demás”. El resultado es una película repetitiva hasta el aburrimiento en el que se reiteran hasta la saciedad las mismas situaciones y en la que tan sólo algún gag aislado funciona frente a la mayoría de chistes fáciles y situaciones ridículas. Demasiado poco para los más de noventa minutos que dura la película. 





Al frente del reparto se encuentra una de las presencias habituales de este subgénero, el uruguayo George Hilton, actor que colaboró habitualmente con Carnimeo y no sólo en sus westerns (también protagonizó “Las lágrimas de Jennifer", un aceptable giallo junto a la estrella erótica Edwige Fenech, actriz a la que le une una buena amistad y con la que formaría pareja artística bajo las órdenes de Sergio Martino). En este caso se muestra cómodo en el papel de Tresette, un personaje con claras influencias tanto de Sartana, por la utilización de gadgets (en este película unos carillones con sorpresas) como de Aleluya (de hecho en la versión que he visto le llaman así). Como su compañero Bambi, nos encontramos al también recurrente actor portugués Chris Huerta tratando de emular a Bud Spencer en el personaje de Bambino, comparación de la que, para mí, sale mal parado. Junto a ellos y en papeles menores dos actores que desarrollaron gran parte de su carrera en el género de la comedia como son Umberto D’Orsi en el papel del pérfido y avaricioso McPherson y Salvatore Borghese como Salvatore Papalardo, el líder de la banda de los emigrados que aparece en una absurda y tópica escena en la que se presenta a los sicilianos como mafiosos y celosos compulsivos. También aparecen por ahí unas desaprovechadas Ida Galli, bajo su seudónimo de Ewelyn Stewart, y Rosalba Neri, la primera en el rol de Miss Marlene, la socia de McPherson y la segunda como la sufrida esposa de Salvatore y objeto de sus enfermizos celos, y Nello Pazzafini como el jefe de los bandidos llamados los frailes, que también protagoniza otra ridícula escena. Por último, cabe señalar el rol del incansable pistolero que persigue a Tresette con nulos resultados y a cuya presencia le precede el sonido de un tango interpretado, parece ser, por un tal Tony Norton (supongo que se trata de un seudónimo) al que creo ya había visto en ambas entregas de Trinidad con una imagen muy parecida. Para mí uno de los personajes más logrados, mezcla del Coyote, el enemigo del Correcaminos, puesto que, como le ocurría a aquél con los productos ACME, siempre sale mal parado al ser la víctima principal de los artilugios de Tresette, y el robot interpretado por Yul Brinner en “Almas de metal”, ya que como él viste entero de negro e insiste una y otra vez en enfrentarse con los protagonistas. 

Como curiosidades señalaros que la película rinde homenaje, no sé si como declaración de su intención de combinar ambos géneros, tanto a “La muerte tenía un precio” en una secuencia de un duelo en el que se escucha la música del carillón; como a “Con faldas y a lo loco”, ya que en la escena en la que un pistolero que está cortejando a Bambi descubre al levantarle el velo que tapaba su cara que en realidad es un hombre se da una situación parecida y se repite la frase “Nadie es perfecto” con la que acababa la obra maestra de Billy Wilder. 

Por último, comentaros que el largometraje debió de gozar del suficiente éxito como para que al año siguiente volviéramos a ver a George Hilton interpretar a Tresette acompañado de nuevo por Cris Huerta en el filme, también dirigido por Carnimeo, “Di Tresette cen’è uno, tutti gli altri son nessuno”, película que no he visto y no sé cómo se tradujo en España. 

En definitiva, un pobre y vulgar spaghetti cómico muestra de la decadencia y degeneración a la que llegó este género, máxime teniendo en cuenta que, para mí, es superior a otros de este mismo estilo; por lo que sólo lo recomiendo para aquellos a los que les guste el spaghetti paródico, que no es mi caso. 



PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 2 
AMBIENTACIÓN: 4 
DIRECCIÓN: 4 
ACTORES: 5 
MÚSICA: 4 
MEDIA: 3,8

lunes, 12 de diciembre de 2011

Ernest Borgnine

Actor estadounidense (Connecticut 1917) nacido en el seno de una familia de emigrantes italianos cuyo verdadero nombre es Ermes Effron Borgnino que cuenta con una dilatada carrera (más de doscientas apariciones entre el cine y la televisión en sesenta años). 

Relegado por lo general a papeles secundarios o, en el mejor de los casos, a coprotagonista, es un claro ejemplo de aquellos actores irrepetibles que, con tan sólo su personalidad, hacían creíble a cualquier personaje que interpretaban. Así, debido a su físico rotundo y mirada amenazante fue inicialmente encasillado en papeles negativos que, en muchas ocasiones, destilaban actitudes sádicas, pero gracias a su versatilidad superó este tipo de papeles para ofrecernos otros cargados de emotividad y sensibilidad. 

Tras pasar por la armada (se enroló en 1935 y combatió en la II Guerra Mundial) se inscribe en la Escuela Randall de Arte Dramático y sus primeros pasos en el teatro los da en Virginia, para debutar en Broadway con la obra “Harvey”. 

En 1951 hace su primera aparición en el cine (ese año rodaría tres filmes) y en televisión en la serie “El capitán Vídeo y los guardianes del universo”, pero no es hasta 1953 cuando le ofrecen un papel a su medida que sirvió para que Hollywood se fijara en él. Así, bajo las órdenes de Fred Zinemann daría vida al sádico sargento “Fatso” Judson que protagonizaba un enfrentamiento mortal con Montgomery Clift justo antes del ataque a Pearl Harbour en la magnífica superproducción “De aquí a la eternidad”, película que contó con un gran reparto encabezado por Burt Lancaster, Deborah Kerr, Donna Reed y Frank Sinatra. A ésta le siguieron sus apariciones en largometrajes, la mayoría westerns, tan destacados como la maravillosa “Johnny Guitar” dirigida en 1954 por Nicholas Ray, “Veracruz” realizada ese mismo año por Robert Aldrich (director con el que trabajaría asiduamente) protagonizada por Gary Cooper y, de nuevo, Burt Lancaster, o “Conspiración de silencio” un soberbio alegato antirracista filmado por John Sturges en 1955 con unos impecables Spencer Tracy y Robert Ryan, en el que coincidió con Lee Marvin, otro duro con el que se emparejaría en varias ocasiones. Ese mismo año asombra a la crítica con su interpretación llena de sensibilidad del bondadoso carnicero Marty en la película homónima por la que obtuvo el Oscar al mejor actor. Esta película le dio la oportunidad de interpretar a personajes positivos en westerns como “Jubal” (1956) y “Arizona, prisión federal”, ambos dirigidos por el especialista Delmer Daves o la modélica película de aventuras “Los vikingos” (1958) de Richard Fleischer con Kirk Douglas, que también la produjo a través de su Brynna, y la pareja de moda Tony Curtis-Janet Leigh. 

Con la llegada de la década siguiente participará en grandes superproducciones con amplios repartos como “Barrabás” (1961) de, otra vez, Richard Fleischer y protagonizada por Anthony Quinn, “El vuelo del Fénix” (1965) de nuevo con Robert Aldrich, que contó con un gran e internacional reparto masculino encabezado por James Stewart, el estupendo y exitoso film bélico también dirigido por Robert Aldrich “Doce del patíbulo” con Lee Marvin convertido en estrella o el drama bélico “Estación Polar Cebra” (1968) de John Sturges protagonizado por Rock Hudson. Además protagonizará la serie “Barco a la vista” de la que se emitieron 138 episodios entre 1962 y 1968. Pero, sin duda, su mejor papel de esta década fue el de Dutch, el leal compañero de Pike, interpretado por William Holden, en uno de los westerns más violento, y al mismo tiempo lírico y hermoso, jamás realizado, “Grupo salvaje” (1969) la obra maestra de Sam Peckinpah. 

Es en ese mismo año cuando toma contacto con el western hecho en Europa en la interesante “Los desesperados” (Julio Busch), para aparecer en tres euro westerns más. 

A partir de los años setenta, a pesar de trabajar regularmente aumentando sus apariciones en televisión, el interés de su filmografía decrece de forma notable, destacando sus papeles de teniente de policía en la notable película de catástrofes “La aventura del Poseidón” (1972) dirigida por Ronald Neame y protagonizada por Gene Hackman, el de violento maquinista que persigue incansablemente a un vagabundo, interpretado por Lee Marvin, durante la Gran Depresión en “El emperador del Norte” (Robert Aldrich, 1973), el de cruel padre de Tom Canty en la adaptación que en 1977 hizo Richard Fleischer de la novela de Mark Twain “El príncipe y el mendigo”, el de taxista en una Nueva York controlada por los delincuentes en la fantasía futurista de John Carpenter “1997: rescate en Nueva York” (1981) o el de un anciano cansado de vivir en la depresiva “Another harvest moon” (2004). 

En la actualidad, con noventa y cuatro años, sigue en activo habiendo participado en dos filmes en 2011, la película de animación “The lion of Judah” y la comedia “Snatched”. 

ACTUALIZACIÓN: El 10 de julio del 2012 moría en Los Angeles a la edad de 95 años.

Filmografía SW


1969.- Los desesperados 
1971.- Hannie Caulder 
1971.- Miguel Pro
2004.- Blueberry

lunes, 5 de diciembre de 2011

EL PISTOLERO QUE ODIABA LA MUERTE

El pistolero que odiaba la muerte (Il pistolero segnato da Dio)
1968
Italia
Director: Giorgio Ferroni
Reparto:  Anthony Steffen, Richard Wyler, Luisa Baratto, Giovanni Cianfriglia, Gia Sandri, Andrea Bosic, Nello Pazzafini, Massimo Righi, Tom Felleghy, Marco Stefanelli, Benito Stefanelli, Furio Meniconi, Fedele Gentile, Ennio Balbo, Rina Franchetti, Ugo Adinolfi, Valentino Macchi, Riccardo Pizzuti, Lucio De Santis, Luigi Marturano, Enrico Chiappafreddo, Sal Borgese, Bruno Boschetti, Pietro Ceccarelli, Luigi Ciavarro, Paolo Magalotti, Renzo Pevarello, Mimmo Poli, Romano Puppo, Franco Ukmar
Guión: Augusto Finocchi, Giorgio Ferromi, Remigio Del Grosso
Fotografía: Sandro Mancori
Música: Carlo Rustichelli

Producción italiana de 1968, es decir en pleno apogeo del spaghetti western tanto por la cantidad de euro westerns rodados (en torno a los noventa) como por la calidad de los mismos (ese año se filmaron spaghettis capitales como “Salario para matar”, “El gran silencio” o “Tepepa”, todos ellos con sus correspondientes reseñas en este blog), realizado por Giorgio Ferroni, un veterano director (sus primeras películas datan de los años treinta) bastante interesante pero, a mi entender, poco valorado quizás por el hecho de que los westerns que rodó a mediados de la década de los sesenta bajo el seudónimo de Calvin J. Padget están más cercanos al espíritu y al lenguaje del western clásico norteamericano que a los postulados e innovaciones “sergioleonianas”. De esta forma, en su "Trilogía Gary" protagonizada por Giuliano Gemma nos vamos a encontrar al típico héroe, que carece de la ambigüedad moral de los antihéroes europeos, enfrentado a una situación que, en principio, lo supera y pone en cuestión su integridad moral y su honorabilidad. Así, en “Un dólar agujereado” (1966) Gary O’Hara es un ex confederado que tan sólo busca reinsertarse en la sociedad con un trabajo digno pero se verá involuntariamente involucrado en un complot cuyo objetivo es acabar con su hermano; en “El hombre del Sur” (1966), una especie de adaptación al lejano Oeste de la obra de Julio Verne “Miguel Strogoff, el correo del zar” que quizás es su western más flojo, Gary Diamond, un teniente confederado en las postrimerías de la Guerra de Secesión, acepta embarcarse en una misión llevando un mensaje de vital importancia para evitar una masacre lo que supone en principio traicionar a su propio bando; y, por último, en “Wanted…no soy un asesino” (1967) Gary Ryan es un honrado sheriff enfrentado a una conspiración que le señala falsamente como un asesino.



SINOPSIS: Gary McQuade, apodado Huracán West, es la gran atracción de un circo ambulante por su habilidad con los colts; además del ídolo de Tony, un muchacho que perdió a sus padres en las luchas entre colonos y ganaderos en Montana durante la década de los ochenta en el siglo XIX. Incapaz, debido a un trauma infantil, de utilizar la violencia, es humillado por un pistolero local, por lo que abandonará el circo y buscará refugio en la bebida, en un proceso de degradación moral y física del que sólo se sobrepondrá con el secuestro de Tony.


La película cuenta con un guión en el que participaron, además del propio Ferroni, dos escritores habituales en sus westerns (Remigio del Groso y Augusto Finochi) más elaborado de lo habitual en este subgénero, en el que se relata una historia amarga y sombría tratándose temas fundamentales como el sentimiento de culpa (Gary vive traumatizado por un acontecimiento que le marcó en el pasado al provocar involuntariamente una estampida en la que murió su hermano. Así, señalará “¿Sabes qué es esto? Una cicatriz que llevo en el alma” mientras enseña la antigua herida que le hizo su padre por haber provocado la estampida) o el de la redención, ya que, a través del secuestro de Tony, el personaje de Gary tendrá la oportunidad de por fin superar su traumático pasado y de liberarse de los fantasmas que le atenazan ante situaciones violentas. Además de contar con unos personajes inusualmente bien perfilados y, en el caso del protagonista, con una mayor complejidad psicológica de lo que era habitual en este subgénero.


El guión, estructurado en tres partes, desarrolla dos arcos argumentales que confluyen hábilmente en el último tercio de la película. Así, en una intensa y breve introducción vemos como la familia de Tony es masacrada por los hombres de Coleman, un poderoso ganadero; para en la parte central, el filme centrarse en la figura de Gary, su amistad con Tony y su posterior proceso de degradación al haber quedado como un cobarde entre su propia gente y, lo más importante, ante sí mismo; mientras que en el último tercio, Tony es secuestrado por los hombres del pistolero que humilló a Gary con el objeto de apropiarse de los 30.000 dólares que su padre escondió antes de morir, con lo que al intervenir Gary no sólo vengará a los padres de Tony sino que se rehabilitará moralmente. 


Por lo que respecta a la dirección de Giorgio Ferroni, se aleja de los excesos y tics típicos del spaghetti para, con un lenguaje más clásico y un ritmo pausado, centrarse en el drama que vive Gary, obligado a llevar una vida impostada. Pero esto no quiere decir que la película carezca de la violencia y de las escenas de acción propias de este subgénero con las típicas peleas en el saloon que queda destrozado, dos largas y estupendas secuencias de tiroteos que sirven de apertura y cierre al film (sobre todo la última está muy bien rodada y en ella, como un claro antecedente del filme ya comentado en este blog “La colina de las botas” pero sin el, para mí, molesto tono cómico de ésta, cobran gran importancia los miembros del circo con sus respectivas habilidades), la usual paliza al héroe e, incluso, una poco frecuente escena en la que se tortura al niño; aunque, a diferencia de la mayoría de los spaghettis, todas ellas están al servicio de la historia contada y bien integradas en la narración. 


Lástima que la versión que he visto de este sugerente western esté masacrada (apenas dura 75 minutos frente a la hora media de su metraje original) con lo que el desarrollo de la historia se resiente, apreciándose tanto la falta de planos explicativos como de escenas enteras. 


En cuanto a la banda sonora, es obra de Carlo Rustichelli que en esta ocasión compuso un tema principal totalmente descontextualizado al ser más apropiado para un “peplum” que para un western. También suena otro, a semejanza de las marchas militares con el que se identifica a la troupe circense, mucho más acertado. 



Sobre los actores, Anthony Steffen, hijo del piloto de fórmula 1 Manoel De Teffe, que se convertiría en uno de los iconos de este subgénero con más de veinticinco westerns rodados en once años, hace una inusual, por estupenda, composición como el atormentado y cobarde Gary al que llegan a tratar como a “un payaso de feria”. Es, sin duda, uno de los mejores trabajos que le he visto, demostrando que no sólo era capaz de responder magníficamente en las escenas de acción sino que podía salir airoso, a pesar de sus limitaciones, ante papeles con una fuerte carga dramática. Enfrentados a él dos personajes negativos bien interpretados por sus respectivos actores; por una parte nos encontramos con Richard Wyler, un actor británico que tras probar suerte en EEUU volvió a Europa, en un rol, como un ambicioso ganadero llamado Coleman, muy diferente al de su debut en este género en la indispensable “El precio de un hombre” (spaghetti ya comentado en este blog); y por otra, con un magnífico Giovanni Cianfriglia, alias Ken Wood, que ya había trabajado junto a Steffen en la estimable y también comentada en este blog “Huracán sobre Méjico”, como un frío pistolero mano derecha de Coleman. El resto del reparto se compone de rostros habituales de este subgénero como una poco aprovechada Luisa Baratto bajo su seudónimo de Liz Barrat, en el papel de una compañera de circo enamorada del personaje interpretado por Steffen, con el que también había coincidido en “Huracán sobre Méjico”; Nello Pazzafini en un inusual rol positivo al encarnar al director del circo o el esloveno Andrea Bosic como el padre de Tony. Mención aparte creo que hay que hacer del niño Marco Stefanelli (hijo de Benito Stefanelli, un doble y maestro de armas reconvertido en actor al que hemos podido ver, entre otras, en “El día de la ira” o “La muerte de un presidente” y con, también, un pequeño papel en esta película) que está perfecto encarnando a Tony. 


En definitiva, un curioso e interesante euro western bastante desconocido que, creo, merece ser rescatado del olvido. 


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 7
AMBIENTACIÓN: 6 
DIRECCIÓN: 6 
ACTORES: 7 
MÚSICA: 5 

MEDIA: 6,2

viernes, 2 de diciembre de 2011

EL FORASTERO SILENCIOSO

El forastero silencioso (Lo straniero di silenzio) 
1969
Italia/Usa/Japón
Director: Luigi Vanzi
Reparto: Tony Anthony, Lloyd Battista, Kin Omae, Rita Maura, Sato Kanji Ohara, Raf Baldassarre, Yoshio Nukano, William Conroy
Guión: Vincenzo Cerami, Giancarlo Ferrando, Lloyd Battista, Tony Anthony
Fotografía: Mario Capriotti
Música: Stelvio Cipriani


La película, una coproducción italo-japonesa-estadounidense filmada en 1969 (otras fuentes la datan un año antes) aunque, por diversos problemas legales con la distribuidora (la poderosa Metro Goldwyn Mayer), su estreno se demoró hasta mediados de la década siguiente (1974, 1975 o 1977 según las fuentes consultadas), constituye un claro antecedente, junto a “Sol rojo” (largometraje, ya comentado en este blog, dirigido en 1971 por el bondiano Terence Young), de la corriente surgida a mediados de la década de los setenta consistente en fusionar el spaghetti western con el cine de artes marciales, que contó con numerosos ejemplos como “Mi nombre es Shangai Joe” (1973), “La ley del kárate en el Oeste” (1973), ”El kárate, el colt y el impostor” (1974) o “El regreso de Shangai Joe” (1975); ya que en esta tercera y última entrega de las aventuras de "El Extranjero" en la que volvieron a colaborar el actor, guionista y productor Tony Anthony y el director Luigi Vanzi, los guionistas situaron a nuestro protagonista en Japón tras la Restauración Meiji que puso fin al Shogunato.



Asimismo, al desarrollarse la acción de la película en la tierra de Kurosawa, la trilogía sobre El Extranjero tuvo un final, no sé si buscado, bastante coherente al volver al origen y cerrar el círculo tanto de esta trilogía como de la del dólar. En este sentido, cabe recordar que Tony Anthony, para la creación de su extranjero, tomó como modelo al hombre sin nombre concebido por Leone-Eastwood en “Por un puñado de dólares”, película que, a su vez, se basó en el filme “Yojimbo” (1961) del maestro japonés. 


Además, este largometraje no sólo puso punto final al primer tríptico sobre este personaje sino que sirvió de puente para una nueva saga, en este caso inconclusa, en la que, al parecer, “El Extranjero” viajaría a través del tiempo a diferentes lugares. Saga de la que solamente se llegó a filmar la disparatada y surrealista “Get mean” (filme de 1976 dirigido por Ferdinando Baldi, también comentado en este blog) con nuestro antihéroe en una España medieval habitada por bandoleros a lo Curro Jiménez e invadida por musulmanes y…vikingos. 


SINOPSIS: Nos encontramos en la región de Klondike al noroeste de Canadá en 1884. Antes de morir, un japonés, al que perseguían unos pistoleros y recibió la ayuda de “El Extranjero”, le entrega a éste un pergamino por el que su legítimo dueño ha ofrecido 20.000 dólares. “El Extranjero”, sin dudarlo, embarcará junto a su fiel caballo hacia Japón, en donde vivirá numerosas aventuras y deberá superar innumerables obstáculos, incluidos la barrera idiomática, las diferencias culturales y el enfrentamiento entre dos clanes rivales. 



Esta tercera parte es fiel tanto a las dos primeras como a su modelo. Así el motor de la película es un tesoro (aquí el pergamino por el que ofrecen 20.000 dólares, mientras que en las otras eran, respectivamente, un botín custodiado por el ejército nordista y una diligencia cubierta de oro), el antihéroe sufrirá una violenta paliza mostrando su lado más vulnerable (en ésta incluso es zarandeado, golpeado y arrojado, a modo de escarnio, sucesivamente contra unos cerdos y a un charco), en el tramo final se enfrentará a sus enemigos con una especie de escopeta y se vuelve, como en la primera, a reducir el diálogo al mínimo (aquí además no se traduce a los japoneses con lo que se consigue el efecto de que el espectador se identifique con el protagonista y sus problemas para comunicarse). Mientras que como su modelo, “Por un puñado de dólares”, “El Extranjero” en Kosaka se va a encontrar con dos clanes enfrentados por el control del pueblo a los que servirá sucesivamente con el objeto de enriquecerse. Además, como ocurriría en sus próximos proyectos como “El justiciero ciego” o “Get mean” en los que Luigi Vanzi sería sustituido por el veterano Ferdinando Baldi (“Adiós Gringo”, “El clan de los ahorcados”, “Tierra de gigantes”, todas ellas ya reseñadas) en la dirección, se incrementan las situaciones cómicas y, como si fuese un sello característico de su cine, se ruedan planos en los que Anthony se dirige a la cámara para formular una máxima entre grotesca e irónica. En esta por ejemplo, una vez que acaba con los bandidos en la introducción, comenta a la cámara: “Hay un problema, que todos queremos tener algo por nada”


Como aspectos positivos, aparte de la idea novedosa de enfrentar a un pistolero con el mundo oriental, nos encontramos con la gran labor de ambientación, con un Japón permanentemente lluvioso, beneficiada por un presupuesto bastante holgado para este tipo de largometrajes (en la producción participó Anthony y, de nuevo, Allen Klein); y la banda sonora de la que otra vez se encargó Stelvio Cipriani, quien compuso un gran y acertado tema principal a caballo entre los de aventuras y los westerns. 


Pero, a pesar de estos aspectos positivos y de un comienzo muy prometedor, creo que el largometraje no termina de funcionar por el guión, en el que también intervino Tony Anthony junto a su antagonista en el largometraje Lloyd Battista y Vicenzo Cerami (“El desesperado”, “Tierra de gigantes”, “El justiciero ciego”), y por la dirección de Luigi Vanzi; así la película carece de una mínima progresión dramática y de una línea argumental clara, proliferando escenas que poco aportan a la historia, como aquella de la sauna, con una estética más propia del cine gótico, en la que dos japonesas, como si fueran dos vampiras de un filme de la Hammer, pretenden acabar con el protagonista; con lo que el resultado es un largometraje confuso, deslavazado e inconexo con continuos saltos en la narración, resultado en el que no sé si influyó decisivamente el hecho de que la versión que nos ha llegado no es la integra concebida por Anthony al haber sufrido, por lo que he leído, numerosos cortes. 


Por lo que respecta a los actores, de nuevo nos encontramos a Tony Anthony dando vida a esta especie de remedo paródico del hombre sin nombre, mostrándose en esta tercera entrega más irónico que de costumbre. Interpretando a su enemigo principal y en el único papel importante reservado a un occidental aparece Lloyd Battista (actor norteamericano que ha desarrollado su carrera básicamente en televisión aunque llegó a cabalgar junto a John Wayne en Chisum y seria fundamental, como interprete y guionista, en los siguientes proyectos de Anthony como las mencionadas “El justiciero ciego” y “Get mean” o “Yendo hacia ti” curioso western en 3D y “El tesoro de las cuatro coronas”, ambos también dirigidos por Baldi) que interpreta de forma excesiva a un mercenario americano al servicio de uno de los clanes enfrentados, propietario de una ametralladora (clara alusión a la primera película de la trilogía y al modelo de Leone) y que presenta como peculiaridad la necesidad de usar gafas. También figura en los títulos de crédito el indispensable Raf Baldasarre en una pequeña colaboración, aunque no le distinguí. El resto, lógicamente, son actores japoneses desconocidos para mí y con una marcada tendencia al histrionismo. 



En definitiva, una interesante idea que, aunque contó con un presupuesto aceptable para ponerla en pie, creo se malogró tanto por un guión como por una dirección que no supieron desarrollarla adecuadamente. 


PUNTUACIÓN:

HISTORIA: 4 
AMBIENTACIÓN: 7 
DIRECCIÓN: 3 
ACTORES: 4 
MÚSICA: 6
MEDIA: 4,8

jueves, 1 de diciembre de 2011

La biblia del western

Una nueva web sobre el spaghetti y el western ha nacido.
Se trata de "La Biblia del western", y su peculiaridad es que en ella podremos encontrar, en visionado directo desde youtube, algunas películas que tanto nos gustan.
Esperemos que todo le vaya bien en esta genial idea de acercar aún más el spaghetti y el western a todos.
Podeis pasaros por ella pinchando AQUI.